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martes, 15 de septiembre de 2020

Comentario Bíblico de Matthew Henry, Génesis 39

Génesis 12
CAPÍTULO 39
                                            José y la esposa de Potifar                                                  Gén 39:1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.                        Gén 39:2 Mas Jehová estaba con José,(A) y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio.          Gén 39:3 Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano.  Gén 39:4 Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía.                            Gén 39:5 Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.         Gén 39:6 Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.     Gén 39:7 Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo.           Gén 39:8 Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene.             Gén 39:9 No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?                                       Gén 39:10 Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella,                                           Gén 39:11 aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí.           Gén 39:12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.                             Gén 39:13 Cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera,                                        Gén 39:14 llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo para que hiciese burla de nosotros. Vino él a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces;                                       Gén 39:15 y viendo que yo alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó y salió.                                          Gén 39:16 Y ella puso junto a sí la ropa de José, hasta que vino su señor a su casa.          Gén 39:17 Entonces le habló ella las mismas palabras, diciendo: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme.                          Gén 39:18 Y cuando yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó fuera.          Gén 39:19 Y sucedió que cuando oyó el amo de José las palabras que su mujer le hablaba, diciendo: Así me ha tratado tu siervo, se encendió su furor.                                    Gén 39:20 Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel.  Gén 39:21 Pero Jehová estaba con José(B) y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel.  Gén 39:22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía.                                        Gén 39:23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.                              
  
 En este capítulo, volvemos a la historia de José. Le vemos aquí hecho esclavo de Potifar, encumbrado por su amo, vencedor en grave tentación, traicionado por la mujer de Potifar, metido en la cárcel, y favorecido allí con grandes señales de la especial presencia de Dios con él. 

Versículos 1–6 

 I. José fue vendido a un oficial de Faraón, en cuya casa tuvo oportunidad de conocer a personas prominentes y enterarse de negocios importantes del país, con lo cual iba siendo capacitado para el alto puesto que después había de ocupar. Cuando Dios destina a una persona para algún servicio, también se cuida de equiparla para él, de un modo u otro. 

 II. José es bendecido maravillosamente, incluso en la casa de su esclavitud. 
1. Dios le prosperó (vv. 2–3). Aunque es de suponer que, al principio, sus manos tendrían que ocuparse en los oficios más bajos, aun en éstos se echaría de ver su diligencia, tanto como su competencia y honestidad; le acompañaba una bendición especial del Cielo, la cual se hacía cada vez más notoria conforme ascendía en su empleo. Sus hermanos le habían despojado de la túnica propia de la nobleza, pero no pudieron despojarle de la nobleza del corazón, ni de su prudencia y virtud. José estaba separado de su familia, pero no estaba separado de Dios; estaba exiliado de la casa de su padre, pero Jehová estaba con él (vv. 2, 3), y esto le servía de consuelo y sostén. 
2. Su amo comenzó a ascenderle, hasta hacerle mayordomo de su casa (v. 4). Es señal de sabiduría por parte de los que ocupan algún puesto de autoridad el poner los ojos en las personas fieles y favorecidas con una presencia especial de Dios y darles el empleo conveniente (Sal. 101:6). Potifar sabía lo que hacía al poner todo en manos de José. 3. Dios favoreció a su amo por causa de él (v. 5): Bendijo la casa del egipcio, a pesar de ser un extraño al pueblo de Israel y ajeno al verdadero Dios, a causa de José. Los buenos son una fuente de bendición para los lugares donde viven. 

  Versículos 7–12 

 I. La más vergonzosa muestra de imprudencia e inmodestia de la mujer de Potifar y dueña de José, vilmente entregada a su instinto sexual y desposeída de toda virtud y honor. 

1. Su pecado comenzó por la vista: Puso sus ojos en José (v. 7). Ya hemos visto en ocasiones anteriores la importancia de los ojos como ventanas del alma, y la consiguiente necesidad de hacer un pacto con ellos, como lo hizo Job (Job 31:1). 
2. Vemos también el atrevimiento y la desvergüenza de esta mujer. 
3. Nótese la urgencia, la violencia y la persistencia con que acosaba a José. Hablaba a José cada día (v. 10). Esto hace ver: 
(A) La gran perversidad de ella, y 
(B) la gran tentación que esto suponía para José. 

 II. Vemos aquí uno de los más ilustres ejemplos de virtud y castidad, con admirable resolución, en José, quien fue capacitado por la gracia de Dios para resistir y vencer esta tentación. Considerando bien todo, su escape fue una muestra del poder divino tan grande como la liberación de los tres jóvenes del horno encendido (Dn. 3:20–27). 
1. La tentación que sufrió José fue muy fuerte. La tentadora era su dueña, de clase alta, a quien tenía la obligación de obedecer e interés en complacer, y cuyo favor hubiese contribuido más que nada a un mayor encumbramiento. Por otra parte, correría el mayor peligro si la despreciaba y la convertía así en enemiga. Para colmo, la oportunidad no podía ser mejor: la tentadora se encontraba sola con él en casa; su empleo le había llegado, al margen de toda sospecha, a donde ella estaba. 
2. Su resistencia a la tentación fue muy valiente, y su victoria quedó revestida del máximo honor. 
A) No estaba dispuesto a hacerle mal a su amo ni a ofender a Dios. Éste es el principal argumento con que refuerza su aversión al pecado: ¿Cómo haría yo este gran mal? (v. 9). No sólo ¿cómo haré? o ¿cómo me atreveré?, sino ¿Cómo podré? Id possumus quod jure possumus—dice el adagio latino—. Sólo podemos hacer lo que es según derecho. En realidad, el argumento en que José apoya su negativa, es triple: Primeramente, considera quién es la persona tentada: «Yo». Quizás otros puedan tomarse esa libertad yo no. Segundo, a qué pecado se le inducía: Esta gran maldad. Otros pensarían que era cosa de poca importancia, un pecadillo excusable, una aventura propia de la juventud; pero José tenía de ello una idea muy diferente. ¡Que el pecado se muestre pecado! (Ro. 7:13). Hay que llamar al pecado por su nombre y no intentar rebajar su malicia. Tercero, contra quién se le tentaba a pecar: Contra Dios, contra su santidad y dominio, contra su amor, sus designios y su providencia. El amor de Dios conlleva necesariamente el odio al pecado. 
B) Venció con prontitud y resolución. La gracia de Dios le capacitó para vencer la tentación y escapar de la tentadora. Ya dice el adagio latino: Principiis obsta: Resiste a los comienzos. No se entretuvo a conversar con la tentación, sino que huyó de ella con la mayor aversión: allí dejó su manto, como quien escapa por su vida. Nótese que es mejor perder un buen manto que una buena conciencia. 

Versículos 13–18 
 La dueña de José, después de haber intentado en vano hacerle criminal, se esfuerza ahora en presentarlo como a tal, para vengarse así de su virtud. El amor casto y santo persiste aunque se vea menospreciado, pero el amor pecaminoso, como el de Amnón a Tamar, fácilmente se cambia en odio profundo, también pecaminoso. Le acusa ante los consiervos de él (vv. 13–15), infamándole a los ojos de quienes estarían envidiosos de aquel extranjero que tan fácilmente había ascendido al puesto de mayordomo. Le acusó también ante el amo, que tenía en su mano el poder para castigarle. 
Obsérvese: 
1. La historia tan poco probable, tan poco creíble, que cuenta, pero la dice para vengarse de la virtud de José con una mentira de las más maliciosas. 
2. Consigue así encender el furor de su marido contra José (v. 19), haciendo repercutir, al mismo tiempo, sobre Potifar el ultraje que ella había sufrido—según su relato—de José: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme (v. 17). Cada palabra es una flecha envenenada: un esclavo, de esa maldita raza asiática, traído por ti mismo, que se viene a mí para herir mi honra y la tuya. 

Versículos 19–23 

1. José castigado por su amo. Potifar creyó la acusación, aunque quizá sólo en parte (¡la honra de las egipcias!); de estar seguro, hubiese condenado a José, no a prisión, sino a morir (vv. 19–20). Así se encontró José encerrado con los prisioneros del rey, presos del Estado. Fue echado a la cárcel del rey para que pudiese después ser presentado a la persona del rey. 
2. José se encontraba ahora distanciado de todos sus amigos, pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia (v. 21). No hay puertas, cerrojos ni rejas que puedan separar de los hijos de Dios la Presencia benévola del Padre, porque Él ha prometido que nunca los desamparará ni los dejará (He. 13:5). Quienes, aun en la cárcel, tienen buena conciencia, tienen allí a un buen Dios. José no está en prisión mucho tiempo sin que se convierta en un pequeño jefe: Jehová le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel (v. 21). Nótese que Dios puede hacer surgir amigos para sus hijos, incluso donde ellos tienen poca esperanza de encontrarlos. El jefe de la cárcel vio que Dios estaba con él y que todo prosperaba bajo su mano y, en consecuencia, le encargó del cuidado de todo lo que se hacía en la prisión (vv. 22–23).

miércoles, 3 de junio de 2020

Comentario Bíblico de Matthew Henry, Génesis 38

Génesis 38
CAPÍTULO 38
Judá y Tamar
En este capitulo hallamos un relato de Judá y de su familia. Si hubiésemos de formarnos una idea del carácter de Judá por la historia que sigue, no podríamos decir: «Judá, te alabarán tus hermanos» (49:8). Pero, como sucede con frecuencia, también aquí «Dios escribe derecho con líneas torcidas».
Gén 38:1 Aconteció en aquel tiempo, que Judá se apartó de sus hermanos, y se fue a un varón adulamita que se llamaba Hira. Gén 38:2 Y vio allí Judá la hija de un hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la tomó, y se llegó a ella. Gén 38:3 Y ella concibió, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Er. Gén 38:4 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Onán. Gén 38:5 Y volvió a concebir, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Quezib cuando lo dio a luz. Gén 38:6 Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar. Gén 38:7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida. Gén 38:8 Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano. Gén 38:9 Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. Gén 38:10 Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida. Gén 38:11 Y Judá dijo a Tamar su nuera: Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: No sea que muera él también como sus hermanos. Y se fue Tamar, y estuvo en casa de su padre. Gén 38:12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Después Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a Timnat, él y su amigo Hira el adulamita. Gén 38:13 Y fue dado aviso a Tamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas. Gén 38:14 Entonces se quitó ella los vestidos de su viudez, y se cubrió con un velo, y se arrebozó, y se puso a la entrada de Enaim junto al camino de Timnat; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer. Gén 38:15 Y la vio Judá, y la tuvo por ramera, porque ella había cubierto su rostro. Gén 38:16 Y se apartó del camino hacia ella, y le dijo: Déjame ahora llegarme a ti: pues no sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me darás por llegarte a mí? Gén 38:17 El respondió: Yo te enviaré del ganado un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Dame una prenda hasta que lo envíes. Gén 38:18 Entonces Judá dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu sello, tu cordón, y tu báculo que tienes en tu mano. Y él se los dio, y se llegó a ella, y ella concibió de él. Gén 38:19 Luego se levantó y se fue, y se quitó el velo de sobre sí, y se vistió las ropas de su viudez. Gén 38:20 Y Judá envió el cabrito de las cabras por medio de su amigo el adulamita, para que éste recibiese la prenda de la mujer; pero no la halló. Gén 38:21 Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de Enaim junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera alguna. Gén 38:22 Entonces él se volvió a Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha estado ramera. Gén 38:23 Y Judá dijo: Tómeselo para sí, para que no seamos menospreciados; he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste. Gén 38:24 Sucedió que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y ciertamente está encinta a causa de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada. Gén 38:25 Pero ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas son estas cosas, estoy encinta. También dijo: Mira ahora de quién son estas cosas, el sello, el cordón y el báculo. Gén 38:26 Entonces Judá los reconoció, y dijo: Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció. Gén 38:27 Y aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí había gemelos en su seno. Gén 38:28 Sucedió cuando daba a luz, que sacó la mano el uno, y la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: Este salió primero. Gén 38:29 Pero volviendo él a meter la mano, he aquí salió su hermano; y ella dijo: ¡Qué brecha te has abierto! Y llamó su nombre Fares.[a] Gén 38:30 Después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y llamó su nombre Zara.
Versículos 1–11 1. La amistad de Judá con un cananeo. 2. Su insensato casamiento con una cananea, concertado, no por su padre, que no parece haber sido consultado, sino por su nuevo amigo Hirá (v. 2). Tuvo de ella tres hijos: Er, Onán y Selá. Con toda probabilidad, Judá se casó muy joven y con mucha precipitación; asimismo casó a sus hijos demasiado jóvenes, cuando no tenían aún seso ni talante para comportarse debidamente, y las consecuencias fueron muy malas. (A) Su primogénito, Er, fue notoriamente malvado; y lo fue ante los ojos de Jehová (v. 7), como si dijera, en desafío a Dios y a su ley. (B) Su segundo hijo, Onán, se casó con la viuda, de acuerdo con la antigua costumbre para conservar el nombre de su hermano, que había muerto sin hijos. Esta costumbre de casarse con la viuda del hermano fue después incorporada a las leyes de Moisés (Dt. 25:5), y es conocida con el nombre de ley del levirato (del latín lévir, cuñado). Aunque consintió en casarse con la viuda, Onán rehusó dar descendencia a su hermano (v. 9), y abusó de su propio cuerpo, del de su mujer, y de la memoria de su fallecido hermano. (C) Selá, su tercer hijo, quedó prometido a la viuda (v. 11), pero a condición de que no se casase tan joven. Con esto, Tamar asintió por el momento, y esperó el resultado. Versículos 12–13 Se cuenta de Judá una desdichada historia. Se portó injustamente con su nuera, por negligencia o adrede, al no darle el hijo sobreviviente, de acuerdo con lo prometido, y así la expuso a tentaciones. I. Tamar se prostituyó malvadamente ante Judá como una ramera, a fin de que, si el hijo no quería, al menos el padre levantase descendencia a su primer marido. El obispo Patrick piensa que, probablemente, ella esperaba que Selá, que era legalmente su prometido, vendría con su padre, y quizás ella podría atraerlo con sus caricias. 1. Ella creyó llegada la oportunidad cuando Judá estaba de fiesta con los trasquiladores de sus ovejas. 2. Se exhibió como ramera en público (v. 14). Parece ser que, en aquel tiempo, era costumbre de las prostitutas sagradas de Astarté cubrirse el rostro con un velo, de modo que, aun no teniendo vergüenza, parecían tenerla. El pecado de impureza no se cometía tan descaradamente como se comete ahora. II. Judá, viudo entonces (v. 12), cayó en la trampa, y aunque ignoraba que fuese su nuera y, por tanto, no cometió incesto culpablemente, sí fue culpable de fornicación, pues no era esposa suya y no debía tocarla. Nótese: 1. Que el pecado de Judá comenzó como el de David, por los ojos (v. 15): La vio. Necesitamos hacer un pacto con nuestros ojos, como Job (Job 31:1), y no permitir que se vayan tras la vanidad, para que el ojo no infecte al corazón. 2. Al escándalo de la fornicación añadió el pecado de alquilar por dinero a una ramera (¡nada más infamante!), pues el precio fue demandado, prometido y aceptado:—cabrito del rebaño (v. 17). ¡Buen precio para la honra y la castidad de ella! También en esto, es peor Judá que Tamar, porque ¿cuál es más de culpar—aunque cualquiera mal haga—la que peca por la paga o el que paga por pecar? Sí, aunque hubiese ofrecido miles de carneros y diez mil ríos de aceite, no habrían sido precio suficiente. El favor de Dios, la pureza del alma, la paz de la conciencia y la esperanza del Cielo son demasiado preciosos para ponerlos a la venta a cualquier precio. 3. Todavía añadió Judá un nuevo motivo de reproche al dejar sus joyas y atributos de nobleza en prenda por un cabrito. III. En el trato, perdió su prenda. Envió el cabrito, conforme a lo acordado, para redimir la prenda, pero la supuesta ramera no fue hallada. Judá queda satisfecho de perder su sello y el collar o brazalete del que éste pendía, además de su bordón de jeque, y prohíbe cualquier investigación posterior, para que no seamos menospreciados (v. 3). No parece preocupado por el pecado, para que le sea perdonado, sino por la vergüenza, para no verse confundido. Versículos 24–30 I. Judá se muestra riguroso contra Tamar, cuando oye que es adúltera. Legalmente, era esposa de Selá y, por tanto, encontrarse encinta de otro hombre era considerado como injuria e infamia a la familia de Judá: Sacadla—dice Judá—, y sea quemada (v. 24). Como cabeza de familia, Judá tenía poder para aplicar la pena capital (v. 31:32). Nótese que es cosa muy corriente entre los hombres ser severos contra otros por los mismos pecados que ellos se permiten a sí mismos; de este modo, al juzgar a otros, se condenan a sí mismos (Ro. 2:1; 14:22). II. La vergüenza de Judá, cuando quedó patente que él era el adúltero. Tamar presentó el sello, el cordón y el báculo, cuando la sacaban para ejecutar justicia contra ella lo cual evidenció que el padre de la criatura era Judá (vv. 25–26). Ante esta prueba contundente, Judá reconoció su pecado y cargó sobre sí la infamia del hecho. La Escritura no oculta los grandes pecados de los grandes hombres de Dios ni la confesión penitente de los mismos. Cuando el emperador Teodosio fue excomulgado por el obispo de Milán Ambrosio a causa de la matanza de Tesalónica, Teodosio replicó en su orgullo: «También David pecó». A lo que respondió Ambrosio: «Pues ya que has seguido a David en su pecado, síguele también en su arrepentimiento». III. La edificación de la familia de Judá con el nacimiento de Pares (o Peres) y Zara, de quienes descendieron las numerosas familias de la ilustre tribu de Judá. Los cuatro primeros hijos de Jacob cayeron en asquerosos crímenes: Rubén y Judá cometieron incesto Simeón y Leví una matanza masiva. Con todo, figuran entre los patriarcas de Israel, y de Leví descendieron los sacerdotes, como de Judá descendieron los reyes y el propio Mesías. Así llegaron a ser modelos de arrepentimiento, y monumentos del perdón y de la gracia de Dios.

domingo, 24 de abril de 2016

Comentario Biblico de Matthew Henry, Génesis 35



Versículos 1—5. Dios manda a Jacob que vaya a Betel—Quita los ídolos de su familia.
6—15. Jacob erige un altar—Muerte de Débora. Dios bendice a Jacob.
16—20. Muerte de Raquel.
21—29. El crimen de Rubén—La muerte de Isaac.

Vv. 1—5. Betel estaba olvidado. Pero a cuantos Dios ama, les recordará los deberes descuidados de
una u otra forma, por la conciencia o por providencia. Cuando hemos hecho un voto a Dios, es mejor
no demorar el pago; mejor tarde que nunca. Jacob mandó a su hogar que se preparara no sólo para el
viaje y el cambio sino para los servicios religiosos. Los jefes de familia deben usar su autoridad para
conservar la fe en sus familias, Josué 24. 15. Ellos deben quitar los dioses ajenos. En las familias
en que hay una apariencia de religión y un altar para Dios, muchas veces hay mucha perdición y más
dioses extraños de lo que uno supondría. Tienen que purificarse y cambiar sus vestiduras. Estas son
sólo ceremonias externas, que representan la purificación y el cambio del corazón. ¿Qué son las
ropas limpias y las vestiduras nuevas, sin un corazón limpio, sin un nuevo corazón? —Si Jacob
hubiera buscado antes esos ídolos, antes se hubieran separado de ellos. A veces los intentos de
reforma triunfan mejor de lo que hubiéramos pensado. Jacob enterró las imágenes. Debemos estar
totalmente apartados de nuestros pecados, como lo estamos de aquellos que están muertos y
sepultados, fuera de la vista. Se cambió de Siquem a Betel. Aunque los cananeos estaban muy
enojados con los hijos de Jacob por el trato bárbaro contra los de Siquem, fueron retenidos de tal
modo por el poder divino, que no pudieron aprovechar la oportunidad de vengarse que ahora se les
ofrecía. El camino del deber es el camino de la seguridad. Cuando estamos ocupados en la obra de
Dios, estamos bajo protección especial; Dios está con nosotros mientras nosotros estemos con Él; y
si Él es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Dios rige al mundo por terrores secretos en la mente de
los hombres más de lo que podemos darnos cuenta.

Vv. 6—15. El consuelo que los santos tienen en las sagradas ordenanzas no es tanto de Betel, la
casa de Dios, como de El-bet-el, el Dios de la casa. Los mandamientos son cosas vacías si no nos
encontramos con Dios en ellos. Jacob enterró ahí a Débora, la niñera de Rebeca. Su muerte fue muy
lamentada. Los viejos sirvientes de la familia, que han sido fieles y útiles en su tiempo, deben ser
respetados. —Dios se apareció a Jacob. Renovó el pacto con él. Yo soy Dios Todopoderoso, Dios
omnipotente, capaz de cumplir la promesa en el debido tiempo y de sostenerte y proveer para ti en el
tiempo malo. —Promete dos cosas: que él será el padre de una gran nación y el dueño de una buena
tierra. Estas dos promesas tenían un significado espiritual del cual Jacob tenía cierta noción, aunque
no tan clara y definida como la tenemos nosotros ahora. Cristo es la Simiente prometida y el cielo es
la tierra prometida; el primero es el fundamento y el segundo, la culminación de todos los favores de
Dios.

Vv. 16—20. Raquel había dicho apasionadamente, dame hijos o me muero; y ahora que tenía
hijos, ¡se murió! La muerte del cuerpo no es sino la partida del alma al mundo de los espíritus.
Cuando aprendamos que es Dios solo el que realmente sabe lo que es lo mejor para su pueblo, y que
en todos los asuntos mundanos la vía más segura para el cristiano es decir de todo corazón: “Es el
Señor, que Él haga lo que le parezca bien”. Sólo en esto está nuestra seguridad y nuestro consuelo,
en no conocer otra voluntad sino la suya. —Sus labios moribundos llamaron Benoni a su hijo recién
nacido, “hijo de mi dolor”; y muchos hijos resultan ser una carga insoportable para la que lo tuvo.
Los hijos son un dolor bastante grande para sus madres; por tanto, cuando crezcan debieran estudiar
para ser el gozo de ellas y, de ser posible, hacer algunas enmiendas. Pero Jacob, debido a que no
quería revivir el recuerdo penoso de la muerte de la madre cada vez que llamara a su hijo, le cambió
el nombre por Benjamín, el hijo de mi diestra, esto es, muy querido para mí; el apoyo de mi vejez, el
cayado de mi mano derecha.

Vv. 21—29. Se muestra la profunda aflicción que fue el pecado de Rubén en “lo cual llegó a
saber Israel”. No se dice más, pero eso es suficiente. Rubén pensó que su padre nunca lo sabría, pero
aquellos que se prometen secreto al pecar, generalmente se desengañan. —Se registra la edad y la
muerte de Isaac aunque no murió sino después que José fue vendido a Egipto. Isaac vivió unos
cuarenta años después de haber hecho su testamento, capítulo 27. 2. No moriremos una hora antes
por poner nuestro corazón y nuestra casa en orden, sin embargo, esto será mucho mejor. —Se
destaca en particular el acuerdo de Esaú y Jacob en cuanto al funeral de su padre, para mostrar cómo
Dios había cambiado prodigiosamente la mente de Esaú. Es horrible ver a los parientes que se pelean
sobre las tumbas de sus amistades, por un poco de los bienes de este mundo, mientras están
próximos a irse ellos mismos a la tumba.

domingo, 18 de enero de 2015

Comentario Biblico de Matthew Henry, Génesis 34


Versículos 1—19. Dina deshonrada por Siquem. 
20—31. Los de Siquem son asesinados por Simeón y Leví.

Vv. 1—19. Las personas jóvenes, especialmente las mujeres, nunca están tan a salvo y tan bien
como bajo el cuidado de padres piadosos. Su propia ignorancia y los halagos y artificios mal intencionados de la gente impía, que siempre está poniéndoles trampas, las exponen a gran peligro.
Ellos son sus propios enemigos si desean irse al extranjero, especialmente solos, entre los extraños a
la verdadera fe. Los padres que no impiden a sus hijos que se expongan innecesariamente al peligro
están muy equivocados. Los niños malcriados, como Dina, a menudo se vuelven dolor y vergüenza
para su familia. La disculpa de ella fue ver a las hijas de la tierra, ver cómo se vestían y cómo
danzaban y qué estaba de moda entre ellas; se fue a ver, pero eso no era todo; fue también a que la
vieran. Fue a hacer amistad con las cananeas y a aprender sus costumbres. Véase lo que pasó con el
vagar de Dina. El comienzo del pecado es como dejar escapar el agua. ¿Qué tanto importa que se
encienda un fuego pequeño? Debemos evitar cuidadosamente todas las ocasiones de pecar y las
aproximaciones a ello.

Vv. 20—31. Los de Siquem se sometieron al rito sagrado solamente para darle el gusto a su
príncipe y enriquecerse, y fue justo que Dios los castigara. Como nada nos asegura mejor que la
verdadera religión, así nada nos expone más que la religión solamente fingida. Simeón y Leví fueron
sumamente injustos. Aquellos que actúan malamente so pretexto de la fe, son los peores enemigos
de la verdad y endurecen para destrucción los corazones de muchos. Los crímenes ajenos no
constituyen excusa para nosotros. ¡Ay, cómo un pecado lleva a otro y, como llamas de fuego,
esparce desolación en todas las direcciones! Los placeres necios conducen a la seducción; la
seducción produce ira; la ira tiene sed de venganza; la sed de venganza recurre a la traición; la
traición termina en asesinato; y el asesinato es seguido por otras acciones ilegales. Si hiciéramos la
historia del comercio ilícito entre los sexos, encontraríamos que termina en sangre más que ningún
otro pecado.

martes, 25 de febrero de 2014

Comentario Biblico de Matthew Henry, Génesis 33



GÉNESIS 33

Versículos 1—16. La amistosa reunión de Jacob y Esaú.
                  17—20. Jacob va a Sucot y Siquem—Construye un altar.

Vv. 1—16. Habiendo encomendado su causa en oración a Dios, Jacob siguió su camino. Pase lo que pase nada puede salir mal para aquel cuyo corazón está firme confiando en Dios. Jacob se inclinó ante Esaú.
Una conducta humilde y sumisa hace mucho para quitar la ira. Esaú abrazó a Jacob. Dios tiene los corazones de todos los hombres en sus manos y puede volverlos cuando y cómo le plazca.
No es en vano confiar en Dios e invocarle en el día malo. Cuando los caminos del hombre agradan al Señor, Él hace que hasta sus enemigos estén en paz con él. —Esaú recibe a Jacob como hermano y hay mucha ternura entre ellos. Esaú pregunta: ¿Quiénes son éstos? A esta pregunta corriente, Jacob habló sinceramente, como un hombre cuyos ojos están siempre dirigidos hacia el Señor. Jacob instó a Esaú, como si su temor hubiera terminado, y él tomó su presente. Bueno es cuando la fe de los hombres los hace generosos, de corazón libre y mano abierta. Pero Jacob declinó el ofrecimiento de Esaú de acompañarlo. No es deseable intimar con parientes impíos superiores a uno, que esperarán que nos unamos a ellos en sus vanidades o, por lo menos, que hagamos la vista gorda aunque ellos culpen y, quizá, se burlen de nuestra religión. Tales serán o una trampa para nosotros o se ofenderán con nosotros. Arriesguémonos a perder todas las cosas antes que poner en peligro nuestras almas, si conocemos su valor, antes que renunciar a Cristo, si verdaderamente le amamos. Que el cuidado y tierna atención que Jacob da a su familia y a sus rebaños, nos recuerden al buen Pastor de nuestras almas, que reúne a los corderos con su brazo y los lleva en su regazo y, bondadosamente, guía a las que están recién paridas, Isaías 11. 11. Todos debemos seguir su ejemplo como padres, maestros o pastores.

Vv. 17—20. Jacob no se contentó con palabras de gratitud por el favor de Dios para con él sino que dio gracias reales. También mantuvo la fe y la adoración de Dios en su familia. Donde tengamos tienda, Dios debe tener un altar. Jacob dedicó este altar para el honor de El-elohe-Israel, Dios, el Dios de Israel; al honor de Dios, el único Dios vivo verdadero; y al honor del Dios de Israel como Dios del pacto con él.
El Dios de Israel es la gloria de Israel. Bendito sea su nombre, Él sigue siendo el poderoso Dios, el Dios de Israel. Que nosotros alabemos su nombre y nos regocijemos en su amor a través de nuestro peregrinaje aquí en la tierra y por siempre en la Canaán celestial.

sábado, 27 de abril de 2013

Comentario Biblico de Matthew Henry, Genésis 32


Salmos 32
Versículos 1—8. La visión de Jacob en Mahanaim—Su miedo de Esaú. 
9—23. La ferviente oración de Jacob por liberación—Prepara un regalo para Esaú. 
24—32. Lucha con el Ángel.

Vv. 1—8. Los ángeles de Dios se aparecieron a Jacob para darle ánimo con la seguridad de la protección divina. Cuando Dios somete a su pueblo a grandes pruebas, los prepara por medio de grandes consolaciones. 
—Mientras Jacob, a quien pertenecía la promesa, estuvo trabajando con ardor, Esaú había llegado a ser un príncipe. Jacob mandó un mensaje demostrando que no insistía en la primogenitura. 
La mansedumbre hará cesar las grandes ofensas, Eclesiastés 10. 4. No debemos negarnos a hablar con respeto aun a quienes están enojados injustamente con nosotros. Jacob recibió un informe de los preparativos bélicos de Esaú contra él, y tuvo mucho miedo. 
El sentido vívido de peligro y el miedo vivificador que de él surge, pueden hallarse unidos con la humilde confianza en el poder y la promesa de Dios.

Vv. 9—23. Los tiempos de terror deben ser tiempo de oración: sea lo que sea que cause el temor, debe ponernos de rodillas ante nuestro Dios. Jacob había visto recientemente a sus ángeles guardianes pero, en su malestar, recurrió a Dios, no a ellos; él sabía que ellos eran sus consiervos, Apocalipsis 22. 9. No puede haber una pauta mejor que esta para la verdadera oración. Aquí hay un
reconocimiento agradecido de favores anteriores inmerecidos; una humilde confesión de indignidad; una sencilla declaración de sus temores e inquietudes; una referencia plena de todo el asunto al
Señor y el descanso de todas sus esperanzas en Él. Lo mejor que podemos decir a Dios en oración es lo que Él nos ha dicho. 
Así, él hizo del nombre del Señor su torre fuerte y no pudo sino estar a salvo.

El temor de Jacob no le hizo hundirse en la desesperación, ni su oración le hizo presuponer la misericordia de Dios, sin el uso de medios. Dios responde oraciones enseñándonos a ordenar correctamente nuestros asuntos. 
—Jacob envió un regalo para apaciguar a Esaú. No debemos desesperar de reconciliarnos con otros por muy enojados que estén con nosotros.

Vv. 24—32. Un buen rato antes del alba, estando solo, Jacob desplegó más plenamente sus temores orando a Dios. 
Mientras estaba así ocupado, Uno semejante a un hombre luchó con él.
Cuando el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades y casi no hallamos palabras para expresar nuestros deseos más vastos y fervientes, y queremos decir más de lo que podemos expresar,
entonces, la oración lucha, sin duda, con Dios. Por atribulados o descorazonados que estemos, prevaleceremos y, al prevalecer con Él en oración, prevaleceremos contra todos los enemigos que luchan contra nosotros. Nada requiere más vigor y esfuerzo incesante que luchar. Es un emblema del verdadero espíritu de fe y oración. Jacob mantuvo su terreno; aunque la lucha continuó largo rato, esto no remeció su fe, ni silenció su oración. Él tendrá una bendición y prefería que todos sus huesos fueran dislocados antes que irse sin una. Los que quieren tener la bendición de Cristo deben decidirse a no aceptar una negativa. La oración ferviente es la oración eficaz. 
—El Ángel le puso una marca de honor perdurable cambiándole el nombre. Jacob significa usurpador. Desde ahora en adelante será celebrado, no por su astucia y hábil manipulación, sino por el valor verdadero. “Serás llamado Israel”, príncipe de Dios, un nombre más grande que el de los grandes hombres de la tierra.

Indudablemente él es un príncipe, esto es, un príncipe de Dios; son verdaderamente honorables aquellos que son poderosos en oración. Al tener poder con Dios también tendrán poder con los hombres; él prevalecerá y ganará el favor de Esaú. 
—Jacob da un nombre nuevo al lugar. Lo llama Peniel, el rostro de Dios, porque ahí había visto aparecer a Dios y obtuvo el favor de Dios. A quienes Dios honra les corresponde admirar su gracia para con ellos. El Ángel que luchó con Jacob era la segunda Persona de la sagrada Trinidad que, después, fue Dios manifestado en la carne y que, en su naturaleza humana, es llamado Emanuel, Oseas 12. 4-5. —Jacob fue herido en su muslo. Ello podría servirle para evitar que se sintiera superior con la abundancia de las revelaciones. El sol le salió a Jacob; amanece para aquella alma que ha tenido comunión con Dios.

martes, 26 de marzo de 2013

Comentario Biblico de Matthew Henry, Genésis 31


Genésis 31
Versículos 1—21. Jacob se va en secreto. 

22—35. Labán persigue a Jacob. 

36—42. Jacob se queja de la conducta de Labán. 

43—55. El pacto de ellos en Galaad.
 
Vv. 1—21. Los asuntos de estas familias se relatan con mucho detalle aunque no se mencionan los (así llamados) grandes sucesos de los estados y reinos de ese período. La Biblia enseña a la gente los deberes corrientes de la vida, cómo servir a Dios, cómo disfrutar las bendiciones que Él otorga y hacer el bien en las variadas situaciones y deberes de la vida. Los hombres egoístas se consideran despojados de todo lo que queda fuera de su alcance y la codicia se traga hasta el afecto natural. La sobrevaloración de la riqueza mundana que los hombres hacen es un error que es raíz de la codicia, la envidia y de todo mal. Los hombres del mundo se entrometen en el camino ajeno y cada uno parece estar quitándole a los demás; de ahí surgen el descontento, la envidia y la discordia. Pero hay ciertas posesiones que bastan por todo; feliz aquel que las busca en primer lugar. En todos nuestros cambios debemos respetar el mandamiento y la promesa de Dios. Si Él está con nosotros, no tenemos que temer. Los peligros que nos rodean son tantos que, en realidad, nada más puede dar ánimo a nuestros corazones. Recordar las temporadas favorecidas por la comunión con Dios es muy refrescante cuando uno está en dificultades; y a menudo debiéramos recordar nuestros votos, para que no dejemos de cumplirlos.
 
Vv. 22—35. Dios puede poner freno en la boca de los hombres malos para restringir su maldad aunque no cambie sus corazones. Aunque no amen al pueblo de Dios, lo fingirán y tratarán de hacer méritos por necesidad. ¡Necio Labán! ¡Llamar dioses todas esas cosas que podían ser robados! Los enemigos pueden robar nuestros bienes pero no nuestro Dios. Aquí Labán culpa a Jacob de cosas que no sabía. Quienes encomiendan su causa a Dios no tienen la prohibición de rogar por ella con mansedumbre y temor. Cuando leemos que Raquel roba las imágenes de su padre, ¡qué escena de iniquidad se abre! La familia de Nacor, que dejó a los caldeos idólatras, ¿esta misma familia se vuelve idólatra? Así es. Parece que la verdad es que eran como algunos de tiempos posteriores, que juraron por Jehová y juraron por Milcom, Sofonías 1.5; y como otros de nuestros tiempos que desean servir simultáneamente a Dios y a Mamón. Grandes muchedumbres reconocerán de palabra al Dios verdadero pero sus corazones y casas son albergues de la idolatría espiritual. Cuando un hombre se entrega a la codicia, como Labán, el mundo es su dios; y sólo tiene que residir entre idólatras groseros para volverse uno de ellos o, por lo menos, un favorecedor de sus abominaciones.

Vv. 36—42. Si Jacob se dejaba voluntariamente ser consumido por el calor del día y la helada de la noche, por llegar a ser el yerno de Labán, ¿qué tendríamos que negarnos a soportar por llegar a ser hijos de Dios? Jacob habla de Dios como del Dios de su padre; él se tenía por indigno de ser considerado en sí mismo pero era amado por amor de su padre. Él lo llama el Dios de Abraham y el temor de Isaac, pues Abraham estaba muerto e ido a ese mundo donde el perfecto amor echa fuera todo temor pero Isaac estaba vivo aún, santificando al Señor en su corazón con temor y temblor.

Vv. 43—55. Labán no podía justificarse a sí mismo ni condenar a Jacob, por tanto, desea no saber más del asunto. No está dispuesto a reconocer su falta como debiera haber hecho. Propone un pacto de amistad entre ellos con lo cual concuerda rápidamente Jacob. Se levanta un montón de piedras para conservar el recuerdo del hecho, pues entonces no se sabía escribir o se usaba poco. Se ofreció un sacrificio de ofrenda de paz. La paz con Dios pone un verdadero consuelo en la paz con nuestras amistades. Ellos comieron juntos el pan, y participaron de la fiesta por el sacrificio. En las épocas antiguas, las partes ratificaban el pacto de amistad comiendo y bebiendo juntos. Dios es el juez de las partes litigantes y Él juzgará con justicia: el que hace mal, lo hace por su cuenta y riesgo.
—Ellos dieron un nuevo nombre al lugar, Majano del testimonio. Después de la airada discusión de las condiciones, se separaron amigos. Dios suele ser mejor para nosotros que nuestros temores y dirige a favor nuestro los espíritus de los hombres, más allá de lo que pudiésemos esperar; porque no es en vano confiar en Él.

sábado, 16 de febrero de 2013

Genesis 30, Comentario Biblico de Matthew Henry



Versículos 1—13. Otro relato más de la familia de Jacob. 
14—24. Raquel da a luz a José. 
25—43. El nuevo acuerdo de Jacob con Labán para servirle por el rebaño.

Vv. 1—13. Raquel envidiaba a su hermana: la envidia es dolerse porque el prójimo está bien; no hay pecado que sea más odioso para Dios que ese o más dañino para nuestro prójimo y nosotros mismos. Ella no consideró que Dios establece la diferencia y que en otras cosas ella tenía la ventaja. Cuidadosamente estemos vigilantes contra todos las apariciones y obras de esta pasión en nuestra mente. Que nuestro ojo no sea malo para con ninguno de nuestros consiervos porque el ojo de nuestro Amo es bueno. 
—Jacob amaba a Raquel y, por tanto, la reprendió por hablar mal. Las reprimendas fieles revelan un verdadero afecto. Dios puede ocupar el lugar de cualquier criatura en nosotros pero es pecado y necedad poner a una criatura en el lugar de Dios y depositar en la criatura la confianza que sólo a Él debe darse. 
—Jacob, convencido por Raquel, tomó a Bilha, doncella de ella, como esposa para que, conforme a las costumbres de la época, sus hijos fueran de su señora. Si su corazón no hubiera estado influido por las malas pasiones, Raquel hubiera pensado en los hijos de su hermana, más cercanos a ella y con más derecho a su cariño que los de Bilha. Pero le eran más deseables los hijos a quienes ella tenía derecho de mandar que los hijos a quienes ella tenía más razón para amar. Como ejemplo precoz de su poder sobre estos hijos, ella se complace en darles nombres que llevan en sí la marca de su rivalidad con su hermana. Véase lo que son las raíces de amargura, envidia y discordia y cuánto mal hacen entre los seres queridos. 
—Jacob, convencido por Lea, tomó a Zilpa, su doncella, como esposa también. Véase el poder de los celos y la rivalidad y admírese la sabiduría del designio divino, que une a un solo hombre con una sola mujer; porque Dios nos ha llamado a la paz y a la pureza.

Vv. 14—24. El deseo de ser la madre de la Simiente prometida, bueno en sí mismo, pero a menudo demasiado grande e irregular, junto con el honor de tener muchos hijos y el reproche de ser estéril, fueron algunas causas de esta inconveniente disputa entre las hermanas. La verdad parece ser que ellas estaban influidas por las promesas de Dios a Abraham a cuya posteridad se le dio la promesa de las más ricas bendiciones, y de quienes iba a venir el Mesías.

vv. 25—43. Pasados los catorce años, Jacob estaba deseoso de partir sin provisión, salvo la promesa de Dios. Pero en muchas formas, tenía un justo reclamo sobre la fortuna de Labán y era voluntad de Dios que él recibiera provisión de ella. Él refirió su causa a Dios en vez de acordar los salarios estipulados con Labán, cuyo egoísmo era muy grande. Pareciera que actuó honestamente cuando no se halló ningún ganado entre los suyos sino aquellos de los colores acordados. Labán pensó egoístamente que su ganado produciría pocos de color diferente de los suyos. 
—Se ha considerado que la conducta de Jacob después de este acuerdo, es un ejemplo de su política y administración. Pero ocurrió así a instancias de Dios y como señal de su poder. El Señor de una u otra manera defenderá la causa del oprimido y honrará a los que sencillamente confían en su providencia. Tampoco pudo Labán quejarse de Jacob puesto que no tenía nada más que lo que fuera libremente acordado; tampoco fue dañado, sino muy beneficiado por los servicios de Jacob. Que todas nuestras misericordias sean recibidas con acción de gracias y oración, para que viniendo de su generosidad, nos lleven a alabarle.

viernes, 15 de febrero de 2013

ENCICLOPEDIA EXPLICATIVA DE DIFICULTADES BIBLICAS, ¿DONDE HALLO CAIN A SU ESPOSA?





¿DONDE HALLO CAIN A SU ESPOSA?

«Y salió Caín... y habitó en la tierra de Nod... y conoció Caín a su mujer...» (Gén. 4:16, 17.)

P. No se cansan los incrédulos de repetir esta pregunta Adán y Eva, piensan, tenían dos hijos, Caín y Abel, y luego dicen: Salió Caín y habitó en la tierra de Nod y tomó allí esposa. Y encuentran así una contradicción en la Biblia o se figuran que halló en Nod una raza distinta de la de Adán, acusando a la Biblia de mentirosa, por decir que venimos todos de una sangre.

R. 1.°. La Biblia no dice que sólo tenían dos hijos, Adán y Eva, sino que, además de Caín, Abel y Seth, Adán, en su larga vida, engendró hijos e hijas; numerosos, sin duda. (Génesis 5:1-4.) Nadie, en el mundo, puede decir cuántos hijos e hijas.

2° La Biblia no dice que Caín tomó esposa en Nod. No hay cristiano ni incrédulo en el mundo que pueda encontrar esta afirmación en la Biblia. Con toda seguridad, Caín ya tenía esposa cuando salió para Nod. Eso sí, la Biblia dice que Caín conoció a su esposa en Nod. Si el incrédulo funda su idea en esta palabra, sólo da prueba de su ignorancia respecto a su significado bíblico. Pues, léanse Gén. 4:1; Mat. 1; 25, y lo comprenderá. ¿Quién fue, pues, su esposa y dónde la halló? Sin duda se casó con una de las numerosas hijas de su padre Adán, en cuyo caso se dirá que «se casó con una de sus hermanas.» Por supuesto, así fue
necesario entonces, y esto aun según la ley divina respecto al matrimonio, en aquellos días de superior pureza sanguínea (Gén. 1:28). Nótese bien que una vez cumplido el primer objeto de la ley de la multiplicación, Dios proclama otra ley de matrimonio, escribiéndola tan profundamente en la naturaleza misma de los seres humanos, que quien se atreva a traspasarla, habrá de deplorar en su procreación hijos deformes, idiotas y desgraciados debido a su consanguinidad
prohibida.

En resumen, Caín se casó con una de las hijas de Adán y el misterio que se imaginan algunos que existe en este asunto, no es tal misterio.

viernes, 8 de febrero de 2013

Génesis 29; Comentario de Matthey Henry




Versículos 1—8. Jacob llega al pozo de Harán. 
9—14. Su encuentro con Raquel—Labán lo atiende. 
15—30. El contrato de Jacob por Raquel—El engaño de Labán. 
31—35. Los hijos de Lea.

Vv. 1—8. Jacob prosiguió alegre su viaje después de la dulce comunión que tuvo con Dios en Betel. La providencia lo llevó al campo donde tenían que abrevar los rebaños de su tío. Lo que se dice del cuidado de los pastores por sus ovejas puede recordarnos la tierna preocupación que nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, tiene por su rebaño, la iglesia; pues Él es el buen Pastor que conoce a sus ovejas y a quien ellas conocen. La piedra de la boca del pozo era para cerrarlo; el agua era escasa, no estaba ahí para que cualquiera la usara: pero los intereses particulares no nos deben impedir que nos ayudemos unos a otros. Cuando se juntaban todos los pastores con sus rebaños, entonces, juntos, como buenos vecinos, abrevaban a sus rebaños. La ley de clemencia al hablar tiene un poder obligatorio, Proverbios 31. 26. Jacob fue bien educado con estos extranjeros y halló que ellos eran bien educados con él.

Vv. 9—14. Vea aquí la humildad y laboriosidad de Raquel. Nadie tiene que avergonzarse del trabajo honesto y útil, ni debe impedírselo la preferencia de alguien. Cuando Jacob comprendió que ésta era su parienta, estuvo muy dispuesto a servirla. 
—Labán, aunque no del mejor humor, le dio la bienvenida y se dio por satisfecho con el relato que Jacob le hizo de sí mismo. Aunque evitemos estar neciamente dispuestos a creer todo lo se nos diga, debemos tener cuidado de ser suspicaces en forma poco caritativa.

Vv. 15—30. En el mes que Jacob se pasó como huésped, no estuvo ocioso. Dondequiera estemos es bueno ocuparnos en algo útil. Labán estaba deseoso de que Jacob siguiera con él. No se debe sacar ventaja de las relaciones con los subordinados; es nuestro deber recompensarlos. 
—Jacob hizo saber a Labán el afecto que tenía por su hija Raquel. Careciendo de bienes mundanos con los cuales dotarla, promete siete años de servicio. El amor hace cortos y fáciles los servicios largos y difíciles; de ahí que leemos del trabajo del amor, Hebreos vi, 10. Si sabemos valorar la felicidad del cielo, los sufrimientos de este tiempo presente serán como nada para nosotros. Una era de trabajo no será sino unos pocos días para los que aman a Dios y anhelan la venida de Cristo. 
—Jacob, que se había aprovechado de su padre, ahora es utilizado por Labán, su suegro, con un engaño parecido. De aquí, que por injusto que haya sido Labán, el Señor fue justo: ver Jueces i, 7. Aun los justos, si dan un paso en falso, así les paga Dios en la tierra. Muchos que como Jacob no son desengañados por la persona, en sus matrimonios, pronto se hallan, para su gran dolor, desencantados por el carácter. La elección de esta relación debe hacerse con buen consejo y pensamiento por ambas partes. Hay razones para creer que la excusa de Labán no era cierta. Su modo de zanjar la cuestión empeoró lo malo. Jacob se vio llevado al problema de las muchas esposas. Él no podía rechazar a Raquel porque la había desposado; mucho menos podía rechazar a Lea. Todavía no había un mandamiento expreso contra casarse con más de una esposa. Era pecado de ignorancia en los patriarcas, pero no justifica la misma costumbre actual cuando la voluntad de Dios está claramente dada a conocer por la ley divina, Levítico 18. 18, y más plenamente desde que, por nuestro Salvador, pueden unirse solamente un hombre y una mujer, 1 Corintios 7. 2.

Vv. 31—35. Los nombres que Lea da a sus hijos expresaban su respeto y consideración tanto hacia Dios y hacia su esposo. Rubén, o Mira un hijo, con este pensamiento, Ahora mi marido me amará; Leví, o unido con la expectativa de que Esta vez mi marido se unirá conmigo. El afecto mutuo es a la vez el deber y el consuelo de la relación conyugal; y los compañeros de yugo deben considerar el agradarse uno a otro, 1 Corintios 7. 33-34. Ella reconoce, agradecida, la bondadosa providencia de Dios al escucharla. En todo lo que nos sostenga y consuele en las aflicciones o se ocupe de nuestra liberación de ellas, es Dios quien debe ser reconocido en eso. Llamó Judá a su cuarto hijo, o alabanza diciendo, Esta vez alabaré a Jehová. De este, según la carne, es que vino Cristo. Cualquiera sea la razón de nuestro regocijo debe ser el tema de nuestra acción de gracias. Los favores frescos deben apresurarnos a alabar a Dios por los favores anteriores. Esta vez alabaré a Jehová más y mejor de lo que lo he hecho. Todas nuestras alabanzas deben centrarse en Cristo, como objeto de ellas y como Mediador de ellas. Él descendió, según la carne, de aquel cuyo nombre era “Alabanza”, y Él es nuestra alabanza. ¿Está Cristo formado en mi corazón? Esta vez alabaré a Jehová.

martes, 22 de enero de 2013

Genesis 28; Comentario de Matthew Henry


Versículos 1—5. Isaac manda a Jacob a Padan-aram. 
6—9. Esaú se casa con la hija de Ismael. 
10—15. La visión de Jacob. 
16—19. La piedra de Betel. 
20—22. El voto de Jacob.

Vv. 1—5. Jacob tenía promesas de bendiciones para este mundo y para el venidero pero sale para trabajar en forma ardua. Esto lo ayudó a corregirse por el fraude perpetrado a su padre. La bendición le será conferida, pero tendrá agudo dolor por el curso indirecto tomado para obtenerla. 
—Jacob es despedido por su padre con un solemne encargo. Él no debe tomar esposa de las hijas de Canaán: Los que profesan la religión no deben casarse con quienes no se preocupan por la fe. Además, le da una bendición solemne. 
Isaac lo había bendecido antes sin querer; ahora lo hace deliberadamente. 
Esta bendición es más completa que la anterior; es una bendición evangélica. Esta promesa apunta tan alto como el cielo, del cual Canaán era un tipo. 
Esa era la patria mejor que Jacob y los demás patriarcas tenían en vista.

Vv. 6—9. Los buenos ejemplos impresionan aun al profano y malo. 
Pero Esaú pensó complacer a sus padres en una cosa para expiar los otros males cometidos. Los corazones carnales son dados a creerse tan buenos como debieran ser porque en algún aspecto no son tan malos como pudieran haber sido.

Vv. 10—15. La conducta de Jacob hasta ahora, según el relato, no era la de alguien que simplemente tiene temor de Dios y confia en Él. 
Pero ahora, con problemas, obligado a huir, sólo buscó a Dios para que le permita estar a salvo y poder acostarse a dormir a la intemperie con su cabeza sobre una piedra. Todo creyente verdadero debe estar dispuesto a arreglarse con la almohada de Jacob, supuesto que pueda tener la visión de Jacob. 
El tiempo de Dios para visitar a su gente con sus consolaciones es cuando están completamente privados de otros consuelos y de otros consoladores.
 —Jacob vio una escalera que iba de la tierra al cielo, los ángeles subiendo y bajando por ella y al mismo Dios en lo alto de ella. Esto representa: 
—1. La providencia de Dios, por la cual se mantiene un intercambio constante entre el cielo y la tierra. Esto hace saber a Jacob que él tenía a la vez un buen guía y un buen guardián. 
—2. La mediación de Cristo. Él es esta escalera; el pie en la tierra es su naturaleza humana; lo alto en el cielo es su naturaleza divina. Cristo es el Camino; todos los favores de Dios vienen a nosotros y todos nuestros servicios van a Él por Cristo, Juan 1. 51. Por este camino los pecadores se acercan al trono de la gracia con aceptación. Por fe vemos este camino y, en oración, nos acercamos a él. En respuesta a la oración recibimos todas las necesarias bendiciones de la providencia y la gracia. No tenemos camino para llegar al cielo sino por Cristo. Cuando el alma, por fe, puede ver estas cosas, entonces, todo lugar se volverá agradable y toda perspectiva, gozosa. Él nunca nos dejará hasta que su última promesa sea cumplida para nuestra felicidad eterna. 
—Dios habló ahora consoladoramente a Jacob. Le habló desde lo alto de la escalera. Todas las felices nuevas que recibimos del cielo vienen por medio de Jesucristo. El Mesías debía venir de Jacob. Cristo es la gran bendición del mundo. Todos los que son bendecidos, son bendecidos en Él, y nadie, de ninguna familia queda fuera de la bendición en Él sino aquellos que se excluyen a sí mismos. Jacob tenía que temer el peligro de su hermano Esaú, pero Dios promete guardarle. Él tenía un largo viaje por delante a un país desconocido pero, “He aquí, yo estoy contigo” y Dios promete traerlo de vuelta a esta tierra. Parecía abandonado por todos sus amigos, pero Dios le dio esta seguridad, Yo no te dejaré. Dios nunca abandona al que ama.

Vv. 16—19. Dios se manifestó Él mismo y su favor a Jacob cuando éste dormía. El Espíritu, como el viento, sopla cuando y donde quiere, y la gracia de Dios, como el rocío no se retrasa para los hijos de los hombres. Jacob procuró superarse a partir de la visita que Dios le hizo. Doquiera estemos, en la ciudad o en el desierto, en la casa o en el campo, en la tienda o en la calle, podemos mantener nuestra relación con el Cielo, si no es así, es nuestra propia falta. 
Pero mientras más veamos de Dios, más causa tendremos para un santo temblor delante de Él.

Vv. 20—22. En esta ocasión Jacob formuló un solemne voto. Obsérvese lo siguiente: 
—1. La fe de Jacob. Él confía que Dios estará con él y que le guardará; él confía en esto. 
—2. La moderación de Jacob en sus deseos. No pide ropa suave ni carne exquisita. Si Dios nos da mucho, tenemos que estar agradecidos y usarlo para Él; si nos da poco, tenemos que estar contentos y disfrutar alegremente de Él en lo poco. 
—3. La piedad de Jacob y su consideración de Dios, que se ven en lo que deseó, que Dios estuviera con Él y le guardara. No tenemos que desear más para que nos haga cómodos y felices. También su resolución es aferrarse al Señor como su Dios del pacto. Cuando recibimos más que la gracia común de Dios, debemos abundar en gratitud para Él. El diezmo es una proporción adecuada para consagrar a Dios y emplearla para Él aunque puede ser más o menos, según Dios nos prospere, 1 Corintios xvi, 2. Entonces, ¡recordemos nuestros Beteles, cómo estamos comprometidos por votos solemnes a rendirnos al Señor, para tomarlo por nuestro Dios y consagrar todo lo que tenemos y somos para su gloria!

lunes, 12 de noviembre de 2012

Génesis 27, Comentario Bíblico de Matthew Henry



Versículos 1—5. Isaac manda a Esaú que vaya de caza. 6—17. Rebeca instruye a Jacob sobre cómo obtener la bendición. 18—29. Jacob obtiene la bendición fingiendo ser Esaú. 30—40. El temor de Isaac—La importunidad de Esaú. 41—46. Esaú amenaza la vida de Jacob—Rebeca envía lejos a Jacob.

Vv. 1—5. Las promesas del Mesías y de la tierra de Canaán habían pasado a Isaac. Ahora tenía unos 135 años de edad y sus hijos, alrededor de 75. No habiendo considerado debidamente la palabra divina referida a sus dos hijos de que el mayor serviría al menor, resolvió dar todo el honor y el poder que había en la promesa a Esaú, su hijo mayor. Nosotros somos muy buenos para tomar medidas conforme a nuestro propio razonar más que según la revelación divina y, por eso, perdemos frecuentemente nuestro camino.

Vv. 6—17. Rebeca sabía que la bendición estaba preparada para Jacob y esperaba que él la tuviera. Pero hizo mal a Isaac al engañarlo; hizo mal a Jacob al tentarlo para que hiciera mal. Puso una piedra de tropiezo en el camino de Esaú y le dio un pretexto para odiar a Jacob y aborrecer la religión. Todos eran culpables. Era una de aquellas medidas retorcidas que a menudo se adoptan para hacer progresar las promesas divinas; como si el fin justificase o excusase los medios incorrectos. Así, pues, muchos han actuado mal con la idea de ser útiles para fomentar la causa de Cristo. La respuesta a todas esas cosas es la que Dios dirigió a Abraham: “Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”. —Fue un decir muy apresurado de Rebeca: “Hijo mío, sea sobre mí tu maldición”. Cristo ha llevado la maldición de la ley por todos los que se uncen al yugo del mandamiento, el mandamiento del evangelio. Pero es demasiado osado que una criatura diga: “sea sobre mí tu maldición”.

Vv. 18—29. Con cierta dificultad, Jacob se salió con la suya y obtuvo la bendición. Esta bendición es en términos muy generales. No se mencionan las misericordias distintivas del pacto con Abraham. Esto podría deberse a que Isaac pensaba en Esaú, aunque era Jacob quien estaba delante suyo. No podía ignorar la forma en que Esaú había despreciado las cosas mejores. Además, su inclinación por Esaú, al punto de no tomar en cuenta la voluntad de Dios, debe haber debilitado enormemente su propia fe en esas cosas. 
Por tanto, podría esperarse que la escasez estuviera en su bendición, concorde con su estado mental.

Vv. 30—40. Cuando Esaú comprendió que Jacob había obtenido la bendición, clamó con un muy grande y amargo llanto. Viene el día en que quienes ahora se toman a la ligera las bendiciones del pacto y venden su derecho a las bendiciones espirituales por lo carente de valor, en vano las pedirán con urgencia. Isaac tembló mucho cuando se dio cuenta el engaño que le hicieron. Los que siguen la opción de sus propios afectos más que la voluntad divina, se meten en confusión. Pero él pronto se recuperó y confirmó la bendición que había dado a Jacob diciendo: Yo lo bendije y será bendito. —Los que se apartan de su sabiduría y de su gracia, de su fe y de la buena conciencia, en aras de los honores, las riquezas o los placeres de este mundo, por más que finjan celo por la bendición, se han juzgado indignos de ella y su condenación será la que les corresponde. —Una bendición corriente fue dada a Esaú. Era lo que deseaba. Los deseos débiles de felicidad sin la elección correcta del fin, y el uso correcto de los medios, engañan a muchos llevándolos a su propia ruina. Las multitudes van al infierno con sus bocas llenas de buenos deseos. —La gran diferencia es que no hay nada en la bendición de Esaú que apunte a Cristo; y sin eso, la grosura de la tierra y el producto del campo, de bien poco valen. Así, pues, por fe Isaac bendijo a sus dos hijos, según lo que debía ser su suerte.

Vv. 41—46. Esaú aborreció a Jacob por la bendición que éste obtuvo. Así siguió por el camino de Caín, que asesinó a su hermano porque había recibido la aceptación de Dios, de la cual Caín se había hecho indigno. Esaú se propuso impedir que Jacob o su descendencia tuviera el dominio, quitándole la vida. Los hombres pueden inquietarse por los consejos de Dios, pero no pueden cambiarlos. Para evitar una tragedia Rebeca advirtió a Jacob del peligro y le aconsejó que se fuera en aras de su seguridad. No debemos esperar demasiada sabiduría y decisión aún en los más prometedores de los hijos; más bien debemos tener cuidado de mantenerlos apartados del camino del mal. Cuando leemos este capítulo no debemos dejar de observar que no debemos seguir ni al mejor de los hombres más allá de lo que hagan conforme a la ley de Dios. No debemos hacer mal para que venga bien. Aunque para cumplir sus propósitos Dios no tomó en cuenta las malas acciones registradas en este capítulo, de todos modos vemos su juicio en las penosas consecuencias para todas las partes involucradas. —Fue privilegio y ventaja particular de Jacob transmitir estas bendiciones espirituales a todas las naciones. El Cristo, el Salvador del mundo, iba a nacer de cierta familia y Jacob fue preferido y no Esaú por el beneplácito del Dios Omnipotente que ciertamente es el mejor juez de lo que es bueno y tiene el derecho indudable de dispensar sus favores según lo estime conveniente, Romanos 9.12–15.

domingo, 19 de agosto de 2012

Génesis 25; Comentario Bíblico de Matthew Henry


Versículos 1—10. La familia de Abraham por Cetura—Muerte y sepultura de Abraham. 
11—18. Dios bendice a Isaac—Los descendientes de Ismael. 
19—26. Nacimiento de Esaú y Jacob. 
27, 28. Diferentes caracteres de Esaú y Jacob. 
29—34. Esaú desprecia su primogenitura y la vende.

Vv. 1—10. No todos los días, hasta de los mejores y más grandes santos, son días notables; algunos se deslizan silenciosamente; tales fueron los últimos días de Abraham. He aquí una lista de los hijos de Abraham con Cetura y la disposición que él hizo de su patrimonio. Después de nacer estos hijos puso su casa en orden, con prudencia y justicia. Hizo esto mientras estaba vivo. Sabio es que los hombres hagan lo que tengan que hacer mientras viven, en la mayor medida posible. —Abraham vivió 175 años; justo cien años más que al entrar en Canaán; todo ese tiempo fue peregrino en un país extranjero. Poco importa que nuestra estada en esta vida sea larga o corta siempre y cuando dejemos detrás un testimonio de la fidelidad y bondad del Señor, y un buen ejemplo para nuestra familia. Se nos cuenta que sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron. Parece que el mismo Abraham los había reunido mientras él vivía. —No cerremos la historia de la vida de Abraham sin bendecir a Dios por tal testimonio del triunfo de la fe.

Vv. 11—18. Ismael tuvo doce hijos, cuyas familias llegaron a ser distintas tribus. Poblaron un país muy grande que yace entre Egipto y Asiria, llamado Arabia. La cantidad y la fuerza de esta familia fue el fruto de la promesa hecha a Agar y a Abraham en lo tocante a Ismael.

Vv. 19—26. Isaac parece no haber sido muy probado sino que pasó sus días tranquilamente. Jacob y Esaú fueron respuesta a la oración; sus padres los obtuvieron por oración luego de estar mucho tiempo sin hijos. El cumplimiento de la promesa de Dios siempre es seguro, aunque suele ser lento. La fe de los creyentes prueba y ejercita su paciencia, y las misericordias largamente esperadas son mejor recibidas cuando llegan. —Isaac y Rebeca tenían presente la promesa de que todas las naciones serían benditas en su descendencia, por tanto, no solamente deseaban hijos sino que ansiaban todas las cosas que parecieran marcar el futuro carácter de ellos. Nosotros debemos preguntar al Señor en oración por todas nuestras dudas. En muchos de nuestros conflictos con el pecado y la tentación podríamos adoptar las palabras de Rebeca: “Si es así, ¿para qué vivo yo?” Si uno es hijo de Dios, ¿por qué soy tan negligente o carnal? Si uno es hijo de Dios, ¿por qué tan temeroso o tan cargado con el pecado?

Vv. 27, 28. Esaú cazaba las bestias del campo con destreza y éxito hasta que llegó a ser un vencedor que dominaba a sus vecinos. Jacob era un hombre sencillo, que gustaba de los deleites verdaderos del retiro, más que de todos los pretendidos placeres. Él fue un extranjero y peregrino en su espíritu, y un pastor todos sus días. Isaac y Rebeca tuvieron solo estos dos hijos: uno era el favorito del padre y el otro de la madre. Aunque los padres piadosos deben sentir más afecto hacia un hijo piadoso, sin embargo, no deben mostrar preferencias. Que sus afectos los conduzcan a hacer lo que es justo y equitativo con cada hijo o surgirán males.

Vv. 29—34. Aquí tenemos la transacción hecha entre Jacob y Esaú por la primogenitura, que era de Esaú por nacimiento pero de Jacob por la promesa. Era un privilegio espiritual y vemos el deseo de Jacob por la primogenitura pero procuró obtenerla por medios torcidos, no según su carácter de hombre sencillo. Él tenía razón al codiciar fervientemente los mejores dones; hizo mal al aprovecharse de la necesidad de su hermano. La herencia de los bienes mundanos del padre de ellos no le correspondía a Jacob y no estaba incluida en esta proposición. Pero que incluía la posesión futura de la tierra de Canaán por parte de los hijos de sus hijos, y el pacto hecho con Abraham en cuanto a Cristo la Simiente prometida. El creyente Jacob valoró estas cosas por encima de todo; el incrédulo Esaú las despreció. Aunque debemos tener el juicio de Jacob para procurar la primogenitura, debemos evitar cuidadosamente toda malicia al tratar de conseguir aun las mayores ventajas.

El guiso de Jacob agradó a los ojos de Esaú. “Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo”; por eso fue llamado Edom o Rojo. Satisfacer el apetito sensual arruina miles de almas preciosas. Cuando los corazones de los hombres andan en pos de sus ojos, Job 31. 7, y cuando sirven a sus vientres, pueden tener la seguridad de que serán castigados. Si nos empeñamos en negarnos a nosotros mismos, rompemos la fuerza de la mayoría de las tentaciones. No puede suponerse que Esaú estuviera muriéndose de hambre en la casa de Isaac. Las palabras significan yo voy hacia la muerte; él parece decir: “Yo nunca viviré para heredar Canaán o ninguna de estas supuestas bendiciones futuras y lo que signifiquen para quien las tenga cuando yo esté muerto y haya partido”. Este sería el lenguaje de lo profano con que el apóstol lo califica, Hebreos 12. 16; y este menosprecio de la primogenitura es su culpa, versículo 34. Es la mayor necedad separarnos de nuestro interés en Dios, Cristo y el cielo, por las riquezas, los honores y los placeres de este mundo; es un negocio tan malo como el que vende su primogenitura por un plato de guiso. —Esaú comió y bebió, agradó a su paladar, satisfizo su apetito y, luego, se levantó descuidadamente y se fue, sin pensar seriamente ni lamentar el mal negocio que había hecho. Así, Esaú despreció su primogenitura. Por su negligencia y desprecio posteriores y justificándose en lo que había hecho, puso el asunto en el olvido. La gente es destruida no tanto por hacer lo que es malo como por hacerlo y no arrepentirse de ello.

domingo, 17 de junio de 2012

Génesis 24; Comentario Biblico de Matthew Henry

Versículos 1—9. Preocupación de Abraham por el matrimonio de Isaac. 
10—28. Viaje del siervo de Abraham a Mesopotamia—Su encuentro con Rebeca. 29—53. Rebeca y sus familiares consienten al matrimonio de ella. 
54—67. El feliz encuentro y matrimonio de Isaac y Rebeca.

Vv. 1—9. El efecto del buen ejemplo, la buena enseñanza y la adoración de Dios en una familia, generalmente se ve en la piedad, la fidelidad, la prudencia y el afecto de los siervos. Vivir en esas familias o tener tales siervos son, ambas cosas, bendiciones de Dios que deben ser altamente valoradas y reconocidas con gratitud. Sin embargo, no hay en la vida preocupación de mayor importancia para nosotros, el prójimo o la iglesia de Dios que el matrimonio. Por tanto, siempre debe emprenderse con mucho cuidado y prudencia especialmente en referencia a la voluntad de Dios, y con oración por su dirección y bendición. Donde no se consulta ni se considera a los buenos padres, no puede esperarse bendiciones de Dios. Al disponer de sus hijos, los padres deben consultar cuidadosamente el bienestar de sus almas, y su progreso en el camino al cielo. —Obsérvese el cometido que Abraham dio a un buen siervo, uno cuya conducta, fidelidad y afecto, para con él y su familia, conocía desde hacía mucho tiempo. Obsérvese también que Abraham recuerda que Dios lo sacó prodigiosamente de la tierra de su nacimiento, por un llamado de su gracia, y, por tanto, no duda que Él prospere su preocupación de no llevar a su hijo de regreso allá. Dios hará que eso termine en consuelo para nosotros cuando sinceramente tenemos la mira puesta en su gloria.

Vv. 10—28. El siervo de Abraham reconocía devotamente a Dios. Nosotros estamos autorizados para encargar en detalle nuestros asuntos al cuidado de la divina providencia. Propone una señal, no porque tratara de no seguir más adelante si no era prosperado en ello; más bién es una oración para que Dios provea una buena esposa para su joven amo; y esa fue una buena oración. Ella debía ser sencilla, trabajadora, humilde, alegre, servicial y hospedadora. No importa cuál sea la moda, el sentido común y la piedad nos indican que estas son las cualidades apropiadas para una esposa y madre, pues es quien será compañera de su marido, administradora de las cosas domésticas y encargada de la formación de la mente de sus hijos. Cuando el mayordomo fue a buscar una esposa para su amo, no fue a lugares de diversión y placer pecaminoso orando para encontrar a una allí, sino que fue al pozo de agua, esperando encontrar allí a una que estuviera ocupada. Oró que agradara a Dios hacer claro y llano su camino ante él en este asunto. Nuestros tiempos están en las manos de Dios; no sólo los sucesos mismos sino sus tiempos. Debemos cuidarnos de no ser audaces en exceso insistiendo en lo que Dios debe hacer, no sea que los hechos debiliten nuestra fe en lugar de fortalecerla. Pero Dios lo escuchó y le allanó el camino. En todos los aspectos Rebeca respondía a las características que él buscaba en la mujer que iba a ser la esposa de su amo. Cuando llegó al pozo, ella se agachó, llenó su jarro y se enderezó para irse a casa. No se detuvo a mirar al forastero y sus camellos sino que se ocupó de sus asuntos y no hubiera sido apartada de ellos sino por una oportunidad de hacer el bien. No se puso a conversar con él por curiosidad o confiada, sino que le respondió con modestia. Satisfecho de que el Señor había oído su oración, regaló a la doncella unos adornos de los que se usan en los países orientales; al mismo tiempo que le preguntaba sobre su familia. Al saber que era pariente de su amo, inclinó la cabeza y adoró, bendiciendo a Dios. Sus palabras fueron dirigidas al Señor pero dichas al alcance del oído de Rebeca, que pudo darse cuenta quién era él y de dónde venía.

Vv. 29—53. La concertación del matrimonio de Isaac y Rebeca se narra con mucho detalle. Tenemos que notar la providencia de Dios en los hechos corrientes de la vida humana y, en ellos, ejercer prudencia y otras gracias. —Labán fue a pedirle al siervo de Abraham que entrara pero no antes de ver el aro y el brazalete en manos de su hermana. Conocemos el carácter de Labán por su conducta posterior y podemos pensar que él no hubiera estado tan libre para hospedarlo si no hubiera esperado ser bien recompensado. —El siervo estaba dedicado a su tarea. Aunque terminaba un viaje y había llegado a la casa que buscaba, no comería sino hasta cumplir su diligencia. Hacer nuestro trabajo y cumplir nuestros cometidos, sean para Dios o el hombre, debe ser preferido por nosotros antes que la comida; era la comida y bebida de nuestro Salvador, Juan iv, 34. Les cuenta el encargo que su amo le dio, con la razón de ellos. Relata lo pasado en el pozo, para apoyar la proposición, mostrando sencillamente el dedo de Dios en ello. Los sucesos que nos parecen efecto de una elección, de planes o del azar, son determinados por Dios. Esto no impide, más bien estimula, el uso de todos los medios apropiados. Ellos aceptan libre y alegremente la proposición; cuando procede del Señor, todo asunto probablemente resultará fácil. El siervo de Abraham reconoce agradecido el buen éxito que ha hallado. Él era un hombre humilde y los hombres humildes no se avergüenzan de su situación en la vida, cualquiera sea. Todas nuestras preocupaciones temporales son dulces si se mezclan con la piedad.

Vv. 54—67. El siervo de Abraham, como quien opta por su trabajo antes que por su placer, estaba presuroso por llegar a casa. Demorarse y quedarse no son propios en absoluto de un hombre sabio y bueno que es fiel a su deber. —Como los hijos no deben casarse sin el consentimiento de sus padres, así los padres no deben casarlos sin el de ellos. Rebeca consintió, no sólo en ir sino en irse de inmediato. La bondad del carácter de Rebeca muestra que nada incorrecto había en su respuesta aunque no concuerde con nuestras costumbres modernas. Podemos esperar que ella tuviera una idea tal de la religión y piedad de la familia a la que iba, que se sintió dispuesta a olvidar a su propia gente y la casa de su padre. Sus amigas la despidieron con atenciones apropiadas y con cordiales buenos deseos. Ellas bendijeron a Rebeca. Cuando nuestras relaciones entran en una situación nueva, debemos encomendarlas por medio de la oración a la bendición y gracia de Dios. —Isaac estaba bien ocupado cuando se encontró con Rebeca. Salió a aprovechar una tarde tranquila en un lugar solitario para meditar y orar, esos ejercicios divinos por los cuales conversamos con Dios y con nuestros propios corazones. Las almas santas aman el retiro; nos hará bien estar a solas con frecuencia si usamos eso en forma correcta; y nunca estamos menos solos que cuando estamos a solas. —Observe qué hijo tan afectuoso era Isaac: casi tres años habían pasado desde que murió su madre y, sin embargo, él aún no se había consolado. Vea también qué marido cariñoso fue con su esposa. Los hijos respetuosos prometen ser maridos cariñosos; el que cumple con honor su primera posición en la vida, probablemente haga lo mismo en las siguientes.

viernes, 25 de mayo de 2012

Génesis 23, Comentario Biblico de Matthey Henry


Versículos 1, 2. Dios manda a Abraham que sacrifique a Isaac. 
2—10. Fe y obediencia de Abraham ante el mandamiento divino. 
11—14. Provisión de otro sacrificio como sustituto de Isaac. 
15—19. Renovación del pacto con Abraham. 
20—24. La familia de Nacor.
Vv. 1, 2. Nunca estamos a salvo de las pruebas. Tentar y probar en hebreo se expresan con la misma palabra. Toda prueba es, sin duda, una tentación y tiende a mostrar las disposiciones del corazón, si son santas o impías. Pero Dios probó a Abraham, no para llevarlo al pecado, como tienta Satanás. La fe firme suele ejercitarse con las grandes pruebas y cuando le piden servicios difíciles de cumplir. —El mandamiento de ofrendar a su hijo se da en un lenguaje que hace la prueba más penosa aún; aquí cada palabra es una espada. 
Obsérvese: 
—1. La persona del sacrificio: toma a tu hijo; no tus toros ni tus corderos. ¡Con cuánta voluntad hubiera partido Abraham con todos ellos para redimir a Isaac! Tu hijo; no tu siervo. Tu único hijo; el único hijo con Sara. Toma a Isaac, el hijo que amas.
 —2. El lugar: a tres días de viaje; de modo que Abraham tuviera tiempo de meditar y obedeciera deliberadamente. 
—3. La manera: ofrécelo en holocausto; no sólo mata a tu hijo, tu Isaac, sino matarlo como un sacrificio; matarlo con toda aquella solemne pompa y ceremonia, con que acostumbraba a ofrecer sus holocaustos.
Vv. 3—10. Nunca fue el oro probado en fuego tan ardiente. ¿Quién, salvo Abraham, no hubiera discutido con Dios? Tal hubiera sido el pensamiento de un corazón débil pero Abraham sabía que trataba con un Dios, con Jehová. 
La fe le había enseñado a no discutir, sino obedecer. Tiene la seguridad de que el mandamiento de Dios es bueno; que lo que Él ha prometido no puede ser quebrantado. En las cosas de Dios, quien consulte con carne y sangre nunca ofrecerá su Isaac a Jehová. El buen patriarca se levanta temprano y empieza su triste viaje. ¡Ahora viaja tres días, e Isaac sigue a su alcance! La desgracia se hace más difícil cuando dura mucho. 
—La expresión, “volveremos a vosotros”, señala que Abraham esperaba que Isaac, siendo resucitado de los muertos, iba a regresar con él. Fue una pregunta muy sensible la que le planteó Isaac, mientras iban juntos: “Padre mío”, dijo Isaac; era una palabra que derrite, la cual, uno pensaría, calaría hondo en el corazón de Abraham, más que su cuchillo en el corazón de Isaac. Sin embargo, esperaba la pregunta de su hijo. Entonces Abraham, sin tener la intención, profetiza: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”. El Espíritu Santo, por boca de Abraham, parece anunciar al Cordero de Dios, que Jehová ha provisto y quita el pecado del mundo. 
—Abraham dispone la leña para la pira fúnebre de su Isaac y, ahora, le da la sorprendente noticia: ¡Isaac, tú eres el cordero que Dios ha provisto! Indudablemente, Abraham le consuela con las mismas esperanzas con que él mismo fue consolado por fe. No obstante es necesario que el sacrificio sea atado. El gran Sacrificio que, en el cumplimiento de los tiempos, iba a ser ofrecido, debía ser atado y así, Isaac. Hecho esto, Abraham toma el cuchillo y extiende su mano para dar el golpe fatal. He aquí un acto de fe y obediencia que merece ser un espectáculo para Dios, los ángeles y los hombres. Dios, por su providencia, a veces nos llama a separarnos de un Isaac y debemos hacerlo con alegre sumisión a su santa voluntad, 1 Samuel 3.18.

Vv. 11—14. No era intención de Dios que Isaac fuera realmente sacrificado aunque, en el tiempo oportuno, sería derramada por el pecado una sangre más noble que la de los animales, la sangre del unigénito Hijo de Dios. Pero mientras tanto Dios no hubiera usado, en ningún caso, los sacrificios humanos. 
—Se proveyó otro sacrificio. Debe de haber tenido referencia al Mesías prometido, la Simiente bendita. Cristo fue sacrificado en nuestro lugar, como este carnero en lugar de Isaac, y su muerte fue nuestra expiación. Obsérvese que el templo, el lugar del sacrificio, fue construido después en este mismo monte Moriah; y estaba cerca el Calvario donde Cristo fue crucificado. 
—Se dio un nuevo nombre a ese lugar, para aliento de todos los creyentes, hasta el fin del mundo, para que alegremente confíen en Dios y le obedezcan. Jehová-yireh, Jehová proveerá, aludiendo probablemente a lo que había dicho Abraham: Dios se proveerá un cordero. El Señor siempre tendrá su ojo sobre su pueblo, en sus angustias e inquietudes, para darle ayuda oportuna.

Vv. 15—19. Hay elevadas afirmaciones del favor de Dios para con Abraham en esta confirmación del pacto con él, que exceden todo aquello con que él había sido ya bendecido. Quienes están dispuestos a separarse de cualquier cosa por Dios, se verán recompensados con indecible ventaja. La promesa, versículo 18, apunta sin duda al Mesías y la gracia del evangelio. Por esto, conocemos la amorosa bondad de Dios nuestro Salvador para con el hombre pecador, en que Él no escatimó a su Hijo, su Hijo unigénito, y lo dio por nosotros. En esto notamos el amor de Cristo, en que se dio como sacrificio por nuestros pecados. Sin embargo, Él vive y llama a los pecadores que vayan a Él y participen de su salvación comprada con sangre. Él llama a su pueblo redimido a regocijarse en Él y a glorificarle. Entonces, ¿qué le daremos por todos sus beneficios? Que su amor nos constriña a vivir, no para nosotros mismos, sino para Aquel que murió por nosotros y resucitó. admirando y adorando Su gracia, consagremos nuestro todo al servicio de Aquel que dio su vida por nuestra salvación. 
—Todo lo más querido en esta tierra es nuestro Isaac. La única manera que tenemos de hallar consuelo en algo terrenal es ponerlo por fe en las manos de Dios. Pero recordemos que Abraham no fue justificado por su prontitud para obedecer sino por la obediencia infinitamente más noble de Jesucristo; su fe al recibir esto, al confiar en esto, al regocijarse en esto, le dio la disposición y le hizo capaz de tan admirable abnegación y deber.

Vv. 20—24. Este capítulo termina con un relato de la familia de Nacor que se había establecido en Harán. Parece haberse incluido por la relación que tenía con la iglesia de Dios. De allá tomaron esposas Isaac y Jacob; y antes de esta lista se registra el relato de estos sucesos. Muestra que aunque Abraham vio a su propia familia sumamente honrada con privilegios, admitida en el pacto y bendecida con la seguridad de la promesa, él no miró con desdén a sus parientes sino que se alegró de oír de la prosperidad y bienestar de sus familias.