sábado, 27 de abril de 2013

Comentario Biblico de Matthew Henry, Genésis 32


Salmos 32
Versículos 1—8. La visión de Jacob en Mahanaim—Su miedo de Esaú. 
9—23. La ferviente oración de Jacob por liberación—Prepara un regalo para Esaú. 
24—32. Lucha con el Ángel.

Vv. 1—8. Los ángeles de Dios se aparecieron a Jacob para darle ánimo con la seguridad de la protección divina. Cuando Dios somete a su pueblo a grandes pruebas, los prepara por medio de grandes consolaciones. 
—Mientras Jacob, a quien pertenecía la promesa, estuvo trabajando con ardor, Esaú había llegado a ser un príncipe. Jacob mandó un mensaje demostrando que no insistía en la primogenitura. 
La mansedumbre hará cesar las grandes ofensas, Eclesiastés 10. 4. No debemos negarnos a hablar con respeto aun a quienes están enojados injustamente con nosotros. Jacob recibió un informe de los preparativos bélicos de Esaú contra él, y tuvo mucho miedo. 
El sentido vívido de peligro y el miedo vivificador que de él surge, pueden hallarse unidos con la humilde confianza en el poder y la promesa de Dios.

Vv. 9—23. Los tiempos de terror deben ser tiempo de oración: sea lo que sea que cause el temor, debe ponernos de rodillas ante nuestro Dios. Jacob había visto recientemente a sus ángeles guardianes pero, en su malestar, recurrió a Dios, no a ellos; él sabía que ellos eran sus consiervos, Apocalipsis 22. 9. No puede haber una pauta mejor que esta para la verdadera oración. Aquí hay un
reconocimiento agradecido de favores anteriores inmerecidos; una humilde confesión de indignidad; una sencilla declaración de sus temores e inquietudes; una referencia plena de todo el asunto al
Señor y el descanso de todas sus esperanzas en Él. Lo mejor que podemos decir a Dios en oración es lo que Él nos ha dicho. 
Así, él hizo del nombre del Señor su torre fuerte y no pudo sino estar a salvo.

El temor de Jacob no le hizo hundirse en la desesperación, ni su oración le hizo presuponer la misericordia de Dios, sin el uso de medios. Dios responde oraciones enseñándonos a ordenar correctamente nuestros asuntos. 
—Jacob envió un regalo para apaciguar a Esaú. No debemos desesperar de reconciliarnos con otros por muy enojados que estén con nosotros.

Vv. 24—32. Un buen rato antes del alba, estando solo, Jacob desplegó más plenamente sus temores orando a Dios. 
Mientras estaba así ocupado, Uno semejante a un hombre luchó con él.
Cuando el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades y casi no hallamos palabras para expresar nuestros deseos más vastos y fervientes, y queremos decir más de lo que podemos expresar,
entonces, la oración lucha, sin duda, con Dios. Por atribulados o descorazonados que estemos, prevaleceremos y, al prevalecer con Él en oración, prevaleceremos contra todos los enemigos que luchan contra nosotros. Nada requiere más vigor y esfuerzo incesante que luchar. Es un emblema del verdadero espíritu de fe y oración. Jacob mantuvo su terreno; aunque la lucha continuó largo rato, esto no remeció su fe, ni silenció su oración. Él tendrá una bendición y prefería que todos sus huesos fueran dislocados antes que irse sin una. Los que quieren tener la bendición de Cristo deben decidirse a no aceptar una negativa. La oración ferviente es la oración eficaz. 
—El Ángel le puso una marca de honor perdurable cambiándole el nombre. Jacob significa usurpador. Desde ahora en adelante será celebrado, no por su astucia y hábil manipulación, sino por el valor verdadero. “Serás llamado Israel”, príncipe de Dios, un nombre más grande que el de los grandes hombres de la tierra.

Indudablemente él es un príncipe, esto es, un príncipe de Dios; son verdaderamente honorables aquellos que son poderosos en oración. Al tener poder con Dios también tendrán poder con los hombres; él prevalecerá y ganará el favor de Esaú. 
—Jacob da un nombre nuevo al lugar. Lo llama Peniel, el rostro de Dios, porque ahí había visto aparecer a Dios y obtuvo el favor de Dios. A quienes Dios honra les corresponde admirar su gracia para con ellos. El Ángel que luchó con Jacob era la segunda Persona de la sagrada Trinidad que, después, fue Dios manifestado en la carne y que, en su naturaleza humana, es llamado Emanuel, Oseas 12. 4-5. —Jacob fue herido en su muslo. Ello podría servirle para evitar que se sintiera superior con la abundancia de las revelaciones. El sol le salió a Jacob; amanece para aquella alma que ha tenido comunión con Dios.

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