jueves, 29 de enero de 2026

Límites a la tentación



Límites a la tentación
1 Corintios 10.1-13

A pesar de lo que podamos sentir, los cristianos no somos impotentes ante la tentación. Tampoco estamos solos en esta lucha. Incluso Cristo fue tentado, pero a diferencia de nosotros, nunca pecó (He 4.15). Puesto que el Señor entiende nuestra lucha, podemos acercarnos a Él en busca de ayuda en cada tentación.

La ayuda de Cristo viene en una variedad de formas. Primero, podemos aprender una lección de cómo usó las verdades bíblicas para refutar las mentiras de Satanás (Mt 4.1-11). Luego, podemos ser instruidos por el ejemplo negativo de los israelitas, que “codiciaron cosas malas” y sufrieron las consecuencias (1 Co 10.6). La Biblia nos advierte que no pensemos que no podríamos caer cuando seamos tentados (1 Co 10.12). Por último, es alentador saber que Dios ha puesto límites a las tentaciones que permite que experimentemos (1 Co 10.13). Considere lo que revela esta promesa en cuanto a Él:

Dios es fiel. Como nuestro Padre amoroso, Él vela por nosotros. Sabe justo a qué nos enfrentamos, y nos proporciona una manera de salir victoriosos.

Dios es poderoso. Satanás no tiene vía libre para atacarnos y tentarnos. Cada seducción que viene en nuestro camino es controlada por el Señor, quien no nos dejará ser tentados más allá de lo que seamos capaces de soportar.

Dios es todo lo que necesitamos. El Señor nos proporciona una vía de escape, por lo general a través de su Palabra, el Espíritu Santo y la oración, para que podamos soportar la tentación sin caer.

Cuando se sienta tentado y quiera darse por vencido, recuerde a quién pertenece, lo que Él ha prometido y lo que ha provisto para darle la victoria.

miércoles, 28 de enero de 2026

La lucha con la tentación


La lucha con la tentación
Santiago 1.13-15

De todas nuestras luchas,  quizás la más perturbadora y perjudicial sea la tentación. Esta puede variar, pero la presión nunca disminuye. Antes de que nos demos cuenta, una pequeña mentira sale de nuestra boca, una mirada casual se convierte con rapidez en una mirada lujuriosa, o un ansia abrumadora nos hace incapaces de resistir.

Las tentaciones pueden surgir de tres fuentes: de nuestra tendencia carnal y humana a envolvernos en el pecado incluso después de la salvación; de la mentalidad del mundo que nos rodea, con sus promesas de satisfacción y placer; y de las fuerzas demoníacas que buscan alejarnos de las decisiones correctas. 

Pero la lectura de hoy nos asegura que las tentaciones nunca provienen de Dios. 

Cuando somos tentados, y lo buscamos, Dios nos fortalecerá para que podamos resistir y seguir adelante en obediencia. 

Nuestro Padre no quiere que fracasemos. Por el contrario, desea que sus hijos salgamos aprobados después de la prueba.

Es conveniente entender cómo se origina la tentación. El primer paso en el proceso es un pensamiento. En esta etapa, el pecado aún no se ha producido, pero si comenzamos a regodearnos en el pensamiento, entonces el deseo echa raíces e imaginamos los placeres que podrían producirnos. 

Según Mateo 5.28, en este punto el pecado ya ha ocurrido. En el Sermón del monte, Jesucristo amplificó la interpretación de la ley de Dios para incluir no solo acciones sino también pensamientos, motivos y deseos pecaminosos (véase Mateo 5.17-48).

El momento para detener una tentación es el primer pensamiento. Dios quiere que lo dejemos pasar, que lo invoquemos en oración, y permanezcamos firmes en obediencia a Cristo.

martes, 27 de enero de 2026

Nuestro compañero incomparable


Nuestro compañero incomparable
Juan 14.15-17

Tener un amigo fiel es una de las mayores bendiciones de Dios. No importa lo que esté pasando en su vida, puede contar con que esa persona estará a su lado. Sin embargo, no hay garantía de que no perderá a ese amigo. 

Circunstancias inevitables como mudarse, la enfermedad o la muerte pueden llevarse a su compañero, pero si usted es cristiano, tiene un amigo que nunca le abandonará.

Ese amigo es el Espíritu Santo, a quien el Señor llamó Consolador o Ayudador. No es un amigo que entra y sale de nuestra vida cuando le conviene. Cuando Él viene a morar en nuestro ser se queda para siempre (Jn 14.16).

En la mayoría de las relaciones humanas, tratamos de evitar el uso de afirmaciones negativas como: “Siempre llegas tarde” o positivas como: “Siempre puedo contar contigo”. Sin embargo, en el caso de las positivas, son declaraciones apropiadas cuando se aplican al Espíritu Santo. 

Observe cómo lo describió el Señor Jesús:
• “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14.26).

• “Él dará testimonio acerca de mí” (Jn 15.26).

• “Él os guiará a toda la verdad” (Jn 16.13).

• “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Jn 16.15).

A lo largo de las epístolas del Nuevo Testamento, encontramos más descripciones de este maravilloso compañero. Su ministerio en nuestra vida es diverso, y sus logros en y a través de nosotros son muchos. ¡Cuán ricos somos al tener el Espíritu Santo! Él es un amigo más unido que un hermano.


Las prácticas de madurez


Las prácticas de madurez
Hebreos 5.12-14

Los creyentes estamos en un camino de crecimiento continuo.  Cada uno tiene la responsabilidad de seguir adelante hacia la madurez. 

Aunque mucha gente piensa que aquellos que saben mucho acerca de la Biblia son espiritualmente maduros, Hebreos 5.14 añade el elemento de la práctica a la ecuación del crecimiento. Esta palabra significa una costumbre o hábito. El crecer espiritualmente requiere hábitos piadosos que se llevan a cabo cada día.

La práctica más importante a cultivar es un tiempo devocional personal. Ya que Dios es la fuente de todo desarrollo espiritual, usted no puede desatender a Dios y esperar madurar. La transformación comienza con el tiempo en su Palabra y la oración.

La obediencia es otro elemento esencial para el progreso. Cuando nuestro deseo de obedecer al Señor es más fuerte que nuestra atracción por el pecado, sabremos que estamos progresando en nuestra vida espiritual.

En términos de desarrollo físico, el objetivo es ser más independientes a medida que envejecemos. 

Pero en el ámbito espiritual, debe ocurrir todo lo contrario. Quienes son maduros en Cristo reconocen su propia insuficiencia y dependen del Espíritu Santo, cuya tarea es transformar nuestro carácter y capacitarnos para realizar lo que el Señor nos llama a hacer.

A los ojos de Dios, la madurez no es lo mismo que envejecer. Al profundizar en las Sagradas Escrituras y desarrollar hábitos agradables a Dios, podemos usar nuestros años para crecer más fuertes en el Señor, en vez de perder el tiempo con pasividad. Nadie madura por accidente. El crecimiento espiritual requiere una búsqueda diligente de Dios.

viernes, 23 de enero de 2026

Un barómetro para el crecimiento espiritual


Un barómetro para el crecimiento espiritual
1 Corintios 13.11-13

Ya que nuestro Padre quiere que maduremos en la fe,  debemos examinar nuestra vida para ver si estamos progresando en este aspecto. El crecimiento físico es bastante fácil de evaluar; todo lo que se necesita es una cinta métrica. 

Pero, ¿cómo  podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? Comencemos por considerar cómo se desarrollan los niños.

Deseos. ¿Ha notado que los juguetes de su infancia ya no le interesan? El proceso de maduración también cambia nuestros deseos en el ámbito espiritual. Cuando estamos creciendo, los placeres del mundo pierden su atractivo, mientras que nuestra hambre por Dios y su Palabra aumentan. Estamos ansiosos de estar con Él y compartir con otros lo que está haciendo en nuestra vida.

Entendimiento. Cuando usted era un niño, su percepción del mundo era muy limitada. De la misma manera, nos falta entendimiento espiritual cuando somos creyentes nuevos. Pero, con el tiempo, comenzamos a ver la vida desde la perspectiva de Dios. Las pruebas y las tentaciones se convierten en oportunidades de crecimiento, y el servicio al Señor llega a ser un honor en vez de una carga.

Abnegación. La señal más evidente de la inmadurez de un niño es su egoísmo. ¡Quiere lo que quiere, y lo quiere ya! Espero que usted ya no actúe de esa manera. Un creyente maduro es sumiso al Señor y se interesa más por los demás que por sí mismo.

La mayor evidencia de madurez es el amor. Cuando el Señor y otras personas tienen el primer lugar en nuestro corazón, es entonces cuando más nos parecemos a Cristo.

miércoles, 21 de enero de 2026

La verdad le hará libre


La verdad le hará libre
Juan 8.31-36

La libertad es algo que nos encanta a todos, pero ¿de verdad sabemos lo qué es? Algunas personas piensan que significa no tener límites, restricciones o responsabilidades. Pero eso, en realidad, es a lo que Dios llama rebeldía, pues es rechazar la autoridad, ya que cada quien hace lo que bien le parece (1 S 12.14-15). 

La verdadera libertad es ser libre de la esclavitud del pecado, y eso solo es posible por medio de Jesucristo.

El primer paso hacia la libertad es reconocer donde estamos encarcelados. Las personas que no han recibido a Cristo como Salvador son esclavos del pecado y de la incredulidad. No pueden creer en Dios ni en las promesas de la Biblia, debido a que el pecado les impide ver que necesitan un Salvador.

Incluso los seguidores de Cristo pueden estar esclavizados por el pecado, a pesar de los constantes intentos por dejarlo. Pero, para algunos de nosotros, la lucha es con un tipo de esclavitud más sutil. Los sentimientos de inferioridad, inseguridad, rechazo o inutilidad pueden enturbiar nuestras respuestas ante los desafíos de la vida al alterar nuestra capacidad de pensar o actuar, mientras socavan nuestra fe y nuestra obediencia a Dios.

El Señor quiere que andemos en libertad, y por ello describe el camino. Él dice que si nos mantenemos en la Palabra de Dios, conoceremos la verdad, y ella nos hará libres (Jn 8.31-32). Antes que nada, somos liberados del pecado y de su condenación por medio de la fe en Cristo. Luego, a medida que leamos y meditemos en la Biblia, nuestra mente, voluntad y emociones cambiarán. Los pecados que una vez nos atrajeron se volverán repugnantes, y las cárceles emocionales se abrirán al descubrir nuestra identidad en Cristo.


martes, 20 de enero de 2026

El amor incondicional de nuestro Padre celestial


El amor incondicional de nuestro Padre celestial
Romanos 5.8

Muchos hemos escuchado desde la niñez que el Señor nos ama. 
Sin embargo, no es hasta que empezamos a entender la verdadera naturaleza de su amor interminable, que nuestras vidas comienzan a cambiar drásticamente; la ansiedad es sustituida por la paz, la depresión por el gozo, y el temor por la confianza.

El versículo bíblico de hoy nos dice que mientras vivíamos en rebelión contra Dios, por su amor envió a Cristo a la cruz para pagar el precio final por nuestra redención. En otras palabras, Dios no esperó nuestras disculpas, ni siquiera nuestro reconocimiento de Él. No. 

El Todopoderoso nos amó tanto que envió a su Hijo a morir en nuestro lugar mientras estábamos hundidos en el pecado.

Esto no encaja con nuestra comprensión humana del amor. Gran parte de nuestra preocupación por los demás es condicional, quizás con la excepción del cuidado de nuestros hijos y familia. A menudo proyectamos esta imagen imperfecta sobre el Señor. Es difícil imaginar que exista un amor más grande que el que podemos dar.

Por fortuna, Dios no está restringido por nuestra visión de Él. De hecho, su cuidado es tan grande que cuando confiamos en Él, ¡nos llama sus hijos y nos adopta! Y nuestro Padre promete que nada puede separarnos de Él (Ro 8.38-39).

Al leer la Biblia, enfóquese en versículos que hablan del amor del Padre celestial. Pídale que le ayude a comenzar a comprender cuán grande es su amor.

Ponga por escrito lo que aprenda, para que lo tenga a mano cuando la culpa o la duda se cuelen en su mente. ¡Qué paz tan grande hay para los cristianos en el amor infalible e incondicional del Todopoderoso!

lunes, 19 de enero de 2026

El punto de vista de Dios en cuanto a la humanidad


El punto de vista de Dios en cuanto a la humanidad
Hebreos 2.16-18

Para entender los caminos del Señor, debemos comprender su perspectiva en cuanto a la humanidad. A menudo, confiamos en nuestro punto de vista humano en vez de tratar de vernos a través de sus ojos. Consideremos tres elementos de la perspectiva de Dios acerca de la humanidad:

Creada a imagen de Dios. De toda la creación, solo el hombre y la mujer fueron hechos a imagen de Dios (Gn 1.26-27). Tenían mente, voluntad y emociones, así como un espíritu que les permitía adorar y relacionarse con Dios. Siendo sin pecado y perfectos, fueron diseñados para relacionarse de manera personal con el Creador.

Corrompida por el pecado. Pero un acto de desobediencia rompió la relación que tenían con el Señor (Is 59.2). La imagen divina fue desfigurada por el pecado, que se infiltró en la naturaleza humana y corrompió a cada persona nacida desde entonces. La humanidad estaba espiritualmente muerta, sin esperanza, y condenada ante un Dios santo.

Digna de redención. A pesar de todo, el Señor los consideró dignos de restauración. Por medio de la obra redentora de su Hijo, todos los que creen en Cristo son nacidos de nuevo espiritualmente, y la relación rota entre Dios y el hombre es reparada (Col 1.13-14).

Entre el ritmo y las pruebas de la vida, perder de vista la perspectiva divina es muy fácil. Cuando somos abrumados por la crítica, los problemas o el sufrimiento, es vital reconocer nuestro valor a los ojos del Señor. Esa conciencia puede vigorizar nuestro servicio y renovar nuestro amor por Aquel que se entregó para reconciliarnos con Dios.

viernes, 16 de enero de 2026

Lo que necesitan los discípulos


Lo que necesitan los discípulos
Colosenses 1.25-29

Todos estamos familiarizados con las últimas instrucciones del Señor a sus seguidores; Mateo 28.19 dice que hagamos discípulos y los bauticemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero el versículo que sigue contiene un segundo aspecto del mandato: 

“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Por lo general, asociamos la Gran Comisión con la evangelización, pero el bautismo y la obediencia a Cristo también son importantes porque son expresiones públicas de la fe de un discípulo.

En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo explica la razón para proclamar a Cristo y amonestar y enseñar a los creyentes: 

“A fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Colosenses 1.28). Guiar a alguien a la salvación sin enseñarle la Palabra de Dios es equivalente a dejar que un bebé recién nacido se las arregle solo. 

La salvación da inicio al proceso de aprendizaje de obediencia y crecimiento hacia la madurez espiritual, el cual dura toda la vida.

Además, no podemos limitar la tarea de enseñar a pastores y misioneros, como tampoco podemos decir que solo ellos están llamados a evangelizar. A toda la iglesia se le ha dado la tarea de hacer discípulos y enseñarles a obedecer al Señor. En vez de sentarse en los servicios de la iglesia, la escuela dominical y los estudios bíblicos para beneficiarnos del conocimiento obtenido, pasemos a los demás lo que hemos aprendido.

La enseñanza no es el rol exclusivo de aquellos que se paran en el púlpito. Es algo que puede hacerse de manera individual. Piense en todo lo que usted ha aprendido desde que fue salvo. ¿Qué puede compartir con alguien más, que ayudará a esa persona a crecer en Cristo?


jueves, 15 de enero de 2026

Esperanza en medio del sufrimiento


Esperanza en medio del sufrimiento
2 Corintios 12.7-10

Todos pasamos por momentos angustiosos en la vida. Pero, como hijos de Dios, podemos animarnos con la seguridad de que nuestro dolor no es en vano.

Algunas veces, nuestro dolor es para el beneficio eterno de otros; Dios lo usa para revelar la autenticidad de nuestra fe, para que otros puedan verla y ser atraídos a su Hijo (1 P 1.7). Según la manera en que respondemos ante la adversidad, nuestra fe en Cristo se vuelve visible para quienes nos rodean. 

Los creyentes cobrarán ánimo, y los interesados en los asuntos espirituales nos harán preguntas sobre nuestra fe.

Otras veces, Dios usa las pruebas para enseñarnos a obedecer; Hebreos 5.8 nos dice que aun nuestro Salvador aprendió la obediencia por lo que sufrió. Otro propósito de las dificultades es ampliar nuestro ministerio. El encarcelamiento del apóstol Pablo le permitió ministrar entre los guardias, lo que resultó en la salvación de muchos.

Las dificultades pueden ser la herramienta del Señor para evitar que suceda un problema, como la dolencia de Pablo no identificada que impedía que se volviera orgulloso. 

Cuando la desobediencia amenaza nuestro andar con Dios, Él tomará las medidas necesarias para que volvamos a Él. El Señor puede permitir que una necesidad permanezca insatisfecha o que perdamos algo que apreciamos. Su plan es que confesemos nuestro pecado y volvamos a Él.

Puede que no sepamos las razones para nuestros sufrimientos, pero la elección más sabia que podemos tomar es confiar en el Padre celestial. Después de todo, Aquel que nos salvó mediante el sacrificio de su Hijo, ha prometido usar nuestro sufrimiento para producir bien (Ro 8.28).

miércoles, 14 de enero de 2026

Dios usa nuestro sufrimiento


Dios usa nuestro sufrimiento
Hebreos 12.10-11

La vida de José implicó mucho sufrimiento. El joven fue traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo, encarcelado injustamente y olvidado. 
Pero cuando se reveló el plan de Dios, José declaró que era bueno (Gn 45.7-8).

La Biblia nos dice que el Señor tiene diversos propósitos para el dolor que experimentamos. Uno de ellos es desarrollar rectitud en nosotros. Por desear que caminemos en santidad delante de Él, Dios utiliza la disciplina para alejarnos del pecado y hacernos más fructíferos. Utilizará personas y circunstancias difíciles para eliminar cualquier “madera muerta” —actitudes, comportamientos y relaciones que no corresponden con un hijo de Dios (Ef 4.25, 29, 31). 

A pesar de que el sufrimiento no sea agradable, puede entrenarnos de manera efectiva para producir una vida de santidad.

Dios también usa el sufrimiento para que se manifieste la vida de Cristo en nosotros. Para que eso suceda, debemos aprender a depender de Él, tanto en palabras como en hechos. Si las circunstancias no nos presionaran, es probable que seguiríamos nuestro propio camino. Pero debemos ser como el Señor Jesús, que confió en su Padre, sin importar qué tan fácil o difícil se volviera la situación. Como embajadores de Cristo, debemos ser ejemplos vivientes de su carácter. 

Esto puede significar perdonar a nuestros enemigos, soportar nuestras cargas con paciencia o encontrar gozo en medio de la tristeza como lo hacia Él. Nuestro testimonio no será perfecto, pero debemos demostrar un creciente “parecido” con el Señor.

La vida está llena de problemas. Pero en las manos del Dios amoroso, nuestro sufrimiento es utilizado para propósitos eternos.

martes, 13 de enero de 2026

Poner la otra mejilla


Poner la otra mejilla
Mateo 5.38-42

El pasaje bíblico que habla de poner la otra mejilla puede desconcertarnos. ¿Debemos ser indiferentes mientras alguien nos golpea física o emocionalmente? Ese no es el mensaje que Cristo estaba dando. Cuando dio el Sermón del monte, expandió la obediencia externa a la Ley para incluir actitudes y motivos.

El refrán “ojo por ojo y diente por diente” viene de Éxodo 21.23-25, una ley del Antiguo Testamento que describe las penas apropiadas por lesiones. Algunos interpretaron que esto permitía tomar represalias por parte del gobierno civil. Pero Cristo estaba presentando una mejor opción: el camino del amor.

El orgullo, sin duda, provocará un deseo de venganza si un compañero de trabajo se atribuye el mérito de nuestro esfuerzo, o si un miembro de la familia nos humilla una y otra vez. Sin embargo, “ No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto. Al contrario, devuelvan bendición, (1 P 3.9 DHH).

En la práctica diaria, la reacción correcta depende de la situación. Es posible que tengamos que ignorar las acciones de la otra persona, alejarnos del abuso o enfrentarnos a nuestro enemigo. En vez de tratar de vengarnos, debemos tratar de entender a la persona y la razón de cualquier animosidad.

Dios tiene lecciones que debemos aprender en situaciones difíciles como estas. Cuando sufrimos un trato injusto, seguimos los pasos de Cristo. 
Nadie fue tratado más injustamente que el impecable Hijo de Dios. 

Sin embargo, Él “no replicaba con insultos” y “no amenazaba”, sino que seguía confiando en su Padre, sabiendo que juzga con justicia (1 P 2.20-23). Sin duda, Dios puede también manejar nuestros agravios si reaccionamos a la manera de  Cristo.


lunes, 12 de enero de 2026

Bendecir a nuestros enemigos

Bendecir a nuestros enemigos
Lucas 6.27-28

A medida que nos llegan las historias de la iglesia perseguida, sabemos de cristianos que responden con gracia y dignidad inimaginables a encarcelamientos, golpizas y acoso. Estos santos han aprendido a obedecer el mandato de Cristo de “amad a vuestros enemigos” (Lc 6.27), aun en las circunstancias más duras.

Puede que nunca enfrentemos persecución física por nuestra fe, pero nos encontraremos con personas que nos odian y nos maltratan. La reacción más natural es tenerle aversión a cambio, pero albergar mala voluntad y amargura ahoga nuestro testimonio y envenena nuestras almas. 

Por el contrario, el Señor nos dice que amemos a nuestros adversarios y los tratemos bien.

La palabra en griego para este tipo de amor es agape; no se trata de un sentimiento basado en la simpatía o el favor de la otra persona hacia nosotros, sino es un acto voluntario en el que decidimos hacer lo que es mejor para la otra persona. Es el tipo de amor que Dios tiene y, por tanto, no es algo que podamos generar. Pero mientras el Espíritu Santo produce su fruto, el amor ágape fluirá a través de nosotros, aun a nuestros enemigos.

Cuando alguien nos hace mal o nos lastima, es una oportunidad de ser testigos de Cristo. En vez de albergar animosidad o buscar venganza, se nos dice que oremos por nuestro adversario. En vez de rogarle al Padre que derrote a nuestro enemigo, podemos pedirle la fortaleza para expresar amor cristiano. Esa es la clase de oración que Dios se complace en responder. Y cuando tenemos el privilegio de satisfacer la necesidad de alguien que nos desprecia, podemos ver un cambio asombroso en la vida de esa persona.

viernes, 9 de enero de 2026

La oración efectiva

La oración efectiva
Juan 15.7-11

Nunca he conocido a un cristiano que no desee tener una vida de oración efectiva. Todos anhelamos ver al Señor responder nuestras oraciones e intervenir en las preocupaciones y necesidades que le presentemos, pero ¿estamos dispuestos a hacer lo que se requiera? 

La promesa de Cristo está ligada a dos prerrequisitos que encontramos en el versículo 7 del pasaje de hoy.

“Si permanecéis en mí”. Permanecer significa perseverar, morar o continuar, y de acuerdo con 1 Juan 3.24, permanecer en Cristo se caracteriza por guardar sus mandamientos. Por consiguiente, si queremos orar con efectividad, debemos comprometernos a obedecer a Dios. 

Cualquier rebelión nos roba la sabiduría que necesitamos para saber cómo orar y dificulta nuestra comunión con el Padre, impidiendo que Él nos escuche y responda a nuestras peticiones.

“Y [si] mis palabras permanecen en vosotros”. Debemos preguntarnos: ¿La Palabra de Dios permanece, habita y continúa en mí? ¿Me interesa más hablar con Dios en oración, que escuchar lo que Él ha dicho en su Palabra? La Biblia es la base para la oración efectiva. Cuando leemos y meditamos en la Palabra de Dios, ella nos convence de pecado para que nos arrepintamos y seamos limpiados. 
Las Sagradas Escrituras ajustan nuestro enfoque, de las prioridades terrenales a las celestiales. También da forma a nuestros pensamientos para alinearlos con los de Dios, para que sepamos cómo orar de acuerdo con su voluntad.

No hay atajos para una vida de oración fructífera. Debe ser cultivada por medio de un estilo de vida de obediencia y dedicación a la Palabra, las cuales se cultivan durante toda la vida, y glorifican a Dios al dar frutos duraderos.


jueves, 8 de enero de 2026

Andar en la luz

Andar en la luz
Efesios 5. 6-16

Cuando andamos en santidad, cambiamos la dirección de nuestra vida vieja y dejamos una huella dondequiera que vamos. Consideremos ahora un aspecto más de esta nueva vida: caminar en la luz. (1 Juan 1.5-7).

En 2 Corintios 6.14, el apóstol Pablo nos desafía a considerar esta pregunta: “¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. Nos dice que, así como Cristo y Satanás no pueden tener comunión el uno con el otro, tampoco pueden tener compañerismo el bien y el mal. En otras palabras, el pecado debe convertirse en algo extraño para todos los que conocen a Cristo como Salvador. Su Espíritu Santo nos ayuda a ser sensibles a la presencia del pecado.

La Biblia dice que antes de venir a Cristo, no solo estamos en tinieblas, sino que somos tinieblas. Los impíos tienen oscurecido su entendimiento, son ignorantes de la verdad, y están encallecidos en sus corazones y endurecidos en su espíritu; se han entregado al pecado. Todo esto cambia cuando una persona pone su fe en el Señor. El creyente experimenta el perdón y la redención, y sucede algo maravilloso: la oscuridad es reemplazada con la luz y la justicia de Dios.

A todos los que eligen seguir a Dios se les da una nueva naturaleza (Efesios 5.17), pero los patrones del viejo yo permanecen. Usted puede pensar que, debido a que a veces lucha con el pecado, la vida de santidad es un objetivo inalcanzable. Pero no son sus propias fuerzas las que le hacen santo, sino el Espíritu Santo que mora en su corazón. 

Cuando usted hace de Cristo el centro de su vida y decide andar en su luz, Él le da poder para vivir en santidad.


Un estilo de vida de obediencia

Un estilo de vida de obediencia
Génesis 6.9-22

Un estilo de vida de obediencia requiere compromiso y perseverancia. Noé necesitaba ambas cosas mientras obedecía las instrucciones del Señor de construir una gran barca con techo, puertas y tres cubiertas. Dios explicó las medidas exactas, el tipo de madera a usar, y la manera de hacer hermética la embarcación. Era esencial que Noé obedeciera todos los detalles si el arca albergaría a todos los animales y mantenerse a flote.

Las Sagradas Escrituras no describen cómo reaccionó ante el proyecto, pero podemos imaginar la incredulidad y el rechazo que experimentó Noé. Pero él trabajó fielmente hasta el final y “Noé hizo todo exactamente como Dios se lo había ordenado." (Gn 6.22 NTV).

El Señor quiere que sigamos sus instrucciones con precisión. Pero nos gusta agregar algunos de nuestros deseos y preferencias a su plan. 

Somos como un niño cuyo padre le asigna tres tareas. La primera la hace de manera satisfactoria, la segunda la posterga hasta otro día, y la tercera la omite porque la considera innecesaria. Esto no es obediencia. En nuestro caso, sabemos que estamos llamados a mostrar compasión y bondad, perdonando a otros como el Señor nos perdonó (Col 3.13). Pero nuestra naturaleza humana quiere escoger qué partes de la Biblia obedeceremos. Como creyentes, debemos tener presente que Dios honra a aquellos que le siguen de verdad (Jn 12.26).

Muchas personas de la Biblia vieron la obediencia como su objetivo. Abraham decidió ir adonde Dios lo guiara. Moisés se sentía inadecuado, pero aun así obedeció el plan de Dios. Pablo cambió para convertirse en discípulo de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que le dé poder para obedecer la senda de la rectitud.

La prioridad de la obediencia

La prioridad de la obediencia
Lucas 6.46-49

El Creador dio a Adán y Eva dos mandamientos: primero, llenar la tierra y gobernarla; y, segundo, no comer de cierto árbol del huerto (Gn 1.28; 2.17). 

Debido a que escogieron desobedecer, su relación con Dios se rompió, y tuvieron que dejar el Edén.

La rebelión de la primera pareja no solo afectó sus vidas, sino también tuvo implicaciones mucho más amplias: todas las generaciones futuras sufrirían. En Romanos 5.12-19, el apóstol Pablo explica por qué. Por la transgresión de un hombre, Adán, el pecado hizo su entrada al mundo, y resultó la muerte para toda la humanidad. Debido a que Adán era la cabeza de la humanidad, su desobediencia afectó a todos los que nacieron después de él. Cada persona comienza con un alejamiento del Señor y un deseo de rebeldía.

En contraste, Jesucristo hizo de la conformidad con la voluntad del Padre celestial la prioridad de su vida. Obedeció a Dios tanto en palabra como en obra. (Véase Juan 8.28-29). Habiendo tenido una vida perfecta, sin pecado, cumplió con todo lo necesario para ser nuestro Salvador (2 Co 5.21). Por la muerte de un hombre, Cristo Jesús, se pudo pagar por las transgresiones de toda la humanidad. La aceptación de Dios del sacrificio del Hijo nos trajo el perdón y la libertad del poder del pecado.

La desobediencia de Adán trajo juicio y muerte, mientras que la obediencia de Cristo resultó en nueva vida para todos los que creen en Él (Ro 6.4). Nuestro Salvador nos llama a renunciar a deseos egoístas, sacrificarnos y seguirle (Mt 16.24). La vida consagrada de un creyente honrará a Cristo y guiará otros hacia Él.


Cómo expresar gratitud a Dios


Cómo expresar gratitud a Dios
Salmo 100

Si usted es cristiano, uno de los métodos mencionados con más frecuencia para dar gracias es el canto. Las canciones a menudo pueden decir lo que siente nuestro corazón pero le resulta difícil expresar. A medida que las palabras de nuestros himnos o canciones de alabanza favoritos fluyen de nuestros labios, se nos recuerda quién es Dios y la magnitud de su salvación y su amor por nosotros. Pero cantar no está reservado solo para el templo. Cuando estamos llenos de gratitud, podemos encontrarnos tarareando canciones que magnifican al Señor dondequiera que estemos.

Otra manera de expresar gratitud es servir a Dios, ya sea por medio de actos de bondad, al enseñar en la escuela dominical o en el estudio bíblico, al servir en un ministerio, al cuidar de los desamparados, al compartir el evangelio con quienes no conocen a Cristo, al ayudar a alguien en necesidad, o al dar para los necesitados. 

Cada una de estas cosas puede ofrecerse a Dios con una actitud de acción de gracias por todo lo que Él ha hecho por nosotros.

En última instancia, mostramos al Señor nuestra gratitud mediante la obediencia. Una vida de santidad fluye de un corazón lleno de agradecimiento por la gracia, la misericordia, el amor y la salvación de Dios. En vez de vivir para nosotros y para nuestros placeres, desearemos exaltar a Cristo en todo lo que hagamos, digamos y pensemos. Y al permitir que el Espíritu de Dios nos controle, nos capacitará siempre para vivir de una manera agradable y que le honre.


martes, 9 de septiembre de 2025

Jugando con fuego

Jugando con fuego
Proverbios 6.20-35

El respeto por la autoridad no siempre es automático. La historia acerca de un nuevo entrenador de fútbol ilustra lo que quiero decir.

Un día, antes de la práctica, el entrenador colocó un letrero que decía: “No pisar el césped”. Alrededor de la mitad del equipo obedeció la orden, mientras que la otra mitad no lo hizo; el aviso no tenía sentido para ellos, ya que la práctica siempre se celebraba en ese campo. Más tarde, el entrenador explicó que había puesto a prueba a los jugadores para ver quiénes probablemente seguirían su plan de juego, y quienes no. Él aprendió mucho en esos pocos minutos.

El Señor nos enseñó específicamente a no ceder a los deseos de la carne.

La Biblia también nos advierte claramente acerca de los peligros de ir más allá de los límites de la voluntad protectora de Dios. En el Sermón del monte, Jesús explicó con más detalle las enseñanzas del Antiguo Testamento, diciendo que no solo nuestras acciones sino aun la actitud del corazón, pueden transgredir los límites fijados por Dios (Mt 5.28).

Si usted se hace regularmente un “chequeo del corazón”, eso le revelará cuál es su situación, y le ayudará a mantenerse a salvo. Pregúntese: ¿Cuál es mi reacción a los límites fijados por Dios?, y recordar después que son para su propio bien.

¿Pone usted a prueba los límites del Señor para ver qué tan fuertes son? ¿Cuestiona usted los preceptos de Dios antes de aceptarlos? Someterse al plan de Dios brinda seguridad y bendición (Dt 11.27). Confiese cualquier resistencia, y pídale a Dios que le dé las fuerzas para someterse a Él.

Cómo manejar los conflictos y las críticas

Cómo manejar los conflictos y las críticas
Filipenses 1.12-18

Durante su reclusión en una cárcel romana, el apóstol Pablo escribió una de sus cartas más jubilosas y alentadoras. En esta epístola a la iglesia en Filipos, el apóstol usó sus circunstancias como una oportunidad para ser ejemplo de la manera en que se deben manejar los conflictos y las críticas.

Es claro por este y otros pasajes, que Pablo tuvo que lidiar con conflictos importantes, incluso con miembros de la iglesia en Roma. Algunas personas estaban molestas porque Pablo predicaba a los gentiles, en vez de hacerlo exclusivamente a los judíos. Tampoco les gustaba que enseñara la salvación por la gracia, no por la ley. Las palabras de Pablo revelan que algunas personas estaban enseñando el mensaje con una motivación muy diferente a la suya.

Notemos que Pablo respondió con una actitud positiva. El tono de su carta es de aliento y esperanza. No arremetió contra sus críticos; tampoco se defendió personalmente. Defendió su mensaje, el evangelio verdadero, pero lo hizo con amor, no con dureza.

Pablo enfatizó el lado positivo. Se regocijó porque, aunque la motivación fuera por sinceridad o por envidia, Jesucristo estaba siendo anunciado, y el mensaje del evangelio verdadero estaba siendo propagado. Pablo estaba tan preocupado por las almas de los demás, que respondió con generosidad en vez de egoísmo.

Pídale a Dios que le ayude a mantenerse en el mismo rumbo de Pablo, aunque su situación pueda implicar críticas y controversias. Los guardias de la prisión conocieron el evangelio por medio del apóstol encarcelado. Las palabras y la conducta suyas pueden reflejar a Cristo a los no creyentes a su alrededor.

La esperanza: El ancla del alma

La esperanza: El ancla del alma
Hebreos 6.13-20

Muchas personas en el mundo, tal vez incluso usted, se enfrentan a terribles tormentas en sus vidas: hogares deshechos, desempleo, soledad, pérdidas, crisis mundiales. Estas cosas reducen drásticamente la esencia misma de nuestra esperanza en Cristo. Puede incluso parecer que estamos perdidos, a la deriva en el mar en una pequeña barca durante un huracán.

De igual manera, los discípulos enfrentaron este temor. Mientras cruzaban un lago en su pequeña embarcación, el tiempo empeoró, poniendo en peligro la embarcación y sus propias vidas. En su desesperación, acudieron a Jesús por ayuda, pero se sorprendieron al encontrarlo dormido. Entonces gritaron: “¡Señor, sálvanos, que nos vamos a ahogar!” (Mt 8.25 NVI).

Cuando Jesús despertó, los reprendió por su falta de fe. Luego procedió a calmar la tormenta. Por medio de esta asombrosa demostración de su poder, Él demostró que era el Señor de toda la creación. También fue una clara lección acerca de adónde debemos acudir cuando surjan las tormentas en nuestras vidas.

A veces, las personas piensan que sus circunstancias difíciles significan que Dios no está atento. Eso es lo que pensaron los discípulos, hasta que Cristo se levantó para calmar las turbulentas aguas. Nada está fuera del control de nuestro soberano Señor.

Cuando nuestro mundo parezca estar fuera de control, el Señor Jesús seguirá siendo el Señor de todo. Entonces, ¿qué debe hacer usted cuando piense que Él está dormido? Dé gracias a Dios porque Él está en la barca con usted. Y después vea su situación a través de los ojos de la esperanza y la confianza.

lunes, 1 de septiembre de 2025

En Dios confiamos

En Dios confiamos
Mateo 7.9-11

Aunque no nos dimos cuenta, cuando fuimos niños, aprendimos lecciones fundamentales de nuestros padres en cuanto a la confianza. Para alguien que haya crecido con padres buenos y amorosos, la confianza parece llegar de manera natural. Pero para alguien cuyos padres hayan sido fríos y distantes, puede resultarle difícil confiar en los demás en la edad adulta.

Es por eso que a muchos creyentes se les hace difícil confiar en Dios. En una época conocida por los hogares destruidos, ¿cómo es posible aprender a confiar en nuestro Padre que está en los cielos?

Primero, debemos entender que Dios nos ama incondicionalmente, tal y como somos. No tenemos que ganarnos su favor; en realidad, somos totalmente incapaces de hacerlo. Dios nos ama, no por lo que podamos ofrecerle, sino porque, como nos dice 1 Juan 4.16, su naturaleza misma es el amor. Ese amor es la razón por la que nos dio la salvación a un gran precio que Él mismo pagó: la vida de su precioso Hijo Jesús.

Segundo, podemos confiar en Dios porque Él nos ha dado exactamente lo que más necesitábamos: la salvación. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn 3.16). Él no nos salvo porque lo merecíamos, nos salvó por una sola razón: por su amor desbordante (1 Jn 4.9).

Dios sabe todo acerca de usted, incluso los detalles indignos, pero aun así le ama. Esa es, por sí sola, la mejor razón para que se sienta seguro con Él. Usted puede confiarle al Señor no solo su futuro, sino también lo que esté enfrentando hoy. El Señor es digno de su alabanza, y de su plena confianza en Él.

Un Dios en quien podemos confiar

Un Dios en quien podemos confiar
Lamentaciones 3.22-23

La confianza es muy valiosa en estos días, pues parece ser muy escasa. La ambición egoísta, la codicia y la búsqueda constante de ser el número uno son demasiado frecuentes; a algunas personas, incluso, les resulta difícil confiar en sí mismas. En cambio, tenemos muchas buenas razones para confiar en el Señor.

Primero, Él es el único Dios verdadero. No hay nadie más como Él (2 S 7.21-22); es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (He 13.8). Su voluntad perfecta es inmutable, por lo que nunca tenemos que preocuparnos de que haya una fluctuación en su ética o en sus valores.

Segundo, Dios es la esencia misma de la verdad. Él no está puesto bajo la autoridad de ninguna otra autoridad que determine si hace o no lo correcto. Por el contrario, Él es nuestro modelo de rectitud a seguir. Y porque Él es la verdad, sabemos que nunca nos engañará.

Tercero, Él ha demostrado ser absolutamente fiel. Como dice la Biblia: “Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lm 3.22, 23).

Cuarto, Dios es digno de confianza porque tiene el control absoluto de cada situación. El Salmo 103.19 declara: “Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”.

Nada puede impedir que el Señor haga su voluntad perfecta, no importa lo difícil que pueda parecernos la situación. Nuestras vidas son evidencias de su poder y de su amor. Como hijos de Dios, podemos con toda seguridad poner nuestra fe y confianza en Él, sabiendo que nunca seremos defraudados.

jueves, 28 de agosto de 2025

La clave para escuchar

La clave para escuchar
Mateo 6.5-6

Imagine que usted está de pie en medio de un auditorio lleno de miles de personas. Si cada una de ellas hablara al mismo tiempo, lo más probable es que usted no podría distinguir una voz de otra.

Este mismo principio se aplica a la oración. En nuestra vida cotidiana, estamos rodeados por innumerables voces que demandan nuestra atención: la de nuestros hijos, familiares, amistades y empleadores. Con todas estas personas tratando de ganar nuestra atención, no es de extrañar que la voz de Dios parezca, a veces, silenciosa o distante.

La meditación eficaz requiere aislamiento. Si no hacemos un esfuerzo por escapar de nuestras exigencias diarias, al menos durante algunos momentos, nuestra capacidad de escuchar la voz de Dios se debilitará.

Nuestro Señor Jesucristo estaba muy consciente de esta necesidad de aislamiento. Al enseñar sobre la oración, dijo a sus discípulos que se encerraran en sus cuartos y hablaran en secreto con Dios. Sabía que eso era vital para tomarse un descanso de las presiones de la vida, para tener realmente comunión con el Padre celestial.

Pero el mundo moderno actúa en contra de esta necesidad. Los teléfonos celulares, el correo electrónico y otros avances tecnológicos nos han traído la bendición ­y la maldición­ de la comunicación y la interrupción constantes.

En algún momento hoy, apague la televisión, el teléfono celular y la computadora; simplemente escuche la voz de Dios. Acalle, entonces, sus pensamientos, y concéntrese en Él. Dios quiere renovarle por medio del tiempo que pase usted en su presencia.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Escuchar a Dios

Escuchar a Dios
2 Samuel 7.8-22

De todos los héroes de la Biblia, de pocos se habla con tanto respeto como del rey David. ¿Qué lo hizo tan especial? David se preguntó lo mismo (2 S 7.18). La mejor respuesta es, simplemente, que él era un hombre que escuchaba a Dios.

La rectitud no es posible, a menos que escuchemos al Padre celestial. Cuando lo hacemos, recibimos de Él guía, dirección, disciplina y aliento. Esto fue muy cierto en cuanto al pastor y rey David (Sal 63.1-8).

En los Salmos tenemos un hermoso cuadro de la vida de oración de David. Notemos cuatro cosas que David hacía cuando meditaba en Dios:

1. Examinaba su pasado. Aunque David había cometido pecados graves, esos tiempos difíciles le enseñaron a ser humilde. Mirar hacia atrás lo ayudaba a recordar la fidelidad de Dios.

2. Reflexionaba acerca del carácter del Señor. Cuando nos enfocamos en los atributos de Dios, crecemos en nuestra comprensión de quién es Él. Esto daba como resultado una relación más personal e interactiva.

3. David recordaba las promesas de Dios. Sabía que el Señor había dirigido siempre, y con gran éxito, sus pasos.

4. Hacía peticiones a su Padre celestial. Dios nunca tuvo en mente que nos defendiéramos en la vida solos. Él siempre está listo para actuar en beneficio nuestro.

Deténgase un momento y piense en cómo conversa usted típicamente con Dios. Si usted es el único que habla cuando ora, necesita hacer algunos ajustes. Así como el Señor le hablaba a David, Él tiene también muchas cosas que decirle a usted, si simplemente permite que le hable.

martes, 26 de agosto de 2025

Cómo reconocer la voz de Dios

Cómo reconocer la voz de Dios
Juan 10.27

Desde muy temprana edad, un bebé comienza a identificar las voces de sus padres y a distinguir sus voces de las de otras personas. Del mismo modo, Dios nos ha dado­ la capacidad de reconocer su voz. Con el tiempo, podemos aprender a discernir cuando Él nos habla por medio de su Palabra, sus respuestas a nuestras oraciones, y a identificar a los verdaderos creyentes.

Para identificar la voz de Dios, hágase estas preguntas:

•¿El mensaje es coherente con la Palabra de Dios? Al examinar la Sagrada Escritura, sabremos cómo rechazar la voz que nos dice que estamos condenados (Ro 8.1), y aceptar la verdad de que el Señor nos perdona.

•¿Lo que escuchamos contradice la lógica humana? Si es así, eso puede venir del Señor. Él nos dice que debemos poner la otra mejilla, amar a nuestros enemigos, y que los últimos serán los primeros.

•¿Las palabras de Dios discrepan de nuestros deseos carnales? Él quiere que tengamos un gozo santo, y por eso se niega a complacer nuestros deseos terrenales que están fuera de su plan.

•¿Sus palabras desafían nuestra fe? Dios quiere crear en nosotros una fe que profundice la relación que tenemos con Él.

•¿Requiere de valentía para obedecer a Dios? Cuando Él habla, normalmente es necesario que tomemos una decisión que exige un sacrificio o un cambio de dirección.

Jesús es el Buen Pastor (Jn 10.11), y Él promete que seremos capaces de distinguir su voz, para que podamos seguirlo. Él no quiere que escuchemos a “extraños”, porque entonces seríamos fácilmente extraviados (vv. 4, 5). ¿No quisiera usted dedicar tiempo a la Palabra de Dios, para que pueda conocer su voz?

lunes, 25 de agosto de 2025

Justificación verdadera

Justificación verdadera
Romanos 3.23-26

La muerte de Jesús fue fundamental para el plan de salvación de Dios. La Biblia nos dice que el Hijo del Hombre tuvo que ser levantado en una cruz, para que todos los que pongan su fe en Él como su Salvador personal, puedan ser salvos (Jn 3.14, 16) La cruz fue esencial para que fuéramos redimidos y tuviéramos una relación personal con Él por toda la eternidad.

Cada uno de nosotros ha violado la ley de Dios, y la justicia exige que suframos el castigo. Cuando trabajamos para el Señor y le servimos fielmente, queremos que Él sea justo recompensándonos. Pero ¿qué pasa cuando pecamos contra Él? Tenemos una deuda de pecado que hay que pagar, y porque Dios es perfecto y justo, Él no puede simplemente pasar por alto las transgresiones —hay que hacer expiación por ellas.

Para que podamos tener una relación personal con Dios, tiene que haber una manera para que el hombre, imperfecto y manchado por el pecado, pueda acercarse al Creador santo, perfecto. Por eso, el Padre celestial proveyó un sustituto: ­a su Hijo Jesucristo­ quien tomó sobre sí mismo nuestro castigo. Si aceptamos ese pago hecho a nuestro favor, Dios nos declara inocentes, reconciliándonos así con Él, para que podamos disfrutar de una relación correcta con el Señor para siempre (Ro 8.6, 10). No hay justificación aparte de la sangre de Jesucristo.

Ser justificado significa ser declarado “no más culpable”. Con su muerte en la cruz, Jesús pagó el precio por nuestra reconciliación. Por medio de su sangre, ahora somos santificados. Si aceptamos este regalo, disfrutaremos de la comunión con el Todopoderoso, ahora y por la eternidad.

La manera de no entrar al cielo

La manera de no entrar al cielo
Juan 3.1-17

Si se le pregunta: “¿Por qué cree usted que entrará al cielo?”, la mayoría de las personas responderán que la razón para ser aceptadas por Dios es porque: 
(a) son bastante buenas. 
(b) no han hecho nada realmente malo; por tanto, no merecen ser condenadas. 

Esto es una falacia teológica predominante en nuestro mundo de hoy.

En realidad, no importa qué clase de persona sea usted, lo importante es la sencilla verdad de la Palabra de Dios. La idea equivocada de que podemos ganar la salvación, tiene consecuencias desastrosas. Para empezar, si usted pudiera entrar al cielo basándose en sus méritos terrenales, la muerte de Jesús en el Calvario habría sido totalmente innecesaria.

Y si ese fuera el caso, resultaría que Dios Padre cometió un error terrible al enviar a su Hijo a una muerte cruel. Y además, si la salvación fuera posible aparte de Jesucristo, entonces usted podría tener una relación personal con Dios dejando igualmente de lado a Jesucristo.

No debemos desfigurar el gran amor que Dios nos tiene, utilizando una teología incorrecta. Somos perdonados únicamente por el increíble sacrificio de Jesucristo, que procede de un amor incondicional.

Es importante conocer bien la Biblia para reconocer la enseñanza falsa. Muchas personas van a iglesias que dicen: “Dios ama a todo el mundo, y por eso usted estará bien con Él si hace las cosas lo mejor que puede”. Si ese fuera el caso, la muerte de Cristo habría sido una equivocación.

jueves, 21 de agosto de 2025

¿Es suficiente la salvación?

¿Es suficiente la salvación?
Romanos 14.7-12

Hay personas que a pesar de haber puesto su fe en Jesús como Salvador personal de sus vidas, siguen viviendo en rebeldía contra Él. ¿Por qué dicen seguir al Hijo de Dios pero se niegan a servirle?

La respuesta es que la salvación es solamente el primer paso. El destino eterno de cualquier persona que recibe a Jesucristo está sellado para siempre —irá al cielo. Pero la salvación no garantiza una vida piadosa o fructífera aquí en la Tierra.

La voluntad del Padre celestial es que vivamos bajo el señorío de su Hijo. Eso significa que debemos someternos a Jesús como el único que está a cargo de nuestra vida. Las decisiones de cada día y el liderazgo de aquellos que están bajo nuestro cuidado, están en última instancia en las manos de Dios, no de nosotros; Cristo nos da guía y dirección. Aunque algunas veces cometeremos errores, tenemos que recordar que la gracia de Dios es para personas imperfectas.

El problema es que normalmente queremos darle a Dios dominio solamente sobre ciertos aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, muchos queremos que se aparte de nuestras finanzas, agendas y carreras. Pero, cuando nos encontramos en la cama de un hospital, ¿quiénes de nosotros le diría a Jesús que se desligara de nuestra salud? Por tanto, hágase esta pregunta: ¿Es Jesús el Señor de mi vida, o no?

La experiencia de salvación ocurre una sola vez, pero la vida cristiana continúa, porque el señorío de Jesucristo sigue. Habrá un momento cuando todo creyente deberá reconocer que el Hijo de Dios vino para más que salvarnos. Vino para ser el Dueño de nuestra vida, para nuestro bien y para su gloria.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Vestidos para la batalla

Vestidos para la batalla
Efesios 6.13-18

Es importante que cada mañana nos vistamos para enfrentar el clima o las actividades del día, y lo mismo es espiritualmente.

Dios nos ha dado, por su gracia, lo necesario para hacer frente a todas las dificultades. Primero, debemos ceñirnos con el cinturón de la verdad —de quiénes somos en Cristo— santos con el poder sobrenatural que nos da el Espíritu de Dios que está en nosotros.

Luego, cuando seamos tentados a vivir con ira, temor o insatisfacción, la coraza de justicia puede desviar esas “flechas”, dándonos el poder para responder de una manera agradable a Dios.

Tercero, el calzado de la paz nos ayuda a mantenernos de pie, plantados firmemente en la serena voluntad del Señor.

Después, la fe, que ofrece la protección de Cristo contra los dardos de Satanás, es comparada con un escudo del tamaño de una puerta. La fe es también lo que nos trajo la salvación, cuando nuestra vieja manera de pensar fue sustituida por otra diferente. Por consiguiente, con el yelmo de la salvación nos ponemos la mente de Cristo, que nos da discernimiento y sabiduría.

Y, por último, tomemos la espada del Espíritu para que podamos combatir las mentiras de Satanás con la verdad de la Palabra de Dios.

No podemos saber con exactitud lo que enfrentaremos cada día, pero la Biblia nos advierte que se está librando una batalla espiritual. No salga hasta que esté vestido para la lucha. Y antes de levantarse, permita que su primera oración incluya la aplicación, paso a paso, de la armadura de Dios.


El pecado de postergar las responsabilidades

El pecado de postergar las responsabilidades
Hechos 24.24-27

A algunas personas les gusta decir que “viven atrasados”. Según la Biblia, eso es imposible para los hijos de Dios, pues vivir postergando las responsabilidades puede ser una forma de esclavitud, y el Señor no nos creó para que estuviéramos esclavizados.

Posponer las obligaciones tiene varias causas frecuentes. La primera, es el intento de evitarse molestias. Muchas personas posponen tomar acción porque les inquietan las consecuencias. En el pasaje de hoy, Félix despidió a Pablo por temor a las palabras del apóstol en cuanto a la justicia, el dominio propio y el juicio.

A veces damos vueltas a la lectura de la Biblia y a la oración, porque tememos que Dios saque a relucir algo que necesitamos confrontar. Problemas como el orgullo, la falta de control o los sentimientos de culpa, pueden ser incómodos de enfrentar, pero evadirlos obstaculiza el plan de Dios para nosotros.

El segundo motivo para aplazar las cosas, es la duda en cuanto a uno mismo. Quienes no se consideran competentes para realizar una tarea pueden decidir no iniciarla. Relacionado con esto hay otro factor: el temor a cometer un error o de fallar en una actividad, puede hacer que atrasarla parezca preferible.

Vivir postergando las obligaciones no es cosa de broma, especialmente en el ámbito espiritual, ya que dar vueltas a una tarea dada por Dios es lo mismo que desobedecerlo. ¿Tiene usted la propensión a dejar las cosas para después? Identifique los aspectos problemáticos y los sentimientos que los acompañan. Luego reconozca su tendencia, y confíe en el poder de Dios para vencerla.


lunes, 18 de agosto de 2025

Una batalla invisible

Una batalla invisible
Efesios 6.10-12

Satanás sí existe, y nuestra destrozada sociedad es testigo de su realidad. Quienes lo ignoran, lo hacen por su cuenta y riesgo. Esto también es cierto para los cristianos, porque todos estamos en guerra contra él. La batalla espiritual es personal; Satanás crea con gran destreza ataques para cada persona. Aunque no puede robarle al creyente el Espíritu de Dios, si puede, y de hecho lo hace, molestarnos física, mental, emocional y espiritualmente. Cada ataque tiene el propósito de derrotar nuestro testimonio para que no podamos tener una vida victoriosa centrada en Cristo.

Nuestro enemigo no es omnisciente, pero sí astuto. Observa nuestras fortalezas y nuestras debilidades para determinar cómo atacarnos. Tan pronto como su presa se vuelve cómoda y lo que menos espera es tener problemas, el diablo acciona una trampa. Por ejemplo, puede tentar a un esposo para que tome una decisión financiera poco sabia, que enoje a la esposa y la haga sentir insegura. Pero el esposo no es su enemigo; él necesita el amor y el perdón de ella. El enemigo es siempre Satanás y su legión de demonios.

La primera regla de la batalla es conocer a nuestro enemigo, y gracias a las Sagradas Escrituras podemos hacer eso. La Biblia contiene también una garantía importante: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Jn 4.4).

Las fuerzas unidas del infierno no pueden igualarse al poder sobrenatural que hay en un solo creyente. Tenemos a Cristo viviendo dentro de nosotros, el mismo Cristo que triunfó en la cruz y cuya victoria final sobre Satanás está profetizada en Apocalipsis. Por medio de Él, podemos vencer a Satanás.

domingo, 17 de agosto de 2025

Dar gracias en todo

Dar gracias en todo
Efesios 5.15-21

¿Por qué nos ordena Dios que le demos gracias, a pesar de las circunstancias? Esta idea desafía a la lógica humana. Pero por otro lado, el Señor raras veces confirma las reglas hechas por los hombres. Los principios de la Biblia son para propósitos específicos en la vida del cristiano. La gratitud nos mantiene conscientes de la presencia de Dios, lo cual cimenta nuestra confianza, y al final fortalece nuestro testimonio.

Debemos entender que la gratitud no se basa en las emociones ni es el resultado de alguna situación. Podemos estar agradecidos aun en medio de las pruebas, porque Dios ha prometido hacer que todas las cosas obren para nuestro bien (Ro 8.28). Eso significa que tiene un propósito en mente para cada prueba.

Nuestra responsabilidad es confiar en que Dios sacará algún bien de ella, y que nos hará saber su plan, lo que da mayor razón para darle gracias. Comprender lo que Él se propone renueva nuestras fuerzas para enfrentar las circunstancias difíciles. Expresar gratitud cambia nuestra actitud en cuanto a Dios, a nosotros mismos y a nuestras situaciones. La mayoría de las personas permiten que las heridas y las tensiones les creen un estado de ánimo pesimista, lo cual afecta negativamente cada aspecto de sus vidas. Pero los creyentes tienen el Espíritu Santo trabajando en su interior para darles valor y un caudal de agradecimiento.

Cuando demostramos agradecimiento en las circunstancias difíciles, los compañeros de trabajo, la familia y los amigos desearán tener la paz y energía que obtenemos al demostrar agradecimiento hacia Dios. Por eso, no importa por lo que esté usted pasando, siga adelante y desafíe la lógica alabando al Señor.

jueves, 14 de agosto de 2025

Un mandato difícil

Un mandato difícil
1 Tesalonisenses 5.16-18

Algunos versículos, como el de hoy, son más fáciles de memorizar que de practicar. Dar gracias es fácil, pero dar gracias en todo es una tarea casi imposible. La gratitud, a veces, parece fuera de lugar al considerar la intensidad del dolor o del malestar que estamos experimentando. Pero tenemos un Consolador que nos ayuda a practicar la gratitud en todas las situaciones.

El Espíritu Santo nos capacita para que hagamos lo que Dios pide, y nos enseña que el hábito de la gratitud es parte de su obra. El Salmo 92 (NTV) dice: "Es bueno dar gracias al SEÑOR, cantar alabanzas al Altísimo. Es bueno proclamar por la mañana tu amor inagotable y por la noche tu fidelidad," (vv. 1- 2). En otras palabras, debemos esperar y recordar constantemente su ayuda. Pero cuando los creyentes toman conciencia de situaciones dolorosas que no tienen una razón lógica para estar agradecidos, nuestro Consolador da la motivación y las palabras.

Dar gracias en medio del dolor no se produce ni espontáneamente ni aparte de la oración. El pasaje de hoy entrelaza las disciplinas del gozo, la oración y la acción de gracias ya que tanto el regocijo como la gratitud dependen de la comunicación regular con Dios. Una persona que no ora, se mantendrá demasiado abrumada por sus problemas. Hablar con el Señor obliga a los problemas a alejarse, para que puedan ser reemplazados por la paz.

¿Por qué nos dice el Señor que practiquemos la gratitud? Porque sabe que cuando nos enfocamos en su actividad en nuestra vida, nuestro espíritu es fortalecido, entonces nos regocijamos más, oramos con mayor fervor y aprendemos a dar gracias en todo.

miércoles, 13 de agosto de 2025

El gozo espiritual

El gozo espiritual
Hechos 16.16-34

Pablo escribió mucho acerca del gozo espiritual; él sabía que podía tenerse aun en las situaciones más desesperantes. Es así, porque el gozo se origina interiormente mediante el Espíritu Santo.

Pero los creyentes pueden perder su gozo por varias razones:

Por un enfoque equivocado. Pablo y Silas fueron capaces de alabar a Dios a pesar de su severa prueba, porque tenían su mirada puesta en Jesús.

Por la desobediencia. El pecado nos roba el gozo, porque nos separa del Señor. Si recibimos su perdón, y le obedecemos, el gozo volverá.

Por el remordimiento. Echamos fuera el gozo cuando seguimos sintiéndonos mal por pecados del pasado. Dios quiere que creamos que Él nos perdona (1 Jn 1.9). También desea que decidamos vivir en su gracia, y que sigamos adelante.

Por el temor. Muy a menudo, dejamos que las preocupaciones en cuanto al futuro condicionen nuestro estado de ánimo. Pero el Señor nos llama a vivir por fe, a que le pidamos que supla nuestras necesidades hoy, y a que le confiemos nuestro futuro.

Por el sufrimiento de alguien. La Biblia dice que debemos llorar con los que lloran (Ro 12.15), pero también ofrecerles la esperanza de la presencia, el gozo y la ayuda de Dios. Un espíritu abatido es un mal testimonio para dar esperanza (Sal 42.11).

Porque había pasado por el “fuego” de los azotes, de los rechazos y de los arrestos, el apóstol Pablo estaba calificado para decir que ese confiado gozo es posible para el creyente rendido. ¿Carece usted de gozo? Fije su mirada en el Salvador, y permita que el gozo de Él sea también el suyo.

martes, 12 de agosto de 2025

La fuerza positiva del gozo

La fuerza positiva del gozo
Juan 15.9-17

Jesús nos prometió su gozo, pero ese gozo se le escapa a muchos cristianos.

Hay ciertas cuestiones importantes que debemos entender en cuanto al gozo. Este regalo para cada creyente en Cristo tiene una fuente espiritual, el Espíritu Santo, y se produce internamente por medio de Él. Puesto que el gozo divino es sobrenatural, existe independientemente de nuestras circunstancias. En cambio, la felicidad se origina de causas externas, es terrenal por naturaleza, y aumenta o disminuye con el cambio de las circunstancias.

El gozo emanará del Espíritu Santo si…

Nos enfocamos en nuestra relación con Jesús. Gracias al Señor, nuestros pecados han sido perdonados, nuestros nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero, y le pertenecemos eternamente a Él. Nada podrá separarnos de Dios, ni ahora ni en la eternidad.

Vemos su obra transformadora en otros. Observa y se complace por lo que Dios está haciendo: rescatando a las personas de la esclavitud del pecado, y moldeándolas a la semejanza de su Hijo.

Servimos a aquellos a quienes Él nos envía. El cuidado obediente y amoroso de los demás trae gozo espiritual.

Meditamos en la Palabra de Dios. Por medio de ella, recibimos el derramamiento del Señor y de sus preciosas verdades sobre las cuales edificamos nuestras vidas.

El Espíritu Santo desea producir su gozo en usted. Aparte unos minutos para contemplar la maravilla de su nuevo nacimiento, compartir el gozo espiritual de alguien, servir como Dios le dirija, o recibir dirección de su Palabra. Revise después su barómetro emocional. ¿No está diciendo todavía ¡aleluya!?

Respuestas a la oración

Respuestas a la oración
2 Crónicas 20.14-25

“Mi jefe es intolerable, Señor. Te ruego que me ayudes a conseguir otro empleo”.

“Señor, esta espalda me está arruinando la vida. ¡Ten misericordia de mí, y sáname!”

Todos los cristianos estamos de acuerdo con que Dios responde las oraciones. Sin embargo, hay quienes dirían: “Él responde la mayoría de las oraciones, pero no las mías”. Un creyente puede clamar a Dios con fervor sin recibir lo que considera una respuesta satisfactoria. El problema no es la falta de disposición o la imposibilidad de Dios de responder, sino más bien la palabra “satisfactoria”. Si venimos a Dios con una idea preconcebida de cómo debe resolverse nuestro problema, es probable que pasemos por alto la solución perfecta que Él tiene.

Supongamos que el rey Josafat hubiera determinado que Dios sólo podía responder su oración dándole a su ejército más aguante para la batalla que se avecinaba. Habría convocado a un consejo de guerra y armado a sus soldados. Pero la solución de Dios era enviar a un coro para cantar alabanzas y salvar a Israel. Si el ejército israelita hubiera ido a combate, habrían perdido Jerusalén.

A veces, no nos gustan las soluciones de Dios. Deseamos vernos libres de las dificultades, en vez de orar por una dosis extra de gracia para soportarlas.

Es normal querer que el Señor lo arregle todo, sin requerir esfuerzo de nuestra parte. Pero nuestra disposición de obedecer es clave para que la oración tenga respuesta. Cuando Dios nos diga cómo resolver nuestro problema, debemos actuar tal como Él dice, o nunca estaremos satisfechos.

viernes, 8 de agosto de 2025

Cómo aprender a esperar

Cómo aprender a esperar
Salmo 25.20-21

¿Qué debemos pensar cuando Dios no da respuesta a una oración? Lo más probable es que nos hayamos preguntado eso en algún momento. Como seres humanos limitados por el tiempo, podemos encontrar muy frustrante el tic-tac del reloj.

Debemos entender que Dios no nos ve simplemente en el aquí y el ahora; Él considera todo el panorama al mismo tiempo: dónde hemos estado, dónde estamos ahora, y hacia dónde nos estamos dirigiendo. Sabe exactamente qué efecto tendrán en nuestras vidas cada pequeña decisión, acción o bendición.

¿Piensa usted que Dios quiere darle algo que pueda destruirle? ¡Por supuesto que no! Él sabe que lo que puede ser para usted una bendición más tarde, puede arruinar totalmente su vida ahora. Por esta razón, Él se demora, con el fin de darle el tiempo de prepararse para recibir esa bendición.

Aprender a esperar en Dios exige por lo menos tres cosas de nosotros: primero, ser sensibles a Él y alimentar nuestra relación con el Padre para que podamos escucharlo; segundo, confiar en su juicio y sabiduría; tercero, ser obedientes al Señor. Si tratamos de hacer que algo suceda por nosotros mismos después de que Dios nos ha dicho que esperemos, nos estaremos dirigiendo al desastre. El Señor bendice la espera obediente.

Dios trabaja de acuerdo con su omnisciencia, su omnipotencia y su amor. Nunca olvide que el Señor está activamente a su lado, aun cuando le niegue una petición. No significa que Él no está prestando atención a sus necesidades; significa que está especialmente pendiente de usted.

jueves, 7 de agosto de 2025

La gracia para esperar

La gracia para esperar
Salmo 62.1-2

No hay duda de que una de las cosas que menos nos gustan es esperar en fila. Llegamos a la cita del médico a tiempo o un poco antes, para no tener que esperar. Vamos al supermercado para comprar apenas unas cosas, y nos quedamos anclados en una fila interminable en la caja. Y todos hemos tenido la experiencia de esperar para usar un cajero automático del banco.

Cuando llevamos algo al Señor en oración, también traemos con nosotros nuestra impaciencia. Normalmente hacemos una petición, y esperamos la respuesta al instante. Si Dios no se pone en acción de inmediato, muchas personas comienzan a pensar: Bien, traté de orar, pero el Señor simplemente no hizo nada. En realidad, la oración no funciona.

¡Qué trágico! Comparemos esa actitud con la del rey David. Cuando él tenía apenas 16 años de edad, Dios envió al profeta Samuel a ungirlo como el rey. Pasarían dieciséis años más para que esa promesa se cumpliera. ¿Qué hizo David durante ese tiempo? ¿Se quejaba exigiéndole su reino? De ningún modo. David entendía que Dios era fiel. También sabía que su Padre celestial no solo era el Dios del quién y el qué, sino también del cuándo y el cómo. David quería tener el reinado solamente cuando el Señor estuviera dispuesto a dárselo. Por tanto, esperó.

¿Hay algo en su vida por lo cual le resulta difícil mantenerse paciente? ¿Esperará en el Señor como uno espera en el banco, o al igual que el rey David confiará en el tiempo de Dios? El Padre celestial conoce cada faceta de su situación, y su “demora” es, porque Él quiere, en realidad, lo mejor para usted.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Cómo sobrevivir a nuestra cultura

Cómo sobrevivir a nuestra cultura
1 Corintios 3.1-3

Cuando somos llamados a tener una nueva vida con Cristo, encontramos obstáculos. Uno de los más grandes es la cultura en la cual vivimos. Es posible que no reconozcamos el peligro en que estamos, hasta que caigamos. Demos una mirada a nuestro mundo.

Primero, es una cultura secular, lo cual significa que tiene poco interés en los asuntos espirituales o en la Biblia. Enseña a confiar en nosotros mismos y en las cosas que podemos ver, en vez de hacerlo en nuestro Dios trino.

Nuestro mundo es también materialista. Su interés principal es acumular cosas y tener riquezas, no en ocuparse de los demás y dar sacrificialmente. Trágicamente, muchas de las cosas que nuestra cultura valora están en oposición con la manera que Jesús nos llama a vivir. Cuando la Biblia contradice lo que la sociedad cree, no es raro que las personas menosprecien nuestro estilo de vida como estrecho y radical.

En muchos sentidos, nuestra sociedad es espiritualmente rebelde, ya que desafía tanto las leyes de Dios como las leyes de los hombres; la obediencia es considerada opcional. Un gran porcentaje de la población rechaza el criterio de Dios en cuanto a las relaciones sexuales y el matrimonio, porque han sido engañados al hacerles creer que pueden violar las leyes de Dios sin sufrir ninguna consecuencia.

Si no estamos alerta, podemos ser presa de las trampas del mundo. La clave para evitar sus lazos es la Palabra de Dios. Cuando estudiamos la Biblia, el Espíritu Santo identificará las mentiras en que estemos creyendo, y nos mostrará cómo podemos aplicar la verdad de las Sagradas Escrituras para ser libres.