sábado, 27 de abril de 2013

Predica en Audio: "Las ovejitas de Dios"


Tesoros de David, Salmos 49 de Charles Spungeon



SALMO 49

Vers. 2. Así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente. Nuestra predicación debería tener una voz que hablara a todas las clases, y todos deberían tener oído para ella.

Acomodar nuestra palabra a los ricos sólo sería una adulación vergonzosa, y dirigirnos sólo a los pobres para agradarles es hacer la obra de un demagogo. La verdad puede ser dicha de tal forma que tenga poder para todos, y el sabio procura conseguir este estilo aceptable. Ricos y pobres pronto han de hallarse en la tumba; pueden estar contentos encontrándose ya ahora. En la congregación de los muertos serán abolidas todas las diferencias de rango; no debería haber ahora impedimentos para recibir instrucción conjunta.

Vers. 3. Y la meditación de mi corazón [hablará], inteligencia. El mismo Espíritu que hacia a los antiguos videntes elocuentes los hacía también reflexivos. La ayuda del Espíritu Santo nunca fue para reemplazar el uso de nuestras propias potencias mentales. El Espíritu Santo no nos hace hablar como el asno de Balaam, que meramente emitía sonidos pero no meditaba; sino que primero nos lleva a considerar y reflexionar, y luego nos da la lengua de fuego para hablar con poder.

Vers. 5. ¿Por qué he de temer en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis opresores me rodee? El hombre de Dios mira hacia adelante con calma a los tiempos duros en que los males que le han pisado los talones conseguirán una ventaja temporal sobre él. Hombres inicuos, aquí llamados en forma abstracta iniquidad, están al acecho de los justos como serpientes que buscan el talón del caminante. C. H. S.

Vers. 6. Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan. ¿Quién llama con aldabonazos más fuertes a la puerta del cielo para que se le deje entrar que aquellos a quienes Cristo rechazará como obreros de iniquidad? ¡Oh, qué desengaño será! Calígula nunca se puso más en ridículo que cuando se hizo honrar como un Dios, pese a que vivía como un demonio. Antes que otros os tomen por cristianos, por amor de Dios, probad que sois hombres y no bestias, no como ahora que vivís vidas de brutos. No habléis de vuestras esperanzas de salvación en tanto que las marcas de la condenación se vean en vuestras vidas depravadas.

Un fraile estaba predicando en Roma una cuaresma, y mostró que poseía un juicio muy sano en este punto, porque estando algunos cardenales y muchos otros grandes presentes, empezó su sermón diciendo abruptamente y con ironía: «San Pedro era un necio, san Pablo era un necio, y todos los cristianos primitivos eran necios; porque pensaban que el camino del cielo era el de las oraciones, lágrimas, ayunos y vigilias, mortificaciones severas, y negarse la pompa y gloria de este mundo; en tanto que vosotros, aquí en Roma, pasáis el tiempo en bailes y máscaras, vivís en pompa y orgullo, concupiscencia y lascivia, y, con todo, os tenéis por buenos cristianos y esperáis ser salvos; pero al final vais a demostrar que los necios sois vosotros, y ellos hallarán que eran sabios.» William Gurnall en un sermón funerario para Lady Mary Vere

Vers. 7. Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano. Con todas sus riquezas, todos ellos puestos juntos no podrán rescatar a un camarada de las garras de la muerte. Se jactan
de lo que harán con nosotros; que procuren por ellos. Que pesen su oro en las balanzas de la muerte, y vean cuántos gusanos y podredumbre pueden comprar con él para su tumba. C. H. S.

Vers. 8. Porque el rescate de su vida es demasiado caro, y nunca le bastará. En este juicio las lágrimas no prevalecerán, las oraciones no serán escuchadas, las promesas no serán admitidas, los arrepentimientos vendrán demasiado tarde, y en cuanto a las  riquezas, títulos honoríficos, cetros y diademas no les servirán de mucho. Thomas Tymme

Vers. 9. No hay precio que pueda asegurar a nadie que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción. Los hombres se desviven en busca de oro; ¿qué harían si fuera el elixir de la inmortalidad? El oro es pagado en abundancia para engañar al gusano del pobre cuerpo al embalsamarlo o al incluirlo en un ataúd de plomo, pero es un negocio miserable, una farsa y una burla. En cuanto al alma, es algo demasiado sutil para ser detenida aquí cuando oye la orden divina de ascender por rutas desconocidas. Nunca, pues, temeremos a aquellos que nos muerden los talones y se jactan de tesoros que son impotentes para salvar.

Vers. 10. Que perecen del mismo modo que el insensato y el necio. La locura no inmuniza contra la muerte. Mueren el juglar que piruetea y el bufón que divierte, como también el erudito y el
estudioso. La alegría no puede burlarse de la hora de la muerte; la muerte que visita la universidad no exime a la taberna.

Vers. 11. Su íntimo pensamiento es que sus casas serán eternas, y sus habitaciones para generación y generación. Es muy necio el que en su pensamiento es más necio de lo que se permite al hablar. Este fruto podrido, podrido en su centro, son los mundanos. En lo profundo de su corazón, aunque no se atreven a decirlo, se imaginan que los bienes terrenales son reales y duraderos. ¡Soñadores insensatos! La ruina de sus castillos y palacios debería enseñarles una
lección, pero todavía acarician el engaño. No pueden distinguir el espejismo, de las verdaderas corrientes de agua; se imaginan que hay arco iris en el establo, y que las nubes son las colinas eternas. C.H.S.

¡Cristianos!, muchos, como oradores, declaman contra la vanidad de la criatura, y hablan de modo despectivo del dinero, como hacen Otros, y dicen: «Sabemos que es un poco de tierra refinada»; pero en sus corazones están apegados al mismo, se resisten a separarse de él por amor a Dios o ante la voluntad declarada de Dios. Así como el que dice buenas palabras de Dios no significa que confía en Dios, el hablar malas palabras de las riquezas del mundo no los exime de
confiar en ellas. Hay una diferencia entre declamar como un orador y actuar como un cristiano. Thomas Manton

Dan sus nombres a sus tierras. Es bastante común esta práctica. Sus terrenos son indicados por sus nombres; es como silos escribieran sobre el agua. Los hombres incluso han llamado países según sus propios nombres, pero, ¿de qué les sirve este cumplimiento, aun en el caso de que los demás persistan llamándolos así?

Vers. 12. Mas el hombre no permanecerá en su opulencia. No es sino un huésped o inquilino durante una hora, ni siquiera toda una noche; aunque viva en salas de mármol, se le da noticia de salir. La eminencia es siempre una inminencia de peligro. El héroe del momento dura esto: un momento. Los cetros caen de las manos paralizadas que un tiempo los retenían con vigor, y las coronas resbalan de los cráneos cuando la vida se despide. C. H. S.

Los rabinos lo leen así: «Adán, siendo honrado, se alojó menos de una noche.» La palabra hebrea «permanecer» significa «alojarse toda la noche». Adán, pues, al parecer, no estuvo ni una sola
noche alojado en el Paraíso. Thomas Watson

Es semejante a las bestias que perecen. No es como las ovejas que son preservadas por el Gran Pastor, sino como el animal cazado condenado a morir. Vive la vida del bruto y muere la muerte del bruto. Nadando en las riquezas, saciado de placer, ha engordado para la matanza, muere como el buey en el matadero. ¡Ay!, que una criatura tan noble use su vida de modo indigno y termine de modo tan desventurado y vergonzoso. Por lo que se refiere a este mundo, ¿en qué forma difiere la muerte de muchos hombres de la de un perro? Se hunden En el polvo vil de donde procedieron, Sin que nadie los llore, honre o cante.

¿Qué razón hay, pues, para que los piadosos teman cuando estas bestias brutas naturales los asaltan? ¿No deberían seguir poseyendo sus almas en paciencia? C. H. S.

Vers. 13. Éste su camino es locura. La locura del hombre raramente se ve más que en el afanarse por nada, en hacer un gran ruido cuando hay muy pocas nueces, como el bobalicón que se presentó a Alejandro jactándose de que podía hacer pasar un guisante por un agujero muy pequeño desde cierta distancia destreza que le había costado muchas horas de prácticas, y pensaba que recibiría una gran recompensa; pero el rey le regaló una canasta de guisantes,
recompensa apropiada a su diligente negligencia u ociosa actividad. George Swinnock

Vers. 14. La muerte los pastorea. La muerte, como un pastor torvo y ceñudo los guía, y los lleva al lugar de sus pastos eternos, donde todo es soledad y miseria.

Las rectos dominarán sobre ellos. Por la mañana... Los rectos se hallaban antes a la cola, pero por la mañana se hallarán a la cabeza. Los pecadores rigen al caer la noche; sus honores se marchitan y por la mañana la posición de ellos está invertida. La reflexión más dulce del justo es que «por la mañana» aquí significa el comienzo de un día interminable, inmutable. C. H. S.
Su hermosura se consume, y el Seol será su morada. ¿Dónde se halla su pompa, su delicadeza, su belleza? Todas estas cosas se han desvanecido como el humo, y ahora no queda nada sino polvo, horror y peste. El alma, habiéndose soltado, yace sobre el suelo, no un ser humano, sino un cadáver sin vida, sin sentido, sin fuerza y horrible a la vista, si es que se puede mirar. Thomas Tymme

¡Ah!, la tristeza, el montón de ruinas confuso de la humanidad, ¡qué terrible carnicería se hace de la raza humana! Y ¡qué solemne y terrible escena, cubierta de los restos desordenados de sus compañeros, se presenta en sus mentes! ¡Allí yacen los huesos del monarca orgulloso, que se tenía casi por un dios, mezclados con las cenizas de sus súbditos más pobres! La muerte se apoderó de él en la cumbre de su vanidad; estaba regresando de una conquista, su mente altanera hinchada por el poder y la grandeza, cuando una de las flechas fatales le tocó el corazón y en un instante dio al traste con sus pensamientos e intrigas; el sueño de gloria se desvaneció, y todo su
imperio quedó confinado a la tumba.

Allí hay un cuerpo al que se prodigaban cuidados, y cuya hermosura y forma eran admiradas neciamente, ahora podrido; nada sino gusanos le acompañan; éste es el cambio que ha traído la muerte. Mira, después, las cenizas oscuras y anónimas de un rico, un codicioso, un avaro cuya alma estaba pegada a este mundo y abrazada a sus tesoros; ¡con qué convulsiones y agonías la muerte le arrancó de esta tierra! ¡Cómo se agarraban sus dedos al oro! ¡Con qué vehemencia hundía sus manos en la plata, indiferente a su desespero! William Dunlop

Vers. 15. Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol. De nuestro lugar temporal de descanso saldremos a su debido tiempo avivados por la energía divina. Como nuestra Cabeza resurrecta, no podemos ser retenidos por los lazos de la tumba; la redención nos ha emancipado de la esclavitud de la muerte. El hombre no puede hallar redención en las riquezas, pero Dios la ha hallado en la sangre de su querido Hijo. C. H. S.

Porque El me tomará consigo. Este medio versículo, bien corto, como hace notar Boncher, pesa más por su misma brevedad. La misma expresión ocurre de nuevo (73:24): «Tú me tomarás»,
siendo el original de los dos, Génesis 5:24, en que se dice del traslado de Enoc: «Y no se halló porque Dios se lo había llevado.» J. J. Stewart Perowne

Vers. 16. No temas cuando se enriquece alguno. No te preocupes cuando ves al impío que prospera. No hagas preguntas sobre la justicia divina; que ningún presentimiento nuble tu mente.
La prosperidad temporal es de tan poco valor que no vale la pena preocuparse por ella; que los perros roan sus huesos, y los cerdos hurguen.

Cuando aumenta la gloria de su casa. Aunque el pecador y su familia son objeto de gran estima, y su posición es muy elevada, no importa; todas las cosas serán puestas en su lugar a su debido tiempo. Sólo aquellos cuyo juicio es sin valor van a estimar a los hombres más a causa de la extensión de sus tierras; los que son estimados por razones tan faltas de razón, van a hallar su nivel antes de poco, cuando la verdad y la justicia pasen a primera fila.

Vers. 17. Porque cuando muera no se llevará nada. Sólo tiene sus tierras en arriendo, y la muerte termina el plazo del mismo. El hombre tiene que atravesar el río de la muerte desnudo. Ni un
harapo como vestido, ni una moneda de todo su tesoro, ni una pizca de su honor puede el mundano llevarse consigo al morir. ¿Por qué, pues, angustiarse por una prosperidad tan pasajera? C. H. S.

Los ricos son como las piedras del granizo; hacen mucho ruido en el mundo, como el tableteo del granizo al caer sobre las tejas de la casa; caen, se quedan sobre el suelo y se derriten. La vida del hombre es como las riberas de un río, su estado temporal es la corriente; el tiempo erosiona las riberas, pero la corriente no cesa, sigue abajo, sin cesar. Thomas Adams

Su gloria no desciende tras él. Al descender, abajo, más abajo siempre, ninguno de sus honores o posesiones le sigue. Las patentes de nobleza son papel mojado en el sepulcro. Su señorío, su honor, su gracia, todo ello son títulos ridículos en la tumba. El infierno no sabe nada de la aristocracia. Los pecadores delicados y melindrosos hallarán que las llamas eternas no respetan sus afectaciones y refinamientos. C. H. S.

La muerte agarra al pecador por el cuello y «le arrastra escaleras abajo a la tumba». La indulgencia de alguna tendencia pecaminosa tiene esta propensión al descenso, que es mortal.

Toda concupiscencia, sea por las riquezas, los honores, los juegos, el vino o las mujeres, guía al engañado y desgraciado adicto, paso a paso, a las cámaras de la muerte. No hay esperanza en la perspectiva temida: la tribulación y la angustia se apoderan del espíritu. ¿Has escapado, alma mía, de la red del infernal cazador? No olvides que es un carbón encendido arrancado del fuego.
¡Oh, qué deudores somos a la gracia! George Offor

Vers. 18. Aunque mientras viva, llame dichosa a su alma. Se considera feliz. Tiene las buenas cosas de esta vida. Su objetivo principal es bendecirse a sí mismo. Estaba cargado de la adulación de los halagadores.

Los hombres te alabarán cuando las cosas te van bien. La generalidad de los hombres da culto al éxito, no importa cómo se consiga. No importa el color del caballo que gana; basta con que gane.

«Cuida el número uno» es la filosofía del mundo proverbial, y el que presta atención a él es «listo», «un hombre de negocios capaz», «un individuo astuto y con sentido común», eté. El banquero se pudre como el limpiabotas, y el noble como el pobre. ¡Ay!, pobres riquezas, que son los colores del arco iris en una burbuja, el arrebol de la niebla matutina, sin sustancia alguna.

Así termina el canto del poeta. El tema es consolador para el justo; lleno de advertencia al mundano. Escucha, oh rico. Escucha, oh pobre. Prestad vuestro oído al mismo, vosotras naciones de la tierra. C. H. S.

Comentario Biblico de Matthew Henry, Genésis 32


Salmos 32
Versículos 1—8. La visión de Jacob en Mahanaim—Su miedo de Esaú. 
9—23. La ferviente oración de Jacob por liberación—Prepara un regalo para Esaú. 
24—32. Lucha con el Ángel.

Vv. 1—8. Los ángeles de Dios se aparecieron a Jacob para darle ánimo con la seguridad de la protección divina. Cuando Dios somete a su pueblo a grandes pruebas, los prepara por medio de grandes consolaciones. 
—Mientras Jacob, a quien pertenecía la promesa, estuvo trabajando con ardor, Esaú había llegado a ser un príncipe. Jacob mandó un mensaje demostrando que no insistía en la primogenitura. 
La mansedumbre hará cesar las grandes ofensas, Eclesiastés 10. 4. No debemos negarnos a hablar con respeto aun a quienes están enojados injustamente con nosotros. Jacob recibió un informe de los preparativos bélicos de Esaú contra él, y tuvo mucho miedo. 
El sentido vívido de peligro y el miedo vivificador que de él surge, pueden hallarse unidos con la humilde confianza en el poder y la promesa de Dios.

Vv. 9—23. Los tiempos de terror deben ser tiempo de oración: sea lo que sea que cause el temor, debe ponernos de rodillas ante nuestro Dios. Jacob había visto recientemente a sus ángeles guardianes pero, en su malestar, recurrió a Dios, no a ellos; él sabía que ellos eran sus consiervos, Apocalipsis 22. 9. No puede haber una pauta mejor que esta para la verdadera oración. Aquí hay un
reconocimiento agradecido de favores anteriores inmerecidos; una humilde confesión de indignidad; una sencilla declaración de sus temores e inquietudes; una referencia plena de todo el asunto al
Señor y el descanso de todas sus esperanzas en Él. Lo mejor que podemos decir a Dios en oración es lo que Él nos ha dicho. 
Así, él hizo del nombre del Señor su torre fuerte y no pudo sino estar a salvo.

El temor de Jacob no le hizo hundirse en la desesperación, ni su oración le hizo presuponer la misericordia de Dios, sin el uso de medios. Dios responde oraciones enseñándonos a ordenar correctamente nuestros asuntos. 
—Jacob envió un regalo para apaciguar a Esaú. No debemos desesperar de reconciliarnos con otros por muy enojados que estén con nosotros.

Vv. 24—32. Un buen rato antes del alba, estando solo, Jacob desplegó más plenamente sus temores orando a Dios. 
Mientras estaba así ocupado, Uno semejante a un hombre luchó con él.
Cuando el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades y casi no hallamos palabras para expresar nuestros deseos más vastos y fervientes, y queremos decir más de lo que podemos expresar,
entonces, la oración lucha, sin duda, con Dios. Por atribulados o descorazonados que estemos, prevaleceremos y, al prevalecer con Él en oración, prevaleceremos contra todos los enemigos que luchan contra nosotros. Nada requiere más vigor y esfuerzo incesante que luchar. Es un emblema del verdadero espíritu de fe y oración. Jacob mantuvo su terreno; aunque la lucha continuó largo rato, esto no remeció su fe, ni silenció su oración. Él tendrá una bendición y prefería que todos sus huesos fueran dislocados antes que irse sin una. Los que quieren tener la bendición de Cristo deben decidirse a no aceptar una negativa. La oración ferviente es la oración eficaz. 
—El Ángel le puso una marca de honor perdurable cambiándole el nombre. Jacob significa usurpador. Desde ahora en adelante será celebrado, no por su astucia y hábil manipulación, sino por el valor verdadero. “Serás llamado Israel”, príncipe de Dios, un nombre más grande que el de los grandes hombres de la tierra.

Indudablemente él es un príncipe, esto es, un príncipe de Dios; son verdaderamente honorables aquellos que son poderosos en oración. Al tener poder con Dios también tendrán poder con los hombres; él prevalecerá y ganará el favor de Esaú. 
—Jacob da un nombre nuevo al lugar. Lo llama Peniel, el rostro de Dios, porque ahí había visto aparecer a Dios y obtuvo el favor de Dios. A quienes Dios honra les corresponde admirar su gracia para con ellos. El Ángel que luchó con Jacob era la segunda Persona de la sagrada Trinidad que, después, fue Dios manifestado en la carne y que, en su naturaleza humana, es llamado Emanuel, Oseas 12. 4-5. —Jacob fue herido en su muslo. Ello podría servirle para evitar que se sintiera superior con la abundancia de las revelaciones. El sol le salió a Jacob; amanece para aquella alma que ha tenido comunión con Dios.

LA PALABRA ES TU SEGURO


LA PALABRA ES TU SEGURO

Iba un sabio caminando cuando se le acercó un hombre y le dijo:
“Te odio, te detesto, ¡ojalá que te pudras!”.

El sabio lo miró y le respondió: “Dios ha contestado tu oración”.
Continuó caminando y otra persona le gritó: “¡Ojalá que te venga una enfermedad y te mueras!”.

Nuevamente, el sabio lo miró y le dijo:
“¿Sabes que a vos también Dios ya te contestó la oración?”.

Al rato, se cruzó con otro hombre que le dijo:
“¡Ojalá que te vaya bien!”, a lo que el sabio contestó: “A vos también Dios te contestó tu oración”. El discípulo le dijo:

–Maestro, no entiendo… a los que te desearon la muerte le dijiste que Dios ya les había contestado la oración, y al que te deseó que te vaya bien, también…

–Sí, porque La Biblia dice que al que te bendiga Dios ya le contestó la oración: va a estar bendecido, y al que te maldiga Dios también le contestó la oración: quedará maldecido.

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Génesis 12:3

Mensaje en audio: "Mirada desde el futuro"


EL TOP 10, DE LAS PREGUNTAS QUE DIOS NUNCA TE HARÁ

EL TOP 10, DE LAS PREGUNTAS
QUE DIOS NUNCA TE HARÁ

1. Dios no te preguntará qué modelo de auto usabas…
Te preguntará a cuántas personas llevaste.

2. Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa…
Te preguntará a cuántos recibiste en ella.

3. Dios no te preguntará la marca de la ropa que usas…
Te preguntará, a cuántos ayudaste a vestirse.

4. Dios no te preguntará cuál era tu sueldo…
Te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.

5. Dios no te preguntará cuál era tu título…
Te preguntará si hiciste tu trabajo, dando lo mejor de tus capacidades.

6. Dios no te preguntará cuántos amigos tenías…
Te preguntará cuántos te consideraban su amigo.

7. Dios no te preguntará en qué lugar vivías…
Te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.

8. Dios no te preguntará el color de tu piel…
Te preguntará si te importó el color de la de los demás.

9. Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en buscarle…
Te dirá lo feliz que está de que lo hayas hecho.

10. Dios no te preguntará que religión profesabas…
Te preguntará, Por qué no le abriste tu corazón.

jueves, 18 de abril de 2013

Los fundamentos de la vida cristiana: "Adopción como hijos"



Adopción como hijos

a) Escrituras clave

Romanos 8:15-18 Gálatas 4:5-7

Romanos 8:23-25 Efesios 1:4-5

b) Introducción

En el corazón del discipulado está la idea de pertenencia. Esto es un compromiso para toda la vida, y la vida del discípulo llega a estar íntimamente involucrada con aquel al que está siguiendo. Existe la idea de elección por ambas partes. El maestro escoge a los discípulos (Juan 15:16), y luego nosotros debemos elegir: o responder y seguirle, o no. Jesús nos ha escogido y su elección exige una respuesta por nuestra parte. Podemos aceptar que nos ha escogido y seguirle a El, o podemos rechazar que nos ha escogido y rechazarle a El. Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador nacemos de nuevo (Juan 3:5-6). Esta imagen del nuevo nacimiento es una analogía muy poderosa porque es exactamente lo que pasa en
términos espirituales cuando venimos a Cristo en fe. Es un nuevo principio: todos los factores negativos antiguos que nos mantenían en esclavitud son vencidos a través del poder del Espíritu Santo, nuestros pecados son perdonados y somos llevados a una nueva relación con Dios (2 Corintios 5:17).

c) Justificación
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1)
Esto es un principio fundamental de salvación. Tiene un significado legal en que estamos situados ante Dios que es juez de un tribunal, y aunque somos hallados culpables por nuestro pecado, somos declarados inocentes por la fe en Jesucristo. La justificación es "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte", porque el castigo que yo debía fue llevado por Cristo Jesús (Romanos 8:1-2)

d) ¿Qué es adopción?
La adopción es una idea de familia presentada en términos de amor, con Dios como Padre. Nuestro pecado nos ha separado de nuestro verdadero Padre en el cielo, pero Dios, en su misericordia y gracia, nos ha acogido otra vez en su familia, un lugar que no merecíamos y que no era nuestro según nuestra naturaleza humana (1 Juan 3:1). Esto es el corazón del discipulado, porque nos recuerda que no seguimos por obligación sino por amor.

Este sentido de pertenecer a la familia de Dios, y el gran privilegio que tenemos al estar unidos con Cristo Jesús, es la fuerza motivadora en nuestra vida por Cristo. Existe una ley en la experiencia cristiana, pero ya no es la letra de la ley que mata, sino el Espíritu que trae vida y poder.

e) El plan de adopción
Esta idea de adopción revela el corazón de nuestro Padre celestial. Planeó hace mucho adoptarnos en Cristo (Efesios 1:4-5). ¡Ninguno de los que hemos nacido en la familia de Dios lo hemos hecho por casualidad! Dios lo tenía en su corazón antes de la fundación del mundo (Salmo 139:13-16; Efesios 2:10). Si nos pudiéramos agarrar plenamente a esto, nos libraría de tantas ataduras a las que estamos sujetos, nos habilitaría para estar de pie en la libertad que pertenece a los que conocen el poder de sus derechos de nacimiento. Nosotros no tomamos linaje de cualquier descendencia humana. ¡Tomamos
nuestro linaje de los propósitos de Dios, en Cristo Jesús, antes de la fundación del mundo! Fuimos escogidos en El. ¡Y es de esta fuente que tomamos todo el poder de nuestra nueva vida en El!

f) El poder de nuestra adopción
Un niño humano adoptado recibe un nuevo nombre. Toma el nombre de sus nuevos padres y también toma todos los privilegios y potencial de su familia nueva. Este también es el caso para nosotros en Cristo (1 Pedro 2:10). En el primer capítulo del evangelio de Juan, éste recalca el hecho de que no somos hijos en la familia de Dios por ningún derecho o poder que tenemos a nivel humano. Nacemos naturalmente fuera de la familia y vida de Dios. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados
de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1:12-13). La Palabra traducida "potestad" es una palabra griega "exousia" la cual significa "autoridad" o "poder". Es una palabra de autoridad inalienable. Este derecho o potestad ha sido ganado para nosotros por medio de la muerte del Señor Jesús y ha sido dado a cada uno de nosotros por medio de la fe. A través de ello hemos entrado en todos los derechos y herencias de estar en la familia de Dios (Gálatas 4:6). Se describe al Espíritu Santo como "el Espíritu de adopción", su labor es traer a nuestro corazón la certeza o realidad de pertenecer a Dios. Es esta certeza la que opera como un fundamento tan fuerte para nuestra vida cotidiana como cristianos. Tal fuerza y poder proviene de conocer quién somos y a quién pertenecemos.

g) El propósito de nuestra adopción
El propósito que el Padre tiene al adoptarnos como sus hijos es el de "ser santos y sin mancha delante de E (Efesios 1:4). A través de la adopción, no sólo compartimos en la familia, sino también en el carácter de nuestro Padre. Este es el verdadero propósito y llamamiento del discipulado, que lleguemos a ser como El en nuestras acciones actitudes, y que nuestra vida refleje el hecho de que somos hijos de nuestro Padre celestial. En Jesús, Dios ha
revelado el anteproyecto para cada hijo que le siga por fe. Es su propósito que lleguemos a ser como Jesús en todo nuestro vivir y en el compromiso de nuestra vida con el Padre (Romanos 8:29). Pedro nos recuerda que esto no es solamente llamamiento de Dios en nuestra vida individual, sino que el propósito de Dios al escogernos es que lleguemos a como un cuerpo de personas que refleje esta misma naturaleza en nuestra vida juntos (1 Pedro 2:9).

h) La promesa de nuestra adopción
Como hijos del Reino hemos sido adoptados en la tremenda promesa de que la salvación no es solamente p ahora, ¡sino para siempre! (Romanos 8:17). Nuestra adopción es eterna. Esta es la motivación de nuestro serví al pensar con mucha ilusión, como lo hizo Pablo, en la corona de justicia que está preparada para nosotros al final de nuestro camino. También es la motivación para nuestra santidad (1 Juan 3:2-3). En Cristo no sólo tenemos nueva vida, sino también una nueva esperanza. No sólo tenemos el derecho de llegar a ser hijos de Dios, s además tenemos el derecho de recibir la herencia como hijos propios de Dios.

i) El principio de nuestra adopción
La esencia de nuestra vida como discípulos es que somos llamados para vivir diariamente el sencillo principio de confianza y franqueza que existe entre un padre y su hijo verdadero. El secreto del poder visto en Jesús era su relación con su Padre. En el Sermón del Monte Jesús introduce a sus seguidores en algunos secretos del Reino de Dios. Les enseña a confiar en su Padre y a vivir una vida para su gloria y honra.

- Glorificar al Padre (Mateo 5:16).

- Imitar al Padre (Mateo 5:44, 45, 48).

- Hablar con el Padre (Mateo 6:7-9).

- Confiar en el Padre (Mateo 6:25-26).

- Agradar al Padre (Mateo 6:17-18).

j) El ejercicio de nuestra adopción
Dios quiere que vivamos en lo bueno de nuestra adopción. Saber una verdad y no vivirla, no hará que la verdad sea real para nosotros. Por el Espíritu Santo nos ha sido dado todo lo necesario para hacer esta verdad efectiva en nuestra experiencia cotidiana (2 Pedro 1:3).

Una última verdad de nuestra adopción es que Dios sí que nos trata como hijos, no como a parientes lejanos. Esto significa que de vez en cuando conoceremos la mano de disciplina del Padre en nuestra vida, corrigiéndonos y recordándonos nuestras responsabilidades como hijos (Hebreos 12:7-11).

k) En resumen
Estamos ahora en la familia de Dios por fe. Compartimos en la vida de Cristo y en la herencia de los Santos. Nos ha sido dada una gran
motivación para vivir en santidad y experimentamos el poder transformador del Espíritu Santo en nuestra vida. Porque conocemos a quién pertenecemos podemos comprender la disciplina de nuestro Padre en nuestra vida, y sobre todo, vivimos con una experiencia profunda y afectuosa del amor del Padre en nuestro corazón (Efesios 1:3).

l) Preguntas y puntos de discusión

1. ¿Por qué te escogió Dios el Padre, a ti? Discútelo.

2. ¿Cuál debería ser nuestra reacción en respuesta a Dios al escogernos para ser sus hijos?

3. Si nuestra adopción no es una cosa casual, ¿por qué crees que Dios te ha puesto donde estás, y qué puedes hacer para El allí?

4. Discute las semejanzas y diferencias entre la adopción natural en una familia y la adopción espiritual en la familia de Dios.

5. ¿Conoce Dios por todo lo que estamos pasando en nuestra vida, a dónde vamos y cuál es nuestro propósito en Cristo? ¿Cuál debería ser nuestra respuesta, y podemos confiar en Dios en ello?

6. ¿Cómo podemos estar seguros de que somos los hijos de Dios y por tanto pertenecemos a la familia de Dios?

7. ¿Cuál debería ser la meta principal de nuestro discipulado como hijos de Dios?

8. ¿Qué cosas prácticas podemos hacer para hacer la verdad de nuestra adopción como hijos de Dios efectiva en nuestra vida cotidiana?

m) Resumen y aplicación

1. Adopción es haber recibido el lugar y condición de hijo aun sin pertenecer a la familia por naturaleza.

2. Necesitamos escoger vivir en lo bueno de ser hijo de Dios y escoger seguir a Jesús, el Hijo unigénito, y hacer como hizo El. Es una especie de hermano mayor que nos ha dado el ejemplo perfecto a seguir de cómo ser hijo de Dios.

3. Somos muy privilegiados de ser amados por Dios, tanto que nos escogió para ser sus hijos eternamente y esto debería ser nuestra motivación para amar y servir a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

4. Dios nos conocía antes de la creación del mundo. Sabía que éramos sus escogidos y sabía cuáles serían nuestros propósitos.

5. Dios no sólo nos deja viviendo nuestra vida, sino que El viene y nos ayuda por el Espíritu Santo para vivir lo bueno de la herencia disponible para nosotros como hijos de Dios.

jueves, 11 de abril de 2013

El predicador y la oración: LA PREDICACION DE LA LETRA VERSUS LA PREDICACION CRUCIFICADA



LA PREDICACION DE LA LETRA

VERSUS LA PREDICACION CRUCIFICADA

No creo que mis anhelos de avivamientos fueran ni de la mitad de fuertes de lo que deberían haber sido; y tampoco puedo entender que un pastor evite el estar en un continuo contacto ardiente con el Maestro y haciendo, de este modo, tanto daño a la Iglesia…
Edward Payson

Las más dulces gracias, por una ligera perversión, pueden llevar un muy amargo fruto. El sol da vida pero las insolaciones son mortales. Esto es, la predicación es para dar vida, pero puede matar. Y el predicador tiene las llaves; él puede cerrar tan bien como abrir.

Porque la predicación es la gran institución de Dios para la plantación y la maduración de la vida espiritual.

Cuando es correctamente ejecutada, sus beneficios son indecibles; pero cuando no, ningún mal puede excederle en sus resultados dañinos. Es un asunto fácil destruir el rebaño, si el pastor es imprevisor o el pastor es destruido; fácil capturar la ciudadela si el centinela se duerme o el alimento y el agua son envenenados…

Investido con tan favorables prerrogativas, expuesto a tan grandes males, implicando tan graves y múltiples responsabilidades, seria entonces una parodia en la astucia del diablo y un libelo en su carácter y reputación, si él no pusiera por obra sus principales  influencias para adulterar al predicador y su predicación. En presencia de todo esto, la pregunta exclamatoria de Pablo es:
“Y para todo esto, ¿Quién es suficiente?” (2 Cor. 2:16).

Luego añade:
“Nuestra suficiencia es de Dios; el cual así mismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto; no de la letra, mas del Espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Cor. 3:4-6).

Así, el verdadero ministerio es influenciado, capacitado y hecho por Dios. Y es que el Espíritu de Dios es en el predicador un poder de unción; el fruto del Espíritu esta en su corazón. Su predicación da vida, como la resurrección da vida; ardiente como en el verano y fructífera, como en el otoño…

Esta clase de predicador que da vida es un hombre de Dios, cuya alma siempre está siguiendo diligentemente los requerimientos divinos; y en quien, por el poder del Espíritu de Dios, la carne y el mundo han sido crucificados, y su ministerio es semejante al generoso flujo de un rio caudaloso.

Por el contrario, la predicación que mata es una predicación no espiritual. Fuentes inferiores que no son de Dios le han dado energía y estímulo. Tampoco el Espíritu es evidente en el predicador ni en su predicación. Muchas clases de fuerzas pueden ser proyectadas y estimuladas por la predicación que mata, pero éstas no son espirituales: son fuerzas fingidas y magnetizadas.

Esta predicación que mata pertenece a la letra; puede ser bella y metódica; pero aún es la letra, la árida, dura letra, cáscara desnuda, vacía. La letra puede tener el germen de la vida en ella, pero no tiene el alimento suficiente para evocarla. Es cimiento de invierno, tan duro como el terreno de invierno; tan helada como el aire de  invierno: no hay deshielo ni germinación para ella.

Puede incluso contener la verdad dentro de ella. Pero no es una verdad no vivificada por el Espíritu de Dios, que amortece tanto o más que el error; aunque se trate de la autentica verdad sin mezcla, sin el Espíritu, su sombra e influencia son mortales: su verdad, error, y su luz, tinieblas…

La predicación que mata es a menudo ortodoxa y dogmática, ¡Pues amamos la ortodoxia! Es el recto y claro corte de enseñanza de la Palabra de Dios; los trofeos obtenidos por la verdad en su conflicto en el error, los diques que la fe han levantado contra la honrada o descuidada inundación desoladora de creencias falsas o incredulidad. Pero la ortodoxia, clara y dura como el cristal, suspicaz y militante, no puede ser sino la letra bien arreglada, bien nombrada y bien aprendida: la letra que mata. Nada es tan mortal como una ortodoxia muerta, demasiado muerta para especular, demasiado muerta para pensar, para estudiar o para orar.

La predicación que mata puede tener conocimiento y alcance de principios, puede ser estudiada y crítica en gusto; iluminada por pensamientos filosóficos y trascendentales, examinada eruditamente como un abogado o para defender su caso. Y sin embargo, ser semejante al hielo homicida.

La predicación de la letra puede ser elocuente, esmaltada con poesía y la retorica, rociada con oración sazonada con la sensación y, no obstante, parecer a las hermosas flores que cubren el féretro de un cadáver. Bajo tal predicación, ¡Cuán amplia y total es la desolación! ¡Cuán profunda la muerte espiritual!

Esta predicación de la letra tiene que ver con la superficie y sombra de las cosas, y no con las cosas mismas. No penetra en la parte interior. No tiene profundo conocimiento interno, ni fuerte alcance de la vida escondida en la Palabra de Dios. Es verdad en apariencia, pero la apariencia es la cáscara, cáscara que tiene que ser rota y raspasada para obtener la almendra. Es una predicación sin unción, no sazonada ni oleada por el Espíritu.

Tal vez produzca lágrimas, lágrimas volátiles, como viento de verano sobre una montaña de nieve… quizás, cause sensación y ardor, pero será la emoción de un actor dramático.

Habría que preguntarse, entonces, de quien es la culpa de todo esto… ¡desde luego, no es de Dios! ¡La culpa está en el hombre! Más aún, ¡en el predicador! Este ha estado demasiado ocupado con su sermón, que no ha oído la canción de los serafines, ni ha visto la
visión de gloria, ni sentido el ímpetu de aquella sublime santidad, después de un absoluto abandono y desesperación, bajo la sensación de debilidad y de culpa; purgando e infamando por el carbón ardiendo del altar de Dios.

El predicador puede sentir desde el entusiasmo de su propio ardor pasajero, puede ser elocuente sobre su propia exégesis, ardiente en dar el producto de su cerebro; pero el brillo y centelleo serán tan estériles de vida como un campo sembrado de perlas… en alguna
parte, de todo inconsciente en sí mismo, algún don conductor espiritual ha atacado su ser interior y la corriente divina ha sido detenida, porque nunca ha sentido su completa bancarrota espiritual, su total impotencia; nunca ha aprendido a clamar con clamor inefable de desesperación, hasta que el poder de Dios y el fuego santo hayan descendido sobre él. La propia estima, perniciosa, ha difamado y violado el templo que debería haber sido mantenido sagrado para Dios.

Su ministerio puede atraer al pueblo hacia él, a la iglesia, a la forma y ceremonia; pero en verdad no atrae hacia Dios y no introduce a la dulce, santa, divina comunión, pero no edificada; agradada, pero no santificada. La vida es suprimida, hay un frio en el aire de verano; el estiércol es horneado. Finalmente, la cuidad de nuestro Dios viene a ser la cuidad de la muerte; la iglesia un cementerio, no un ejercito de batalla.

En efecto, el elemento del proceso de muerte esta detrás de las palabras, detrás del sermón, detrás de la ocasión, detrás del ademan, detrás de la acción. Y es que la predicación crucificada solamente puede venir de un hombre crucificado.

Un dato más: la predicación que mata es, sobre todo, predicación sin oración; mejor dicho; es oración profesional, que mata. Largas discursivas, secas y vacías suelen ser este tipo de oraciones en muchos púlpitos. Sin unción o corazón, ellas caen como un hielo
mortal sobre las gracias de adoración. Son oraciones que imparten muerte. Todo vestigio de devoción ha perecido bajo su aliento. Cuanto mas muertas son, mas largas se hacen.

Una suplica por la oración corta, viva, verdadera, nacida del corazón, oración por el Espíritu Santo directa, especifica, ardiente, simple, untuosa en el pulpito es, pues, el único antídoto contra la oración que mata. Y se necesita una escuela para enseñar a los
predicadores como orar, más que todas las escuelas teológicas juntas…

¡Alto! ¡Detengámonos y reflexionemos! ¿Dónde estamos? ¿Qué estamos haciendo?

¿Predicando para matar? ¿Acaso no deberíamos descartar para siempre la maldita predicación que mata y la predicación que mata, y hacerla una cosa real, la cosa más poderosa donada del Cielo a la Tierra, y traer los abiertos e inagotables tesoros de Dios para las necesidades y mendicidades del hombre?

Mensaje en Audio: "Solo hablamos lo que conocemos"


Bosquejo Biblico de Samuel Vila: "Un Salmo de penitencia"



UN SALMO DE PENITENCIA
(Salmo 25)
1. Protección (vv. 1–5):
a) Confianza (vv. 1–3): ¿A quién más podríamos ir?
b) Enseñanza (vv. 4, 5).
No busca ni pide por su propio camino, sino que viene como un niño.

2. Paciencia (vv. 6–10):
a) Gracia (vv. 6, 7): el amor eterno de Dios es digno de toda nuestra confianza.
b) Guía (vv. 8–10): aprendemos no sólo sus verdades, sino también sus caminos.

3. Plenitud (vv. 11–13):
a) Perdón (v. 11): la verdadera penitencia ruega el perdón de Dios para glorificar su nombre.
b) Paz (vv. 12, 13): aquel que pone su confianza en Dios nunca será confundido.

4. Compañía (vv. 14–16):
a) Revelación (v. 14): Dios revela los secretos de Su amor a Sus propios hijos.
b) Rescate (vv. 15, 16): es posible que Dios no nos libre siempre de las trampas que nos tienden, pero sí nos dará la liberación final.

5. Poder (vv. 21, 22): Él nos sacará triunfantes de cada prueba.