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miércoles, 11 de febrero de 2015

Devocional

Lectura 11 de Febrero  - 
"Mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos."
Isaías 44: 3. 

Nuestros amados hijos no tienen el Espíritu de Dios por naturaleza, como podemos verlo claramente. Vemos mucho en ellos que nos hace temer en cuanto a su futuro, y esto nos conduce a una oración agonizante. Cuando un hijo se torna especialmente perverso, clamamos con Abraham:"Ojalá Ismael viva delante de ti." Preferimos que nuestras hijas sean como Ana antes que sean emperatrices. Este versículo debería alentarnos grandemente. Sigue a las palabras:"No temas, siervo mío Jacob" , y ha de desterrar nuestros temores.  El Señor dará Su Espíritu; lo dará abundantemente, derramándolo; lo dará eficazmente, de tal forma que será una bendición real y eterna. Bajo este derramamiento divino, nuestros hijos pasarán al frente, y"Este dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará del nombre de Jacob."  Esta es una de esas promesas relativas a las cuales el Señor quiere nuestra oración. ¿No deberíamos, en determinados momentos, de una manera clara, orar por nuestros descendientes? Nosotros no podemos darles corazones nuevos, pero el Espíritu Santo sí puede; y es fácil suplicarle a Él. El grandioso Padre se complace en las oraciones de los padres y de las madres. ¿Tenemos a algunos seres queridos fuera del arca? No descansemos hasta que sean introducidos con nosotros por la propia mano del Señor. 

jueves, 11 de agosto de 2011

Dios Escucha Nuestras Oraciones


A él clamé con mi boca…
Ciertamente me escuchó Dios;
atendió a la voz de mi súplica.
Salmo 66:17, 19.

El primer versículo arriba citado expresa el agradecimiento hacia Dios por parte de una persona que atravesó una prueba muy dolorosa. No conocemos las situaciones que padeció, ni siquiera sabemos de quién se trata. Este caso es un ejemplo entre muchos otros, y es frecuente. Tal vez sea el del lector: usted se halla en una situación muy difícil. Le parece que todo está en su contra y no sabe cómo arreglárselas. Entonces hay un recurso: la oración. Por eso el autor del salmo escribió: “Me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica”.

Es extraordinario: el Dios creador, todopoderoso, justo y santo, escuchó y contestó. Es una experiencia que hemos hecho personalmente y a menudo. Él presta atención hasta a la voz de nuestra súplica; es decir, no necesita que le expliquemos cuál es nuestro estado ni nuestra situación. Él nos ve y nos conoce.

Si el autor del Salmo 66 hubiese acariciado el mal en su corazón, el Señor no le “habría escuchado” (v. 18). Pero consciente de sus pecados se atreve a pedir el socorro de Dios. Tanto él como todos nosotros somos pecadores, pero felizmente Dios nos ama y dio a su Hijo para que nuestros pecados fueran borrados. Pero para gozar de este privilegio es necesario depositar nuestra fe en la obra de Cristo. Finalmente, no olvidemos agradecer siempre a Dios por su ayuda y decir como el afligido del salmo: “Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia” (v. 20).

lunes, 27 de diciembre de 2010

"DAD GRACIAS EN TODO"


“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18).

Una familia se sentó a la mesa, en determinada mañana, para tomar el café. Como era costumbre, el padre hizo la oración de agradecimiento por el alimento, pidiendo a Dios que bendijese lo que estaban comiendo. Luego a seguir, como era su mala costumbre, empezó a murmurar sobre los tiempos difíciles y las luchas por las cuales estaban pasando.

Reclamó de la pésima comida que eran forzados a comer, de la forma como ella era preparada y mucho más. Su hija pequeña, interrumpiéndolo, habló: “Padre, cree que Dios oyó lo que dijo algunos minutos atrás”? “Ciertamente”, contestó el padre con aire confiante de un buen instructor.

“Y Él oyó lo que usted dijo sobre el café y lo que comemos con él”? “Desde luego” el padre contestó, pero no con tanta confianza como antes. Entonces, su pequeña hija preguntó nuevamente: ” Entonces, padre, en cual de sus dos palabras Dios creyó”?

¿Será que tenemos el mismo hábito malo del hombre de nuestra ilustración? O confiamos en Dios o no confiamos. No podemos agradecer por Su atenciones y por sus bendiciones y continuar reclamando de todo y de todos. O nuestra fe está firmada en el Señor, creyendo que todas las cosas cooperan para nuestro bien o necesitamos mudar nuestra confesión y lo que es, de hecho, real en nuestra vida espiritual.

Cuando el Señor Jesus está en nuestros corazones, toda nuestra vida es llena de placer. Nos Alegramos tanto cuando pasamos por momentos de grandes victorias y abundancia como cuando enfrentamos fracasos y escasez. Nuestra dicha no depende del mucho o del poco, de bonanza o de batallas, de glorias o anonimato, pero simplemente de tener a Jesus como Señor y Salvador de nuestras almas.

El Señor es nuestra alegría. ¡Gloria a Él por todo!