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viernes, 13 de febrero de 2026

Es necesario nacer de nuevo


Es necesario nacer de nuevo
Juan 3.1-16

La vida es como una escalera que subimos hasta el día que morimos. Sería una pena si nos detuviéramos y nunca progresáramos. Pero podría ser aún más desastroso si colocáramos nuestra escalera en la pared equivocada y después de toda una vida escalando descubriéramos que hemos perdido los años que nos fueron dados.

Nicodemo pudo haberse sentido así después de hablar con el Señor. Había llegado a lo más prestigioso del judaísmo, y era conocido como “el maestro de Israel” (Juan 3.10). Sin embargo, el Señor le dijo que vería el reino de Dios solo si nacía de nuevo. Todas sus buenas obras, sus amplios conocimientos y sus grandes logros no servían de nada.

Nicodemo se dio cuenta de inmediato de que, así como no había hecho nada para provocar su primer nacimiento, tampoco podía hacer nada para volver a nacer. Sus esperanzas de vida eterna se desvanecieron.

Antes de que Nicodemo estuviera listo para escuchar la buena nueva, tenía que vaciarse de la confianza en sí mismo y de sus logros para reconocer su necesidad de un Salvador. Su escalera se vino abajo, y tenía que nacer del Espíritu si esperaba alcanzar el reino de los cielos.

¿Dónde ha colocado usted su escalera? ¿Le ha vaciado Dios para poder llenarle de nuevo?

Aunque no hay nada que podamos hacer para nacer de nuevo —ninguna buena obra o servicio religioso— hay algo que podemos creer. Dios quiere que veamos su santidad y nos demos cuenta de lo lejos que estamos de su estándar perfecto. Entonces, si venimos quebrantados y contritos a Cristo, con fe en que su muerte pagó la deuda de nuestro pecado, naceremos de nuevo y un día veremos el reino de los cielos.

sábado, 18 de enero de 2025

Cambio radical, no mejoramiento personal

Cambio radical, no mejoramiento personal
Romanos 6.1-14

¿Se ha sentido desalentado alguna vez por no vencer cierto pecado? Se siente mal cada vez que se da cuenta de que ha cedido.

En su desesperación, clama al Señor por perdón, y le promete que nunca volverá a hacerlo. Pero, a pesar de sus mejores esfuerzos, pronto se encuentra pecando de nuevo, preguntándose por qué no puede obtener la victoria en ese aspecto de su vida.

Una razón por la que a veces batallamos en nuestro caminar con Cristo es por no entender lo que ocurrió en el momento de nuestra salvación, o por desconocer los recursos que Él ha puesto a nuestra disposición.

Fuimos unidos a Él en su muerte y en su resurrección. Ya no somos las personas que solíamos ser, porque Cristo ahora vive en nosotros por medio de su Santo Espíritu.

Aunque tenemos una vida nueva en Cristo, todavía vivimos en lo que Pablo llama “el cuerpo del pecado” (Romanos 6.6). Sin embargo, ahora tenemos el poder del Señor para vencer el pecado, por lo que ya no somos esclavos del mismo. Y un día, cuando seamos libres del poder de la carne, ya sea cuando muramos o el Señor Jesús regrese, seremos libres hasta de la existencia del pecado.

Mientras tanto, Dios nos llama a saber y a creer que el poder del pecado ha sido anulado en nuestra vida. Los deseos de nuestra carne pecaminosa nunca pueden ser vencidos por el mejoramiento personal, sino por el cambio radical que produce Cristo viviendo en y a través de nosotros. En vez de enfrentar la tentación con nuestra naturaleza carnal, podemos decidir enfrentarla de acuerdo con el poder de la resurrección de Cristo, porque hemos muerto al pecado y ahora vivimos para Cristo.