miércoles, 2 de octubre de 2024
Nuestro acompañante incomparable
Juan 14.16-18
La soledad se hará presente en la vida de toda persona en algún momento. Sin embargo, los creyentes nunca estamos solos, porque Dios nos ha dado un acompañante permanente —el Espíritu Santo. Él es el Consolador o Ayudador que está con nosotros para siempre.
Nadie puede prometer estar siempre disponible para otra persona; el tiempo, la distancia, e incluso la muerte, pueden separar a dos personas que habrían preferido enfrentar las dificultades juntas.
Afortunadamente, por haber enviado al Espíritu Santo a habitar dentro de nosotros, Jesucristo mantiene su promesa de nunca dejarnos ni desampararnos (He 13.5). Esto significa que la relación con nuestro Acompañante es más grande que cualquier relación humana que tengamos. Puesto que el Espíritu de Dios es una persona de la Trinidad, Él es capaz de dar respuesta a todas nuestras necesidades.
Dios nos diseñó para estar completos solamente cuando habita en nosotros su Espíritu, lo cual se produce en el momento de la salvación. Sin embargo, tenemos la opción de ignorar al Espíritu Santo. Por ejemplo, algunas personas intentan tercamente saltarse lecturas de la Biblia cuando encuentran inconveniente la Palabra de Dios. Esta clase de vida se caracteriza por descontento, paz fugaz y soledad permanente en el corazón.
El Espíritu Santo es nuestro parakletos, o acompañante que “camina a nuestro lado”. Si nos mantenemos alejados de Él, nos distanciamos del Padre, también. Pero si le pedimos al Espíritu que guíe nuestros pasos y abra nuestra mente a los caminos de Dios, Él estará disponible para hacerlo.
viernes, 9 de febrero de 2024
El poderoso nombre de Jesús
Los discípulos debieron sentirse confundidos cuando Jesús les dijo que era por el bien de ellos que Él se marcharía; durante tres años los había guiado y protegido. Pero el Señor podía decir esto porque sabía que su Espíritu y su nombre los protegerían y dirigirían poderosamente hasta que se reunieran en el cielo.
De la misma manera, nosotros hemos sido salvos y tenemos la promesa del cielo, pero todavía hay un largo camino por recorrer antes de llegar allá. No obstante, en el nombre de Jesús, tenemos todo lo que necesitamos para llegar hasta el final, pese a los obstáculos y desafíos que enfrentemos. Basta con considerar las siguientes formas en que Jesús viene en nuestra ayuda:
Abogado (1 Jn 2.1-2). Aunque somos llamados a vivir en santidad, habrá ocasiones en que pecaremos. Jesús es nuestro Abogado, quien es nuestro defensor porque su sangre nos limpia continuamente del pecado.
Autoridad (Mt 28.18). Vivimos bajo la autoridad divina de Cristo. Nada nos toca sin primero pasar por sus manos. Y Él nos capacita para hacer todo lo que Él nos llame a realizar.
Ayuda (Jn 16.13-15). Jesús nos ha dado el Espíritu Santo como nuestro Ayudador, que nos conforta, guía, enseña y capacita para vivir en santidad y obediencia.
Respuesta (Jn 16.23-24). Cuando pedimos en el nombre de Jesús, es decir, conforme a lo que Él desea, nuestras oraciones son respondidas.
La mano de Dios se mueve en el nombre de Jesús cuando tenemos un corazón santo y puro delante de Él. Por consiguiente, que nuestro anhelo sea vivir en dependencia total de este poderoso nombre.
miércoles, 11 de noviembre de 2020
lunes, 28 de diciembre de 2015
Deje que el Espíritu controle su mente
Leer | Romanos 8.5-8
Una batalla espiritual se está librando por el control de nuestra mente, porque la manera como pensemos determinará nuestra conducta. Si queremos vencer nuestras tendencias pecaminosas, debemos aprender a vernos como nuevas creaciones que ya no estamos bajo el dominio del pecado. Por la presencia del Espíritu de Cristo en nosotros, tenemos la capacidad de ser “más que vencedores”, independientemente de nuestros pecados del pasado (Ro 8.37).
También tenemos que reconocer las mentiras del enemigo que nos dicen que somos débiles y que fracasaremos otra vez. Después, tenemos que atacar con la verdad de Dios, que declara que el Espíritu de Cristo es mayor que Satanás (1 Jn 4. 4). Debemos enfocar nuestra mente en cosas espirituales (Fil 4.8), para que aprendamos a distinguir entre lo que nos corresponde como creyentes, y lo que no. Por último, debemos optar por el bien (Mt 5.3-11) y rechazar el mal (Gá 5.19-21). Cuanto más seamos dirigidos por el Espíritu, más sensible nos volveremos a sus advertencias sobre la tentación, y mayor será nuestra fortaleza para ganar la batalla por nuestra mente.
La vida llena del Espíritu comienza con el regalo del Espíritu Santo a todos los que hemos recibido a Jesucristo como Señor y Salvador. Esta llenura se convierte en una realidad cuando nos ponemos bajo el control del Espíritu, y se disfruta cuando hacemos uso del poder que Él libera en nosotros. Por tanto, requiere que resistamos la tentación, y mantengamos nuestro estado de sometimiento al Espíritu.
Al comenzar el nuevo año, transforme su “mente independiente”, y experimente las victorias que Dios da a quienes son llenos del Espíritu.
jueves, 15 de enero de 2015
Devocional
Lectura 15 de Ene - "Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente." Salmo 9: 18.
La pobreza es una dura herencia; pero aquellos que confían en el Señor son enriquecidos por la fe. Ellos saben que no son olvidados por Dios; y aunque parezca que son pasados por alto en Su distribución providencial de cosas buenas, esperan un tiempo cuando todo esto será enderezado. Lázaro no siempre estará echado entre los perros a la puerta del rico, sino que tendrá su recompensa en el seno de Abraham. Incluso ahora el Señor recuerda a Sus hijos pobres pero preciosos."Yo soy pobre y menesteroso; sin embargo, el Señor piensa en mí" , dijo alguien en la antiguedad, y así es. Los pobres piadosos tienen grandes esperanzas. Esperan que el Señor les provea de todas las cosas necesarias para esta vida y para la piedad; esperan que todas las cosas les ayuden a bien; esperan tener una comunión mucho más íntima con su Señor, que no tenía dónde recostar la cabeza; esperan Su Segundo Advenimiento, y compartir su gloria. Esta esperanza no puede perecer, pues está puesta en Cristo Jesús, que vive para siempre; y porque Él vive, la esperanza también vivirá. El santo pobre canta muchos himnos que el rico pecador no puede entender. Por tanto, cuando tengamos una ración reducida, hemos de dirigir nuestros pensamientos a la mesa real de arriba.


