sábado, 30 de septiembre de 2017

El servidor José


El servidor José
Leer | Génesis 37.1-17
La historia de José es una de mis favoritas de la Biblia. Lo menciono con frecuencia porque hay mucho que aprender de este exitoso joven. Efectivamente, su juventud es una lección importante en sí misma, y el pasaje de hoy revela dos de sus cualidades de carácter que debemos tratar de emular.
Primero, demostró un espíritu de servicio a temprana edad. En cada conversación de José con su padre o con sus amos, él encarnaba la imagen misma del respeto y la disciplina. El joven nunca actuó en contra de quienes tenían autoridad sobre él; por el contrario, se afanaba continuamente por servir a los demás.
Vale la pena señalar que José tenía alrededor de 17 años de edad en Génesis 37. La adolescencia es un tiempo en que los jóvenes de cualquier época son propensos a la venganza y al egoísmo. Sin embargo, es claro que este joven fue enseñado desde temprana edad a servir a los demás.
Segundo, José entendió a edad temprana que Dios controlaba su vida. ¿De qué otra manera puede explicarse su incesante búsqueda de la excelencia? A pesar de todo lo que le sucedía, José recordaba las visiones divinas que el Padre celestial había puesto en su corazón en sus años de adolescencia (Gn 37.5-9). Estaba convencido de que había un plan para su vida, y de que, de alguna manera, en algún momento, Dios le revelaría cuál era.
Ya sea que usted tenga 17 ó 77 años de edad, las lecciones de la vida de José son valiosas. Nunca es demasiado tarde para aprender el arte de servir o de reconocer el plan perfecto de Dios. Mejor aun, nunca es demasiado tarde para ayudar a alguien a descubrir estas cosas.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Los resultados de la inseguridad


Los resultados de la inseguridad
Leer | Salmo 143.8
Ya hemos identificado algunas de nuestras inseguridades. Ahora, necesitamos dirigir nuestra atención a sus efectos.
Para empezar, las personas inseguras tienen dificultades para establecer relaciones buenas y duraderas. Simplemente no son capaces de entender cómo pudieran añadir valor a la vida de alguien. Esto es una tragedia, porque cada uno de nosotros necesita tener amistades que nos ayuden a crecer.
Asimismo, las personas inseguras son vistas a menudo como orgullosas y presumidas. La falta de confianza en sí mismas puede hacer que se distancien de los demás, lo que puede confundirse fácilmente con arrogancia. Pueden, por ello, dar la impresión de que simplemente no quieren estar con las demás personas.
Además, la inseguridad lleva con frecuencia a la indecisión y al temor. Las personas pueden estar tan intimidadas por sus dudas que les resulte imposible tomar decisiones. Se preguntan: ¿Y si cometo un error? Bueno, ¿qué puede pasar? Cometer errores es una de las mejores maneras de aprender cómo hacer algo correctamente. No tenga temor de intentarlo. Incluso, si no tiene éxito, al menos puede descansar en el hecho de que hizo lo más que pudo.
Al cabo de un tiempo, las personas inseguras generalmente se exasperan y comienzan a molestarse por el éxito y la felicidad de los demás. No permita que esa calamidad afecte sus relaciones. Ore por la capacidad de reconocer sus inseguridades, y luego dé un paso hacia la libertad pidiendo al Señor que las sane.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Identifique su inseguridad


Identifique su inseguridad
Leer | Salmo 139.13-26
Examinemos algunas de las afirmaciones que ciertas personas se hacen con frecuencia. Al leer cada una de ellas, pregúntese: ¿Pienso así?
• ¿Para qué molestarme en intentarlo? Nunca lo haré bien.
• Todo el mundo me está observando, esperando que haga el ridículo.
• Soy un fracasado.
• Soy una persona fea.
• Nunca puedo ganar. No soy más que un perdedor.
• No importa lo mucho que me esfuerce en mi trabajo, nadie lo reconoce.
• Soy incompetente en todo. Nada me sale bien.
• Nadie podría hablar bien de mí.
• Tuve un fracaso, así que no importa lo que haga, seguiré siendo un fracasado el resto de mi vida.
• Es imposible que la gente piense bien de mí, que me respeten o acepten.
• No merezco que me traten bien.
• No encajo aquí ni en ningún otro lugar.
• Todo el mundo se ve feliz, menos yo.
• Soy una persona incompleta, y no hay nada que pueda hacer para cambiar.
• Mejor no digo nada, después de todo, ¿por qué va a interesarse alguien en escuchar mi opinión?
• Las personas son amable solo cuando quieren algo de mí.
¿Son ciertas para usted algunas de las afirmaciones anteriores? Piense sinceramente en las que captaron su atención. Luego, lleve estas inseguridades específicas al Señor, y permita que Él le muestre su verdad en cuanto a cada aspecto. Dios quiere liberarle de cualquier cosa que estorbe su crecimiento espiritual y le robe el gozo y la paz que Él tiene para usted.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El Ayudador en el estudio de la Biblia



El Ayudador en el estudio de la Biblia
Leer | 1 Corintios 2.12-16
La Biblia es la revelación de la verdad de Dios, y está concebida para su uso regular por todo creyente. La presencia interior del Espíritu Santo es una necesidad, ya que es Él quien aclara el significado de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo ilumina la mente de cada persona que busca realmente conocer a Dios.
Cuando leemos la Biblia, el Ayudador abre nuestro entendimiento para que conozcamos el verdadero significado del texto, de modo que podamos comprender sus implicaciones. Nunca podremos dejar de necesitarlo. Incluso un creyente con años de experiencia en el estudio de la Palabra, requiere de tanta revelación como un niño espiritual que acaba de recibir a Cristo. Recientemente, tuve motivos para recordar este hecho al leer un pasaje que había visto a menudo en mis estudios. Por primera vez, mi alma se abrió del todo a estos versículos, la verdad entró como un torbellino y me sentí revitalizado. Captar una nueva verdad nos anima a poner en práctica lo que hemos aprendido. Luego, cuando integramos esa verdad a nuestra vida, el Espíritu de Dios nos revela otra para hacernos cada vez más como nuestro Salvador.
Conocer a Dios y conformarse a la imagen de Jesucristo, son las más altas aspiraciones de la vida cristiana, y podemos lograr estos objetivos solo si conocemos y ponemos en práctica los principios bíblicos con un corazón limpio. Si queremos que el Espíritu Santo nos revele el significado de la Escritura, debemos pedirle primero que nos muestre nuestro pecado. Cuando nos arrepentimos de la falta que nos hace recordar a nuestro Ayudador, nuestro corazón se abre a su iluminación.

martes, 26 de septiembre de 2017

El Ayudador en la oración


El Ayudador en la oración

Leer | Romanos 8.26, 27
La mayoría de las personas sienten que no saben orar correctamente. Inclusive el apóstol Pablo reconoció que a veces no sabía cómo pedir como debía. En el diálogo sobrenatural entre Dios y los creyentes, el Espíritu Santo actúa como un vehículo para nuestra comunicación, poniendo nuestras necesidades y nuestros deseos delante del Padre.
Las personas hacemos nuestras peticiones con un conocimiento muy limitado del futuro y de lo que realmente es mejor para nosotros. En consecuencia, surgen circunstancias que nos llevan a preguntarnos cómo debemos orar. Si lo único que sabemos decir es: Señor, ¿cuál es tu voluntad?”, el Espíritu Santo, que conoce los planes del Padre celestial para nosotros, le hablará a Él de nuestra necesidad.
Nuestro Padre celestial no oculta su voluntad de nosotros. Él desea darnos toda la información necesaria para que tomemos decisiones correctas y seamos conformados a la imagen de su Hijo. Así como el Espíritu Santo lleva nuestras necesidades a Dios, también nos indica cuál es la voluntad del Padre para nosotros.
Algunas personas encuentran intimidante el poder de la oración. A veces, dejan de orar antes de recibir una respuesta por temor a haber estado pidiendo mal. Sin embargo, la naturaleza divina del Espíritu Santo nos impide ir delante del Padre con una petición que está fuera de su plan. En vez de eso, interviene para hacer la petición correcta. También inculca en nosotros la necesidad de ajustar nuestros deseos. Por tanto, podemos orar en cada situación, sabiendo que el Espíritu Santo es nuestro Ayudador.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Un Ayudador para todas las ocasiones


Un Ayudador para todas las ocasiones
Leer | Juan 14.16-18
¿Ha deseado usted alguna vez tener una línea telefónica de emergencia que suene en el cielo? La verdad es que tenemos algo mucho mejor: el Espíritu Santo vive en nosotros para ayudarnos.
La noche antes de su crucifixión, el Señor Jesús dijo a sus discípulos que estaba a punto de partir. La noticia probablemente los entristeció, a pesar de que no era la primera vez que había hablado de su muerte. Pero el Señor afirmó que les enviaría otro Consolador o Ayudador. La palabra griega traducida como “otro” implica que el nuevo Ayudador sería como el anterior —en otras palabras, un ser divino con acceso al Padre celestial. Tal como lo prometió, el Espíritu de Dios vino a morar en cada persona que recibe a Jesucristo como Salvador (Hch 2.1-4).
Nuestro Ayudador tiene un papel distintivo dentro de la Trinidad. El Padre reina sobre todo, en tanto que el Hijo está a su diestra intercediendo por los creyentes. Mientras tanto, el Espíritu Santo nos capacita para llevar a cabo la obra que Dios ha dispuesto que hagamos.
El Padre celestial sabía que no podíamos obedecerle sin ayuda; es por eso que Jesús dijo a los discípulos que permanecieran en Jerusalén hasta después de la llegada del Espíritu Santo. Sea lo que sea que estemos llamados a hacer en nuestra obediencia diaria, o en nuestra responsabilidad para toda la vida, nuestro Ayudador nos brinda dirección, y nos da fuerzas y aliento.
El Espíritu Santo es parte de nosotros, más que nuestros huesos y nuestra sangre. Somos privilegiados por tener un Ayudador divino que nos guía en el camino de la voluntad de Dios.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Dios sabe lo que usted necesita


Dios sabe lo que usted necesita
Leer | Juan 4.1-16
Una de las razones por la que a veces se debilita nuestra fe es porque tenemos una perspectiva de Dios limitada. Lo cual tiene sentido, pues el Señor es muy grande. Entonces, ¿cómo podemos realmente tener una idea exacta de su forma de ser, de su manera de actuar o de lo que piensa en cuanto a nosotros?
Puesto que el Señor sabía que necesitaríamos entenderlo, nuestro Padre celestial se reveló a sí mismo por medio de su Hijo. Así pues, “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Jn 1.14). Cuanto más lleguemos a conocer a Jesús, más entenderemos al Padre (14.9).
Cuando observamos la manera en que el Señor Jesús trataba a las personas que estaban a su alrededor, vemos una buena ilustración en cuanto al amor de Dios. Piense en la mujer junto al pozo, en el pasaje bíblico de hoy. Esta era una persona que había sido marginada por la sociedad. El hecho de que viniera a sacar agua durante el calor del día (4.6) —una hora en que nadie más estaría en ese lugar— indica que la exclusión por parte de la gente del pueblo era real, y que ella sentía la necesidad de mantenerse aislada.
Pero ¿qué hizo el Señor? Le demostró que la amaba, la aceptó y le dio lo que nadie más le daría: atención y respeto. Al igual que lo hace con nosotros, pues no quiere que nos sintamos abrumados por la culpa, la vergüenza y la tristeza. Tampoco quiere que vivamos aislados. Por el contrario, nos llama a ser participantes activos en su reino.
¿Se ha aislado usted de quienes le rodean? Tome la mano de su Salvador hoy, y comience a experimentar el gozo de ser aceptado por Él.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Vivos en Cristo


Vivos en Cristo 
Leer | 1 Corintios 15.22
Puesto que el apóstol Pablo reconocía las limitaciones del entendimiento humano, utilizaba metáforas para explicar conceptos espirituales. En varias de sus epístolas escribió acerca de estar “vivos en Cristo”. Señalaba que antes de que el Señor nos salvara estábamos muertos espiritualmente. Pero una vez que recibimos a Jesús como nuestro Salvador, pasamos a estar vivos en Él (Ro 6.11).
Pablo quería que entendiéramos que tenemos una nueva libertad, una nueva naturaleza y un nuevo patrón de conducta. Para ejemplificarlo, escogió las imágenes de la circuncisión y el bautismo (Col 2.9-17), los cuales proporcionan un punto de partida para que comprendamos la verdad fundamental de la gloria de estar vivos en el Señor.
Si utilizamos el razonamiento humano para comprender una verdad espiritual como ésta, seremos confundidos. Solo por medio de la enseñanza del Espíritu Santo podemos comenzar a comprender todo su significado. Además, la Palabra de Dios viva debe ser experimentada. Podemos conocer el hecho de que Jesús nos ha dado una nueva naturaleza, pero solo cuando experimentemos esta nueva naturaleza y la libertad que ella da, descubrimos realmente el significado bíblico de haber sido “vivificados”.
Piense en el bautismo y la circuncisión. Haga a un lado la lógica humana y confíe en el Espíritu Santo para entenderlo. Acepte que usted es una nueva creación —que la vieja naturaleza ha desaparecido y ha sido sustituida por la nueva (2 Co 5.17). El gozo espiritual llenará su ser cuando experimente la verdad de estar plenamente vivo en Cristo.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El llamado a la santidad


El llamado a la santidad

Leer | 1 Pedro 1:13−2.3
Los creyentes somos llamados a ser un pueblo santo. Santidad significa ser apartados por Dios para sus propósitos. Este proceso de santificación comienza cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador personal, y continúa por el resto de nuestras vidas.
El Espíritu Santo hace que nuestra voluntad y nuestros anhelos estén en armonía con los suyos. Al someternos a su dirección, comenzaremos a desear lo que Él desea. Con su guía, decidiremos consagrar nuestra conducta, nuestra conversación y nuestro carácter a Dios solamente. El Espíritu nos enseña cómo hacer de la santidad un modo de vida, en vez de verla como algo inalcanzable. Dios nos ha colocado donde vivimos y trabajamos, no para aislarnos sino para reflejar quién es Cristo mientras nos relacionamos con otras personas. Si estamos en el proceso de ser conformados a la semejanza del Señor Jesús, entonces cuanto más vivamos y maduremos espiritualmente, más podrán los demás reconocer al Salvador en nosotros. Nuestros corazones deben volverse más suaves, y desear amar y servir más a otros.
Si somos embajadores de Cristo, entonces nuestras vidas deben ser santas; de lo contrario, lo estamos representando mal. Si somos el cuerpo de Cristo, entonces nuestras manos son sus manos; nuestros ojos, sus ojos; y nuestros pies, sus pies. Cuando permitimos que Jesús hable, ame y sirva por medio de nosotros, los demás se verán impulsados a preguntar por qué tenemos vidas tan vibrantes. Todos los seguidores de Cristo son llamados a ser santos. Responder a este llamado cada día, es hacer nuestra la Gran Comisión.

martes, 19 de septiembre de 2017

Prepare su corazón con ayuno


Prepare su corazón con ayuno

Leer | Mateo 13.1-23
En la parábola del sembrador, Jesús enseña que se necesita un buen suelo para producir una cosecha abundante. Advierte contra plantar semillas en pedregales, y habla también de lo peligrosos que son los espinos que ahogan las plantas. Aplica directamente la parábola a nuestra vida espiritual, explicando que la semilla es la Verdad de Dios; es solamente en el suelo de un corazón fiel y devoto que se recibe la Palabra y se produce la abundante cosecha espiritual. De hecho, dice que el suelo que está preparado para recibir lo que se siembra, puede producir 30, 60 ó 100 veces lo que se siembra.
Muchas personas dan testimonio de que Dios ha usado el ayuno bíblico para preparar sus corazones para recibir su verdad. Eso los ha preparado para la siembra de la Palabra, y por medio de eso, recibir mayor comprensión y dirección (Ro 10.17). Durante las horas de ayuno, se apartan de las preocupaciones terrenales y pasan su tiempo concentradas en las cosas celestiales. Fue entonces que Dios les mostró las rocas y gruesas raíces que han enredado sus corazones e impedido su crecimiento espiritual. Por medio de su Espíritu, Él también les dio el valor de confesar y arrepentirse, y las fuerzas para obedecer.
¿Cuál es la condición del suelo de su corazón? ¿Cuánta “preparación” hay que hacerle para que usted pueda recibir una mayor siembra de la Palabra? Dios desea quitar las rocas y las malezas que hay en nuestras vidas, y eliminar cualquier suelo duro; el ayuno bíblico nos prepara para tal siembra. Dios está llamando a su pueblo a consagrarse a Él. ¿No le gustaría venir ante Él para que le prepare?

lunes, 18 de septiembre de 2017

El ayuno bíblico


El ayuno bíblico

Leer | Salmo 42.1-2
“Mi amor...” La única respuesta que provoca esto es un distraído “Aja” acompañado por el sonido producido al pasar las hojas del periódico. “¿Puedo hablar contigo?” Una vez más la respuesta es “Aja”, seguida de un silencio. Luego se oyen unos pasos que se alejan. ¿Alguna vez experimentó usted algo parecido?
Todos hemos sido culpables de desatender a las personas que amamos. Es tanto lo que clama por nuestra atención, que a veces rehuimos el esfuerzo de invertir en una relación. Lo triste es que podemos hacer lo mismo con Dios. Pero no queremos eso, ¿verdad?
El ayuno bíblico es una manera de ayudarnos a re-enfocarnos en nuestra relación con Dios. El ayuno nos prepara para concentrarnos en Él. Es una oportunidad para poner de lado otras cosas, a fin de buscar su rostro y escuchar su voz. Es un tiempo de preparación que nos lleva a fijar nuestra atención en la voluntad y en los propósitos del Señor para nosotros.
Hay quienes nunca han probado el ayuno porque les parece demasiado extraño. No saben por dónde empezar a buscar o cuándo encontrar el tiempo para hacerlo. Pero si ven el ayuno como una experiencia de fe que agudiza nuestra visión espiritual, que acrecienta nuestro deseo de Dios, y que nos lleva a comprender mejor su dirección —desearan probarlo.
¿Anhela conocer mejor a Dios? ¿Necesita conocer su voluntad? El ayuno bíblico es una disciplina espiritual que le ayudará a tener un oído más agudo, una mente más clara, y unos ojos firmemente fijados en el Señor y en sus planes. ¿Qué tal si descubre esto por sí mismo?

sábado, 16 de septiembre de 2017

Jesús: El único camino al cielo


Jesús: El único camino al cielo

Leer | JUAN 10.1-11

Aunque el mundo tiene muchas religiones, solo hay un camino para llegar al cielo. Jesús dice claramente: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn 14.6). Para enfatizar este punto, Él usó varias descripciones metafóricas, llamándose a sí mismo: el pan de vida, la puerta, el buen pastor, y el camino (6.51; 10.9, 11; 14.6).

Dios no espera que usted cumpla con algún tipo de ritual para hacer de Jesús el Señor de su vida —puede utilizar las palabras que quiera. Pero algunos elementos bíblicos son esenciales cuando se inicia una relación con Él:

• Confiese su pecado y reconozca su necesidad de un Salvador (1 Jn 1.9).
• Ponga su fe en Cristo como el único Salvador, reconociendo que Él murió por sus pecados, fue sepultado, y resucitó tres días después (Jn 3.16; 1 Co 15.3, 4.).
• Crea que sus pecados son perdonados, y que su nombre está escrito en el libro de la vida del Cordero (1 Jn 5.11-13).

Cada persona tiene que tomar una decisión. La muerte es inevitable, pero podemos decidir entre ir al tormento eterno o a la hermosura eterna de la presencia de Dios.
Permítame ser muy claro, lo que una persona piense acerca del cielo y el infierno no influirá en Dios en lo más mínimo. Las personas no serán juzgadas por su punto de vista, sino por la verdad de la Palabra de Dios.

La Biblia declara que hay un solo camino al cielo: la fe en Jesucristo. Su evangelio es un camino recto, del abismo del pecado a la gloria del cielo, con la promesa de una vida abundante desde ahora mismo. Lo que tenemos que hacer es cruzar la Puerta y seguir el Camino; entonces el Pan vivo nos sustentará.

El "paquete de beneficios" de Dios


El “paquete de beneficios” de Dios
Leer | 2 Timoteo 3.14-17
Este mundo ofrece planes financieros, programas para perder peso, y una multitud de otras oportunidades que aseguran rendir resultados beneficiosos. Pero nada es más provechoso para nosotros que las Sagradas Escrituras.
Los planes de Dios no se limitan a la salvación. Su objetivo es que usted sea transformado conforme a la imagen de su Hijo, y la herramienta que utiliza para lograr su propósito es la Biblia. El pasaje de hoy esboza su programa de conjunto para su transformación espiritual.
El fundamento es la enseñanza de las verdades básicas de la Biblia. Estas doctrinas sobre el carácter y la obra de Dios son un ancla para nuestras almas en las tormentas de la vida, y nos protegen del engaño. Puesto que todos somos pecadores, la perfección es imposible. Pero cuando la Biblia nos reprende, somos redargüidos por los pecados que cometimos.
Después de esto viene la corrección. El Señor nunca nos redarguye y nos deja en el caos que hemos hecho. Nos da lo que necesitamos para arreglar las cosas.
El último paso es la instrucción en la justicia. Piense en esto como un curso privado de discipulado con la Palabra de Dios. Si obedecemos la instrucción y la disciplina de la Biblia, creceremos en obediencia y santidad, y con el tiempo necesitaremos menos corrección.
La plena participación del paquete de beneficio de Dios implica tres pasos: Leer la Biblia cada día; creer todo lo que Dios señala en su Palabra —no solamente las partes que nos resulten gratas (He 4.2); y hacer lo que Él dice. De esa manera, usted estará equipado para cumplir el propósito que Dios tiene para usted.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Nuestro fundamento firme



Nuestro fundamento firme
Leer | Efesios 2.1-9
Lo que creemos determina la manera en que actuamos. Para conducirnos de una manera agradable a Dios, tenemos que abrazar la verdad bíblica. Por tanto, echemos un vistazo a algunos elementos básicos de la fe:
• La relación del hombre con Dios se interrumpió. Cuando Adán y Eva se rebelaron, su naturaleza se volvió corrupta y apartada de Dios. Esa naturaleza “carnal” fue transmitida a todas las generaciones posteriores, separando al hombre del Padre celestial (Ro 5.12). Abandonados a nuestra propia suerte, no podemos reparar nuestras faltas por el pecado, ni cambiar nuestra naturaleza.
• La salvación se obtiene solo por medio de Cristo (Hch 4.12). La justicia de Dios exigía un castigo por el pecado, pero solamente un sacrificio perfecto podría satisfacerla. Jesús, que vivió sin cometer pecado, era el único calificado. Él llevó nuestros pecados y murió en nuestro lugar para que pudiéramos ser perdonados y adoptados en la familia de Dios. Cuando lo recibimos como Salvador, se nos da una nueva naturaleza, y nos es adjudicada la justicia de Cristo (Fil 3.9; 2 Co 5.17).
• La iglesia —el cuerpo de Cristo— está constituida por creyentes de todo el mundo(1 Co 12.13). Todos los cristianos tienen el mandamiento de adorar al Señor, cuidar unos de otros y tener parte en el trabajo de extender el evangelio. A los seguidores del Señor se les ha dado también dones espirituales que deben utilizar para edificar a otros creyentes.
Si estas verdades son la base de nuestra perspectiva de la vida, creceremos en la gracia y el conocimiento de Jesucristo.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Un Dios de amor


Un Dios de amor

Leer | Efesios 3.17-19
El amor de Dios no se basa en nuestra manera de ser ni en nuestros logros. Sabemos esto por la promesa de Juan 3.16, y por su acción al enviar a Jesús a morir en nuestro lugar (1 Jn 4.10).
La manera como el Salvador actúa con las personas, nos demuestra la profundidad del amor de Dios. Judas Iscariote, uno de los doce discípulos de Jesús, ministró en estrecha colaboración con el Señor durante tres años, pero al final decidió traicionarlo. Aunque Él sabía lo que haría Judas, Jesús nunca lo rechazó. Por amor, el traicionado fue clemente con el traidor.
En otro ejemplo, una mujer sorprendida en adulterio estaba a punto de ser muerta a pedradas por su transgresión. Fue condenada por los líderes religiosos, pero Jesús intervino para protegerla. Luego, por amor, le ordenó que no pecara más (Jn 8.11).
Además tenemos a Pedro, quien amaba al Señor Jesús y deseaba seguirlo siempre. Sin embargo, en un momento de debilidad negó incluso conocerlo. Aunque Jesús sabía de antemano que el discípulo iba a hacer esto, su amor por este hombre no menguó. Él demostró esta realidad al aparecerse a Pedro después de la resurrección.
Dos ejemplos finales son Zaqueo, el codicioso cobrador de impuestos que se aprovechaba de sus compatriotas; y la mujer samaritana que, tras una serie de relaciones destruidas, estaba involucrada en un estilo de vida inmoral. Nada de esto impidió que Jesús se acercarse a ambos para brindarles su amor perdonador.
Por la fe en Jesús, cualquier persona —aun el peor pecador— puede convertirse en un hijo de Dios y experimentar la abundancia de su amor. Nadie está más allá de su alcance.

martes, 12 de septiembre de 2017

El amor perfecto de Dios


El amor perfecto de Dios

Leer | 1 Juan 4.7-9
Fuimos creados para ser miembros de la familia de Dios y recibir su amor perfecto. De hecho, por el sacrificio de su Hijo Jesucristo, Él demostró lo mucho que nos ama.
Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador, nos convertimos en hijos de Dios y experimentamos su amor incondicional. El amor que Dios nos tiene no varía en calidad ni cantidad. Nunca terminará, y ni aun disminuirá. Ninguna circunstancia puede hacer que el Señor deje de amarnos. Varios relatos del Nuevo Testamento ejemplifican esto:
• Pensemos en el centurión romano que le pidió a Jesús que sanara a su criado. ¿Fue ignorada la petición del soldado, porque no era uno del pueblo elegido de Dios —los judíos? No. Al ver la fe genuina del hombre, el Señor le concedió su petición por amor a él (Lc 7.2-10).
• Jesús dio su perdón al ladrón en la cruz, que puso su fe en Él (23.39-43).
• Antes de su conversión, Saulo de Tarso estaba convencido de que Jesús no era el Mesías prometido, y de que sus seguidores debían ser reprimidos. Por eso, el futuro apóstol Pablo persiguió a los judíos cristianos, y profirió amenazas de muerte contra la iglesia. El amor de Dios no dejó fuera ni siquiera a un enemigo de sus hijos. En el camino de Damasco, el Señor se le apareció con un ofrecimiento de salvación, y le encomendó un gran trabajo —la evangelización de los gentiles (Hch 9.15).
La mente humana no puede comprender plenamente el amor divino. En Cristo, los ladrones, los perseguidores y quienes puedan parecer los menos probables, son todos amados por igual.

lunes, 11 de septiembre de 2017

La oración marca la diferencia


La oración marca la diferencia
Leer | 1 Timoteo 2.1-8
Después de observar el rumbo pecaminoso que está tomando nuestra nación, reconocemos fácilmente la necesidad de un cambio. Pero la solución de Dios para nuestro problema es sorprendente. Pablo le ordena a Timoteo que establezca algunas prioridades en la iglesia, y lo primera en la lista es orar “por los reyes y por todos los que están en autoridad” (1 Ti 2.2).
Pablo no habría dado esta orden a Timoteo, de no haber creído que las oraciones de la iglesia marcarían la diferencia para el logro de los propósitos de Dios para su nación. Al enfocarnos en la magnitud de los problemas o en el poder de quienes gobiernan, perdemos de vista a nuestro soberano Dios, que espera que le pidamos que intervenga de la manera en que solamente Él puede hacerlo.
Las políticas y la legislación de una nación no están determinadas en última instancia en las salas de conferencias y en las cámaras del gobierno, sino en los lugares de oración. Las voces que definen la dirección de una nación no son necesariamente las que se escuchan en las salas donde se escriben las leyes, sino las que se acercan al trono celestial con una fe confiada (He 4.16). Cuando la iglesia cree y ora, el Señor responde.
Si de verdad cree que Dios puede cambiar a una nación, es posible que usted se esté preguntando por qué ha esperado tanto tiempo para hacerlo. Quizás Él le está haciendo a usted una pregunta parecida: “¿Por qué has esperado tanto tiempo para orar?” Toda autoridad en la Tierra puede ser tocada por el poder de la oración, si estamos dispuestos a pedir y creerle a Dios.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Pedro: Una persona común y corriente


Pedro: Una persona común y corriente
Leer | Mateo 4.18-20
El apóstol Pedro fue una persona común y corriente que vivió en un tiempo extraordinario. La suya fue la generación en la cual Jesús vivió en la Tierra y murió por la salvación de la humanidad.
Fue Andrés quien trajo primero a su hermano Pedro (llamado originalmente Simón), para que conociera al Señor (Jn 1.40-42). Cuando Jesús los invitó a convertirse en sus discípulos, ambos hermanos dejaron de inmediato su actividad de la pesca, y se pusieron bajo la autoridad de Cristo (Mt 4.20).
Pedro se convirtió en un seguidor apasionado que demostró siempre el ansia de estar cerca del Salvador. Ya se tratara de encontrarse con el Señor Jesús en el agua durante una tormenta (14.27-29) o de hablar con Él durante su transfiguración (17.1-5), Pedro estuvo dedicado al servicio de su Maestro.
Al comienzo, el antiguo pescador era rápido para hablar y actuar, y esa impulsividad lo metió en problemas. Por ejemplo, cuando el Señor Jesús estaba hablando de su inminente sufrimiento y muerte, Pedro no estuvo de acuerdo, como si él supiera más que el Señor. La reprimenda de Cristo fue rápida y directa (16.21-23). El apóstol aprendió de sus errores, y más tarde le fue dada una gran responsabilidad. Pedro es un buen ejemplo de cómo debemos deshacernos de los deseos personales, aceptar de todo corazón la voluntad del Señor Jesús, y andar estrechamente con Él (Mr 8.34).
El Señor escoge a personas nada excepcionales como Pedro, usted y yo, para edificar su Reino. Cuando lo hacemos, Él hace por medio de nosotros más cosas de lo que jamás pudiéramos imaginar.
Enviado desde el Templo Cristiano Pasos de Fe

viernes, 8 de septiembre de 2017

Los deseos equivocados


Los deseos equivocados

Leer | Salmo 145.18-21
Todas las personas, incluso los seguidores de Cristo, podemos llegar a desear cosas que estén fuera de los planes de Dios —deseos que con mucho esfuerzo podemos hacer realidad.
Tener deseos es bueno, pues las metas nos estimulan y dan dirección a nuestra vida. Pero queremos que nuestros objetivos coincidan con los que Dios tiene para nosotros. Los anhelos contrarios a los propósitos del Señor tienen el poder de corromper el cuerpo, la mente y el espíritu, y hacer que los creyentes caigamos en tentaciones (2 P 2.9, 10; 1 Ti 6.9).
¿Cómo podemos saber si nuestros deseos son correctos? Un objetivo piadoso suele ser específico y firme, y resistirá una evaluación que se haga con oración y estudio de la Biblia. Por el contrario, un deseo equivocado no cumple con estos criterios. Por ejemplo, algunas personas tienen solo una vaga sensación de lo que quieren de la vida, o su anhelo se convierte fácilmente en otro con el cambio de las circunstancias. Pero lo más peligroso es la meta incompatible con el estilo de vida de un creyente. En tales casos, el creyente no ha considerado dos preguntas vitales: ¿Quiere Dios esto para mí? y ¿Puedo seguir a Cristo y este objetivo al mismo tiempo?
Muchas de las cosas que deseamos no son mencionadas específicamente en la Biblia; no nos dice: “Haz esto”, “No hagas esto”. Es por eso que Dios nos ha dado acceso a la sabiduría y al discernimiento del Espíritu Santo. Debemos evaluar en oración nuestros deseos para asegurarnos de que estemos dentro de la voluntad del Señor, y concentrados en su propósito para nuestra vida.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Los deseos de nuestro corazón


Los deseos de nuestro corazón

Leer | Salmo 37
El Señor nos ha dado muchas promesas maravillosas. Pero, lamentablemente, una de ellas es malinterpretada con frecuencia. No es raro que alguien me hable de algo que pidió en oración, y que añada después: “Dios ha prometido concederme los deseos de mi corazón”.
Esto hace que el Señor parezca más una tienda de juguetes que un Padre sabio. Cuando se interpreta el Salmo 37.4, dentro del contexto correcto, podemos entender el principio de Dios en cuanto a concedernos los deseos de nuestro corazón.
Deleitarse en el Señor (v. 4) significa gozarse en conocer más a Dios y en obedecer su voluntad. Pasar tiempo con el Padre celestial aprendiendo lo que le agrada, y pidiéndole discernimiento para tomar decisiones sabias, tiene dos resultados. Primero, el Espíritu Santo armoniza los deseos de nuestro corazón con las Sagradas Escrituras; y, segundo, nos preparamos para recibir bendiciones.
El deleite en Dios se deriva de la dedicación a Él. Cuando encomendamos nuestro camino al Señor (v. 5), permitimos que su voluntad y sus mandatos moldeen nuestros pensamientos, estilo de vida y metas. En otras palabras, reconocemos su derecho a determinar si nuestro anhelo se ajusta a su plan.
Tal vez la parte más difícil para que nos sean concedidos los deseos de nuestro corazón, sea esperar que se materialicen. No obstante, la Palabra de Dios insiste en que descansemos en el Señor y que esperemos pacientemente en Él (v. 7).
Dios promete concedernos los deseos de nuestro corazón en el tiempo de Él, siempre y cuando nuestras peticiones estén en armonía con su voluntad.

Para vencer el desánimo


Para vencer el desánimo

Leer | Nehemías 2.1-9
A lo largo de la vida, el desánimo nos causará sentimientos temporales de desilusión. Pero si sufrimos una y otra vez contrariedades, el desánimo puede alojarse en nosotros y afectarnos de diversas maneras.
Primero, se produce una división en nuestra mente. Nos resulta difícil concentrarnos, no importa dónde estemos o quiénes estén con nosotros, seguimos pensando en la desilusión.
Luego, buscamos a alguien a quien culpar. Es fácil pensar que nos sentiremos mejor diciendo que el problema es por causa de otra persona, e incluso señalar a Dios por permitir la prueba.
A medida que nuestra actitud empeora, comenzamos a enfocarnos en lo que no nos gusta o no tenemos, hasta que estallamos de cólera porque personas o circunstancias nos han fallado.
Con el tiempo, el desánimo conduce a tomar decisiones poco sabias. Con una mente dividida, un enfoque equivocado, una actitud negativa e ira en el corazón, no pensaremos con claridad ni actuaremos de una manera agradable a Dios.
De la historia de Nehemías podemos aprender cómo vencer el desánimo. Después de orar, debemos esperar en Dios con la confianza en lo que Él hará. El Señor movió el corazón del rey, quien se mostró solidario con su copero dándole los soldados y lo que iba a necesitar. Nehemías aceptó la ayuda y se adelantó para reconstruir Jerusalén.
Dios moverá los corazones y enviará a las personas necesarias para ayudarnos en los momentos de desánimo. ¿Acudirá usted al Señor con esperanza, y aceptará la ayuda que Él le envíe?

martes, 5 de septiembre de 2017

Lidiar con el desánimo


Lidiar con el desánimo
Leer | Nehemías 1.1-11
El desánimo puede sentirse como un gran peso sobre nuestros hombros. Pone freno a nuestros pasos, hace más difícil el trabajo, y reduce nuestro gozo.
El que otros consideren insatisfactorios nuestros mejores esfuerzos, normalmente, nos afecta. La crítica constante de los demás puede afectar la manera en que nos sentimos en cuanto a nosotros mismos.
La insatisfacción en cuanto a nuestro desempeño puede también desanimarnos. Además, los fracasos del pasado nos pueden hacer sentir, a veces, con pocas esperanzas en cuanto al futuro. Las presiones económicas, las enfermedades y los conflictos, pueden también tener un alto costo emocional.
La vida de Nehemías nos enseña una lección importante en cuanto al manejo del desánimo. Él era un hebreo que vivía en Persia, y que servía como copero del rey. Cuando recibió noticias en cuanto al mal estado de Jerusalén y de la difícil situación del remanente judío que vivía allí se sintió profundamente afligido. En su tristeza por la situación, Nehemías acudió al Señor en oración. Sabía que solamente su gran Dios era capaz de cambiar la situación. De la misma manera, cuando nosotros nos sintamos desanimados, nuestra primera prioridad debe ser clamar a nuestro Padre celestial.
En su oración, Nehemías alabó el maravilloso carácter de Dios, confesó sus pecados y los pecados de los demás, recordó las promesas divinas, y presentó su petición. Sigamos el ejemplo de Nehemías, llevando nuestras tristezas al Señor en oración.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Orar con la actitud correcta


Orar con la actitud correcta

Leer | Proverbios 16.5
En lo que se refiere a nuestra capacidad de escuchar la voz de Dios, pocas cosas tienen más importancia que nuestra actitud. Si venimos a Él con rebeldía u orgullo no podremos escucharle, pues estaremos totalmente desenfocados del Señor. No podemos esperar verle si estamos mirando en la dirección equivocada. Por tanto, necesitamos reexaminar la manera en que nos acercamos a Dios. Específicamente, tenemos que estar conscientes de tres aspectos cruciales:
Primero, debemos venir sumisamente a nuestro Padre celestial, inclinándonos con humildad delante de Él, y dándole las gracias por su accesibilidad. Como dice el versículo de hoy, el orgullo es algo que Dios aborrece absolutamente. Él no tolerará que vengamos a su presencia con arrogancia en nuestros corazones.
Segundo, debemos tener confianza en Dios, sabiendo que Él nos guiará en la dirección correcta, y nunca nos dirigirá por el camino equivocado. Recordar su fidelidad en el pasado puede hacer crecer nuestra confianza.
Tercero, debemos estar agradecidos y expresarlo con palabras, demostrando que reconocemos y apreciamos las innumerables bendiciones que ha derramado sobre nosotros. Debemos demostrar, como se dice, una “actitud de gratitud”.
Si venimos al trono de Dios con sumisión, confianza y gratitud, escucharemos a nuestro Padre. Pero si estas características no están presentes en nuestra vida, es posible que no lleguemos a conocer su mensaje. Piense en su actitud en cuanto a estos tres aspectos, y pídale al Señor que reoriente su corazón y su mente hacia su perfecta voluntad.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Las recompensas de pasar tiempo con Dios


Las recompensas de pasar tiempo con Dios

Leer | Salmo 63.1-8
Comunicarse con Dios es siempre una bendición, pues el creyente que pasa tiempo a solas con el Padre celestial puede esperar grandes recompensas. Por ejemplo, los salmos del rey David hablan a menudo de la paz de su alma y de las energías renovadas que experimentaba por su tiempo en la presencia de Dios. Nuestro espíritu se aquieta con la oración, de modo que la preocupación y la frustración se mitigan. Cuando el Señor nos renueva interiormente, podemos sentir que desaparece la tensión de nuestros músculos. Ni siquiera el poeta David puede explicar cómo sucede, pero la adoración al Señor resulta en nuevas energías en nuestro ser.
Y como si eso no fuera suficiente, nuestras emociones sufren el mismo efecto. Luego de salir del trabajo, termino agotado. Sin embargo, he descubierto que la cura perfecta es sentarme con la Palabra, y pedirle al Señor una renovada sensación de su presencia y de su amor.
A pesar de las grandes recompensas que resultan de pasar tiempo en la presencia de Dios, muchos cristianos evitan hacerlo –especialmente cuando están tratando de ignorar el pecado de sus vidas. Por eso hay que recordar que el Señor está resuelto a purificar nuestros corazones para que podamos ser conformados a la imagen de su Hijo.
De manera que, el deseo de hacer frente a cualquier cosa que ponga estorbos a nuestra conexión con el Padre celestial, llevará a una relación personal más íntima con Él, y traerá muchas otras bendiciones. El tiempo invertido en su presencia siempre es recompensado.

viernes, 1 de septiembre de 2017

El perdón de nuestros pecados


El perdón de nuestros pecados

Leer | Salmo 103.1-5
A lo largo de los años he oído a cristianos decir: “Creo que he cometido un pecado imperdonable”. Y, tal vez, usted también haya dicho lo mismo.
Con base en la autoridad de la Biblia, puedo decirle sin reservas que Dios le ama, y que Él perdona a todos los que ponen su fe en Cristo como Salvador. La Biblia dice que:
• Con su sangre, Jesús pagó toda nuestra deuda de pecado (Mt 26.28). Todo pecado —sin excepción (Col 2.13, 14).
• El perdón es dado a toda persona que cree en Jesús (Hch 10.43), y se mantiene al alcance de todos los creyentes (1 Jn 1.9).
• Nuestro perdón por el pecado se basa en la abundancia de gracia de nuestro Padre celestial, que supera siempre al agravio (Ef 1.7, Ro 5.20).
• Dios no mantiene un registro de los pecados pasados, presentes o futuros para usarlos en nuestra contra (Ro 8.1; 2 Co 5.19).
Para reconciliarnos con Él, envió a su Hijo para morir en nuestro lugar. Aceptó el sacrificio de Cristo como pago total por nuestros pecados. Él ofrece el perdón únicamente sobre la base de nuestra relación con Jesús, no de nuestros méritos. Gracias a nuestra fe en la obra de Cristo en la cruz, podemos estar seguros de que hemos recibido y que seguiremos recibiendo su misericordia divina.
La Biblia nos asegura que no existe transgresión imperdonable para Dios. Esto no es una licencia para pecar, ¡muy al contrario! El perdón divino debe motivarnos a buscar la santidad. Si usted duda del perdón de Dios, lea otra vez los versículos mencionados anteriormente, y agradézcale a Dios por ese regalo tan grande.

Algo tiene que cambiar


Algo tiene que cambiar

Leer | Efesios 4.22-32
¿Por qué es difícil seguir el camino de obediencia? Como dijimos la semana pasada, dentro de todo creyente hay dos tendencias en conflicto: El viejo yo –o “la carne”– y la santidad de la nueva naturaleza en Cristo. Las características de estas inclinaciones opuestas están retratadas en los versículos de hoy. La calidad del perdón, o la falta del mismo, determinarán en gran medida la tendencia que predomina en nuestra vida.
El resultado inevitable de la falta de perdón es la ira, la amargura y el rencor. Al negarnos a perdonar, dejamos que la vieja naturaleza domine y produzca su venenoso fruto. Todos los aspectos de nuestra vida son afectados cuando nos negamos a brindar el perdón que Cristo nos dio con tanta generosidad —en esencia, estamos tratando a quienes nos rodean como no quisiéramos jamás que el Señor nos tratara.
Aunque un agravio puede rompernos el corazón o herir nuestra autoestima, el negarnos a perdonar le impide a Dios redimir la herida. Queremos que Él trasforme a la persona que nos hizo daño y que le haga lamentar lo que hizo, pero a veces, el Señor lo que quiere es transformarnos. El perdón nos ayuda a vivir a la manera de Cristo, y nos permite ver a los demás con ojos de gracia y misericordia.
Lea de nuevo los versículos 31 y 32. ¿Cuál le describe? Como creyentes, anhelamos demostrar las cualidades de nuestra nueva naturaleza, pero el Señor puede producirlas solamente si estamos dispuestos a sustituir ofensas y resentimientos con el perdón de nuestro corazón. Algo tiene que cambiar —deje que sea usted.