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sábado, 30 de septiembre de 2017

El servidor José


El servidor José
Leer | Génesis 37.1-17
La historia de José es una de mis favoritas de la Biblia. Lo menciono con frecuencia porque hay mucho que aprender de este exitoso joven. Efectivamente, su juventud es una lección importante en sí misma, y el pasaje de hoy revela dos de sus cualidades de carácter que debemos tratar de emular.
Primero, demostró un espíritu de servicio a temprana edad. En cada conversación de José con su padre o con sus amos, él encarnaba la imagen misma del respeto y la disciplina. El joven nunca actuó en contra de quienes tenían autoridad sobre él; por el contrario, se afanaba continuamente por servir a los demás.
Vale la pena señalar que José tenía alrededor de 17 años de edad en Génesis 37. La adolescencia es un tiempo en que los jóvenes de cualquier época son propensos a la venganza y al egoísmo. Sin embargo, es claro que este joven fue enseñado desde temprana edad a servir a los demás.
Segundo, José entendió a edad temprana que Dios controlaba su vida. ¿De qué otra manera puede explicarse su incesante búsqueda de la excelencia? A pesar de todo lo que le sucedía, José recordaba las visiones divinas que el Padre celestial había puesto en su corazón en sus años de adolescencia (Gn 37.5-9). Estaba convencido de que había un plan para su vida, y de que, de alguna manera, en algún momento, Dios le revelaría cuál era.
Ya sea que usted tenga 17 ó 77 años de edad, las lecciones de la vida de José son valiosas. Nunca es demasiado tarde para aprender el arte de servir o de reconocer el plan perfecto de Dios. Mejor aun, nunca es demasiado tarde para ayudar a alguien a descubrir estas cosas.

sábado, 30 de marzo de 2013

Ilustración: EL RELIGIOSO Y EL CARNICERO




EL RELIGIOSO Y EL CARNICERO

Hay una vieja narración que nos cuenta de un religioso muy “santo” que vivía en el desierto, ayunaba a menudo y había abrazado la más abnegada pobreza.

Mucha gente de los alrededores lo tenía por santo, y se decía que era el hombre que estaba más cerca de Dios.

Así parecía, puesto que este religioso se pasaba mucho tiempo en serena contemplación y diálogo con Dios.

Un día llegó a oídos del religioso lo que la gente decía de él, y picado por la curiosidad le preguntó a Dios:

Dime, Señor ¿es cierto lo que la gente dice de mí, que soy el hombre más santo y el que está más cerca de Ti?..
¿De veras quieres saberlo? ¿Por qué estás tan interesado? le preguntó Dios...

El religioso le contestó: No es la vanidad la que me mueve a preguntarte esto, sino el deseo de aprender. Si hay alguien más santo que yo, debo ser su discípulo para saber acercarme más a Ti...

Dios entonces le dijo:
"Muy bien, baja por el sur del desierto al pueblo más cercano y pregunta por el carnicero del pueblo, él es el más santo"…
El religioso se sorprendió mucho con la respuesta de Dios, pues en aquella época los carniceros gozaban de muy mala fama, pero obediente hizo lo que el Señor le indicó.

Llegó al pueblo y pudo observar a sus anchas al carnicero, y no encontró en él nada extraordinario. Al verlo incluso llegó a dudar, le pareció de bruscos modales, algo malhumorado y observó con preocupación, que cada chica hermosa que llegaba a la carnicería, era mirada de forma "no muy santa " por el carnicero…

Cuando terminó de atender a la gente y se disponía a cerrar el negocio, el carnicero, sorprendido le preguntó que quería. El religioso le contó lo que le había llevado a verlo y el carnicero quedó más sorprendido todavía.

"Mire, yo no dudo de su palabra pero me sorprende mucho que Dios le haya dicho eso, yo soy un gran pecador, aunque voy a la Iglesia no lo hago con la frecuencia con que debería. Pero en fin, mi casa es su casa". Y le invitó a pasar y a comer con él, en tanto él entraba a una habitación en donde un anciano acostado en un lecho recibió todo el cuidado del carnicero, que le dio de comer en la boca y lo arropó con cariño para que durmiera…

"Perdone mi indiscreción le dijo el religioso al carnicero - ¿es su padre?

"No lo es" le respondió. "En realidad es una larga historia"…

"¿Podría contármela?" le dijo el monje.

"A usted se la contaré pues sé que los monjes saben guardar secretos. Este hombre fue quien mató a mi padre. Cuando vino al pueblo, mi primer impulso fue matarlo para vengarme pero estaba viejo y enfermo y sentí pena por él.

Luego recordé a mi padre, que siempre me enseñó a perdonar y en su nombre decidí tratarlo con amor, como hubiera tratado a mi padre, si aún viviera"…

No está más cerca de Dios el que dedica mucho tiempo a realizar actos religiosos, sino aquel que ama y perdona aún al que lo odia.
Porque quien obra así hace lo mismo que Dios...

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Mateo 7:21