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sábado, 17 de febrero de 2024

El trono de la gracia


El trono de la gracia

Hebreos 4.14-16

Dios Todopoderoso es recto y justo. Romanos 3.23 nos dice que todos hemos pecado, y que no somos aptos para estar en su presencia. Como resultado de su ira contra el pecado, estábamos condenados a la separación eterna de Él.

Pero, afortunadamente, la historia no terminó ahí. Por su amor y su misericordia, Dios envió a su Hijo a morar entre nosotros. El Señor Jesús experimentó los sufrimientos y las tentaciones comunes a todas las personas, pero nunca pecó. El Salvador decidió sufrir una muerte horrible en nuestro lugar, pagando el castigo por nuestros pecados.

No hay amor más grande, dice la Biblia, que el del hombre que da su vida por un amigo (Jn 15.13). Pero Jesús fue aun más lejos, al morir por nosotros cuando todavía éramos sus enemigos (Ro 5.10). Realmente, Él se habría sacrificado por usted, aunque hubiese sido la única persona que existiera.

Cristo promete perdón y vida eterna a todo pecador que cree en Él y le sigue. Cuando ponemos nuestra fe en Cristo, somos adoptados como hijos de Dios y recibimos su Espíritu que viene a morar en nosotros, y quien nos bendice abundantemente con gozo, paz y dirección. Somos bienvenidos siempre al trono de la gracia, y tenemos acceso a Él en cualquier momento. Él promete escuchar y responder cuando le buscamos con un corazón arrepentido.

No merecemos la invitación del Señor para que nos relacionemos con Él. Sin embargo, por su gracia, Él es amoroso y compasivo con nosotros. ¡Qué privilegio tan grande es poder acercarnos al trono del Rey, y saber que Él nos escucha, comprende y ama! Descanse en el amor de Dios y disfrute de una dulce comunión con Él.




viernes, 5 de enero de 2018

Cuando las cosas parecen imposibles


Cuando las cosas parecen imposibles

¿Cuál es su primera reacción cuando enfrenta un problema que no tiene solución? Algunas personas se esfuerzan al máximo por encontrar algún tipo de solución, mientras que otras se dan por derrotadas o se aíslan para evadir el problema por completo. Es de esperar que, como cristiano, usted acuda de inmediato al Señor en busca de dirección.
• Ay, Señor, ¿qué debo hacer? A primera vista, esta parece ser la pregunta correcta, ¿pero lo es realmente? Lo malo con esta pregunta es que, aunque estamos buscando la guía del Señor, el enfoque está en nuestras acciones. Esto significa que la manera como pensamos manejar la situación se limita a nuestras habilidades, recursos y entendimiento. Muchas veces, nuestra mente comienza a idear planes, y pronto recurrimos a la manipulación y a las maniobras en nuestro intento por solucionar el problema.
• Señor, ¿qué vas a hacer? Esta es la pregunta correcta, porque ahora la atención se ha desplazado a la omnisciencia y a la omnipotencia de Dios todopoderoso. Él destruye nuestras limitaciones, y resuelve cualquier situación que afrontemos. Dios tiene el poder de llevar a cabo sus planes, los cuales —a diferencia de nuestras soluciones— son perfectos y siempre le dan la gloria a Él.
Para orar de la manera correcta, usted debe estar dispuesto a poner todos sus planes en las manos de Dios. Él no solo sabe qué hacer y cómo lograrlo, sino que también puede abrir un camino en medio de cualquier imposibilidad. La tarea suya es simplemente confiar en Él, y ser obediente para seguir sus instrucciones.