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martes, 21 de enero de 2025

No invalidar la gracia de Dios

No invalidar la gracia de Dios
Gálatas 3.1-5

En el versículo 3 del pasaje de hoy, el apóstol Pablo hace una pregunta perspicaz a todos los que han creído en Jesucristo para salvación. Dice: “¿Tan torpes son? Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿pretenden ahora perfeccionarse con esfuerzos humanos?” (NVI). El sutil cambio de confiar en el Señor a confiar en la carne (o en uno mismo) puede pasar desapercibido.

Cuando recibimos la salvación por la fe en Cristo, y experimentamos por primera vez la gracia gloriosa de Dios y la libertad del pecado, sabemos que nunca podríamos haberla obtenido por nosotros mismos. Nos llenamos de gratitud y asombro por haber recibido el regalo de la salvación.

Sin embargo, a medida que crecemos en la gracia y nos sometemos a las disciplinas de la obediencia y el servicio, comenzamos a acumular un registro de buenas obras y comportamiento cristiano. Por tanto, si no somos cuidadosos, podemos comenzar a confiar en nuestra piedad y obediencia, en vez de hacerlo en la obra del Espíritu Santo en nuestra vida.

Hay algo dentro de nuestra humanidad caída que anhela atribuirse el mérito por el bien que hacemos. Reconocemos sin dificultad que somos salvos por gracia, pero luego asumimos que vivir de acuerdo a la Palabra depende de nosotros; que Dios hizo su parte al salvarnos, y ahora debemos hacer la nuestra.

Solo al tener una visión grande de Dios, y una visión pequeña de nosotros podemos ver que no añadimos nada a nuestra salvación.

Tampoco podemos reclamar el crédito por la obra que el Espíritu Santo hace en nosotros y por medio de nosotros cuando nos santifica y madura en Cristo.

martes, 13 de enero de 2015

Devocional

Lectura 13 de Ene -   "Y al que a mí viene, no le echo fuera." Juan 6: 37.   ¿Hay algún caso en el que nuestro Señor hubiere echado fuera a alguien que viniera a Él? Si existiera un caso así, nos gustaría conocerlo; pero no ha habido ningún caso, y nunca lo habrá. Entre las almas perdidas en el infierno no hay una sola que pudiera decir:"yo vine a Jesús, y Él me rechazó." No es posible que tú o yo fuéramos los primeros a quienes Jesús no les cumpla Su palabra. No abriguemos una sospecha tan oscura.  Supongan que acudimos a Jesús en relación a nuestros males de hoy. De esto podemos estar seguros: Él no nos denegará una audiencia, ni nos echará fuera. Aquellos de nosotros que hemos ido con frecuencia a Él, y aquellos que no han ido nunca antes: vamos juntos, y comprobaremos que Él no cerrará en la cara de ninguno de nosotros la puerta de Su gracia.  "Este a los pecadores recibe" , pero a nadie desecha. Venimos a Él en debilidad y pecado, con temblorosa fe, escaso conocimiento, y tenue esperanza; pero Él no nos echa fuera. Venimos por medio de la oración, y esa oración es imperfecta; con confesión, y esa confesión es deficiente; con alabanza, y esa alabanza no tiene muchos méritos; sin embargo, Él nos recibe. Venimos enfermos, contaminados, desgastados, e indignos; pero Él no nos echa fuera. Vengamos de nuevo a Él hoy, pues nunca nos echa fuera. 

lunes, 12 de enero de 2015

Devocional

Lectura 12 de Enero -   "Porque el Señor no desecha para siempre." Lamentaciones 3: 31.

  Él podría desechar por un tiempo, pero no para siempre. Una mujer podría prescindir de sus adornos por unos cuantos días, pero no los olvidará, ni los arrojará sobre el muladar. El Señor no acostumbra desechar a aquellos a quienes ama: pues"como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin." Algunos hablan de estar en la gracia o fuera de la gracia, como si fuéramos conejos que entran y salen de sus madrigueras: pero, en verdad, no es así. El amor del Señor es un asunto más serio y permanente que eso.  Él nos eligió desde la eternidad, y nos amará a lo largo de toda la eternidad. Él nos amó de tal manera como para morir por nosotros, y por tanto podemos estar seguros de que Su amor no morirá nunca. Su honor está tan involucrado en la salvación del creyente, que no puede desecharlo como tampoco podría desechar Su propias vestiduras correspondientes a Su oficio de Rey de gloria. ¡No, no! El Señor Jesús, como Cabeza, nunca desecha a Sus miembros; como Esposo, nunca desecha a Su esposa.  ¿Ustedes pensaron que eran desechados? ¿Por qué pensaron tan mal del Señor que los ha desposado con Él? Desechen tales pensamientos, y no permitan nunca que se alojen en su alma otra vez."No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció." (Romanos 11: 2) "Él aborrece el repudio." (Malaquías 2: 16).  
Enviado desde el Templo Cristiano Pasos de Fe
Av. Fermin Errea 1386
Mar del Plata - Argentina
E-mail: pasosdefe@hotmail.com.ar