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viernes, 13 de febrero de 2026

Jesucristo es el Señor


Jesucristo es el Señor
Romanos 14.7-9

“Jesucristo es el Señor” es la confesión de todo cristiano, pues tal declaración es fundamental para nuestra fe. El apóstol Pablo afirma que debemos confesar con nuestra boca a Cristo como el Señor de nuestra vida, para ser salvos (Ro 10.9). Esta doctrina es central para el cristianismo, y quienes seguimos a Jesucristo creemos que Él es Señor de todo y por siempre.

Sin embargo, cuando decimos “todo”, significa también de nosotros. Si Cristo es en realidad el soberano Señor del cielo y la Tierra, entonces es también el amo de nuestra vida. El señorío de Cristo no se limita a gobernar el vasto universo; también es un asunto personal. Él es el Señor de nuestras decisiones, prioridades, actividades, actitudes y palabras.

El apóstol Pablo captó esta verdad en Romanos 14.8 cuando escribió: “Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos”. El apóstol consideraba imposible segmentar el señorío de Cristo. Sabía que su vida pertenecía por completo a Dios.

Jesucristo no quiere ser solo parte de nuestra vida; lo dejó claro por medio de sus discípulos. 

Cuando le damos al Señor solo una porción, entonces le estamos diciendo que hay otras cosas que consideramos tan importantes como Él. ¿Sabe usted cómo le llama la Biblia a esto? Idolatría.

El Señor nunca nos llamó a hacer un experimento con Él. Nos exigió nuestra entrega plena: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9.23). No podemos convertir a Cristo en un segmento de nuestra vida y seguir viviendo como nos plazca. Si de verdad somos suyos, entonces Él es nuestra vida.

lunes, 27 de enero de 2025

El costo de seguir a Cristo

El costo de seguir a Cristo
Mateo 16.21-26

¿Alguna vez ha intentado seguir a dos personas al mismo tiempo? Esto funciona solo cuando van en la misma dirección.

Pero, ¿qué sucede si los caminos de esas personas se bifurcan? Por ejemplo, imagínese caminando por un sendero con unos amigos, y llega a una encrucijada. Si una persona quiere ir a la derecha y otra piensa que debe girar a la izquierda, usted debe elegir a cuál seguir.

Este principio también es cierto para los cristianos, pero ahora nuestra decisión es si seguir a Cristo o no. La mayoría de nosotros seguiremos con gozo al Señor mientras Él vaya adonde queramos ir. Pero, ¿qué sucede si Él nos guía por un camino de sacrificio, abnegación, sufrimiento o incluso de muerte? ¿Confiaremos en Él y seguiremos adelante por ese camino?

Este fue el dilema que enfrentaron los discípulos. Cuando comenzaron a seguirlo, esperaban que Cristo estableciera su reino mesiánico, los liberara de la dominación romana, y les diera lugares de honor y autoridad. Pensando que pronto serían exaltados en el reino, estuvieron dispuestos a sufrir las privaciones temporales de hogar, seguridad y comodidad.

Pero entonces el Señor les dijo que su camino los llevaría al sufrimiento y a la muerte, y que, si querían seguirlo, debían negarse a sí mismos y tomar su cruz.

Muchos cristianos hoy tienen las mismas expectativas que tenían los discípulos, tal vez no por un reino, pero sí por una vida feliz y próspera.

Sin embargo, esto es como invitar a Cristo a seguirnos. La abnegación significa renunciar a nuestro derecho a liderar para rendirnos al señorío de Cristo sobre nuestra vida. Aunque su trayecto no es fácil, solo Él conoce el camino a la casa del Padre.