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jueves, 28 de agosto de 2025

La clave para escuchar

La clave para escuchar
Mateo 6.5-6

Imagine que usted está de pie en medio de un auditorio lleno de miles de personas. Si cada una de ellas hablara al mismo tiempo, lo más probable es que usted no podría distinguir una voz de otra.

Este mismo principio se aplica a la oración. En nuestra vida cotidiana, estamos rodeados por innumerables voces que demandan nuestra atención: la de nuestros hijos, familiares, amistades y empleadores. Con todas estas personas tratando de ganar nuestra atención, no es de extrañar que la voz de Dios parezca, a veces, silenciosa o distante.

La meditación eficaz requiere aislamiento. Si no hacemos un esfuerzo por escapar de nuestras exigencias diarias, al menos durante algunos momentos, nuestra capacidad de escuchar la voz de Dios se debilitará.

Nuestro Señor Jesucristo estaba muy consciente de esta necesidad de aislamiento. Al enseñar sobre la oración, dijo a sus discípulos que se encerraran en sus cuartos y hablaran en secreto con Dios. Sabía que eso era vital para tomarse un descanso de las presiones de la vida, para tener realmente comunión con el Padre celestial.

Pero el mundo moderno actúa en contra de esta necesidad. Los teléfonos celulares, el correo electrónico y otros avances tecnológicos nos han traído la bendición ­y la maldición­ de la comunicación y la interrupción constantes.

En algún momento hoy, apague la televisión, el teléfono celular y la computadora; simplemente escuche la voz de Dios. Acalle, entonces, sus pensamientos, y concéntrese en Él. Dios quiere renovarle por medio del tiempo que pase usted en su presencia.

jueves, 20 de marzo de 2025

Clamar a Dios

Clamar a Dios
Salmo 34.15-17

En medio de las crisis, el Señor está dispuesto a ayudarnos, y tiene el poder de hacerlo. Pero antes de que intervenga y libere su poder en nuestra situación, exige un corazón recto.

Esto, por supuesto, no significa que debamos ser perfectos, lo que nuestro Padre sabe que sería imposible. Cuando un pecador acude a Dios para salvación, el Señor limpia de iniquidad el corazón de la persona y le da una nueva naturaleza (2 Co 5.17). Sin embargo, habrá momentos en que el creyente seguirá los viejos patrones carnales, por eso el Señor nos pide que confesemos nuestras faltas y nos arrepintamos cuando fallemos. Entonces, Él nos limpiará de toda injusticia (1 Jn 1.9). Por fortuna, Dios nos escucha a pesar de nuestras imperfecciones, si deseamos andar en sus caminos. No obstante, el problema surge cuando el cristiano vive en pecado de manera intencional, y decide no apartarse de él. En momentos como esos, el Señor no escuchará un corazón que no se ha arrepentido.

El pasaje de hoy enseña que el Padre celestial desea que sus hijos clamen a Él. En las pruebas, tendemos a orar con más enfoque, fervor y sinceridad. Ana es un buen ejemplo. Angustiada por su esterilidad, fue al templo e imploró al Señor con tanto sentimiento, ¡que el sacerdote pensó que estaba ebria! Dios respondió su ruego y abrió su matriz (1 S 1.1-20).

Cuando venga una crisis, clame a nuestro Dios todopoderoso, pero asegúrese de hacerlo con un corazón recto.

Entonces Él escuchará y responderá, ya sea concediéndole la petición que esperaba, o dándole una solución diferente. Por ser Dios omnisciente, amoroso y soberano, podemos confiar en que su respuesta será la mejor para nosotros.


miércoles, 19 de marzo de 2025

Razones para orar

Razones para orar
Salmo 25

¿Qué le motiva a hablar con Dios? A lo largo de la Biblia se nos ordena orar. De hecho, Cristo consideraba que la oración era tan esencial que se apartaba con regularidad de las multitudes para pasar tiempo a solas con su Padre (Mr 1.35; Lc 5.16). Cualquier relación requiere comunicación para crecer y florecer, y eso incluye nuestra relación con Dios.

David era un hombre que conocía al Señor de manera personal. Dado que puso por escrito sus oraciones en los salmos, podemos echar una ojeada a su corazón cuando derramaba su alma ante el Señor. El pasaje de hoy nos muestra cinco razones por las cuales debemos acudir a Dios en oración:

1. Guía (Salmo 25.4, 5). Si le preguntamos, el Señor nos guiará y enseñará.

2. Perdón (Salmo 25.7, 11). Cada día necesitamos la purificación de Dios por el pecado, y su poder para arrepentirnos y regresar a Él.

3. Decisiones (Salmo 25.12). Cuando tenemos temor reverente a Dios, Él nos dice qué camino debemos elegir.

4. Problemas (Salmo 25.16-18). Cuando nos sentimos abrumados por las dificultades, nadie puede consolarnos como el Señor.

5. Protección (Salmo 25.19-20). Dios es quien guarda nuestra alma y nos salva de los ataques del enemigo.

Cuando buscamos al Señor, Él se convierte en nuestro refugio. Dios entiende nuestras debilidades, y nos invita a acudir a Él con todas nuestras preocupaciones.

Es en la intimidad de la oración que aprendemos a conocer su fidelidad, su compasión y su amor. Entonces podemos decir, como David: “Dios mío, en ti confío” (Salmo 25.2).