jueves, 8 de enero de 2026
Cómo expresar gratitud a Dios
lunes, 28 de julio de 2025
Las recompensas del servicio
Hebreos 6.7-12
Algún día, usted y yo estaremos de pie en la presencia del Dios santo, y nuestra vida será evaluada. En ese día, nuestras obras serán juzgadas, y seremos recompensados como corresponda.
Será un momento muy solemne, porque algunos sufrirán grandes pérdidas, mientras que otros recibirán grandes recompensas. Aquí no estoy hablando de la salvación, porque la salvación nunca es una recompensa por el servicio; ella es, simplemente, un regalo que se da a todos los que reciben a Jesucristo como Salvador. Pero las recompensas son diferentes; están unidas al servicio.
Jesús nos dice mucho en la Biblia en cuanto a las recompensas que recibiremos por servir. También utilizó palabras fuertes para referirse al hombre que había escondido su talento en vez de ponerlo a producir. En la parábola, su amo lo llamó “malo y negligente”, y luego le quitó lo que le había dado antes (Mt 25.26).
El Señor nos hizo también otra advertencia: No debemos realizar el servicio cristiano para asegurarnos de que las personas que nos rodean nos vean. Cuando eso sucede, Él dice que perderemos nuestra recompensa en el cielo (6.1-6). Todo lo que pueda haber sido reservado para beneficio propio se perderá, y lo único que ganaremos será el reconocimiento de los demás.
La mejor manera de servir a Dios es hacerlo por amor a Él. Cuanto más conozca usted a Dios, más lo amará y más deseará servirlo. Y cuanto más lo sirva, más honrará Él su servicio. Esto nos lleva a amar más a Dios, y ese ciclo continuará por toda la eternidad.
viernes, 25 de julio de 2025
La clave para el servicio
jueves, 24 de julio de 2025
Los requisitos del Servicio
jueves, 7 de noviembre de 2024
Lecciones de una buena vida
2 Timoteo 4.6-8
La segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo fue escrita desde la cárcel. Esta vez, estaba seguro de que el emperador lo haría ejecutar. Pero el fiel siervo de Dios estaba preparado para dar el siguiente paso de fe.
No debe sorprendernos que Pablo enfrentara la muerte con esa tranquila aceptación. Él vivió cada día —desde su conversión en el camino a Damasco, hasta sus momentos finales— sirviendo a Dios, lo que significaba soportar cualquier adversidad en el nombre de Jesús. “He peleado la buena batalla”, escribió a Timoteo. Por sus cartas, sabemos que Pablo batalló con los mismos enemigos que nosotros enfrentamos —la carne, el mundo y Satanás (Ro 7.14-25; 1 Co 4.11-13; Ef 6.12). Por eso, cuando usted se sienta tentado a pensar que Pablo era más santo que usted, medite en estos pasajes. Él perseveró por fe, y lo mismo debemos hacer nosotros.
A pesar de su gran sabiduría y de su capacidad como apóstol, misionero y líder de la iglesia, Pablo no era muy diferente a nosotros. No fue perfecto, y tuvo derrotas espirituales. Pero no se quedaba caído.
Volvía de nuevo a la lucha. Por esta razón, y por la vida que había vivido, sabía que le aguardaba una rica recompensa en la eternidad. Dijo, además, que los tesoros del cielo eran no solamente para él, sino también para todos los que amaban la venida del Señor Jesús (cp. 2 Ti 4.8).
El apóstol Pablo tuvo las mismas luchas que tiene todo creyente. Pero conservó la fe, y usted puede hacer lo mismo.
Pelee la buena batalla, hermano. Enfrente sus enemigos eligiendo poner su confianza y obediencia en el Señor. Así lo honrará, y almacenará tesoros en el cielo.
viernes, 27 de septiembre de 2024
La rendición personal de cuentas
Romanos 14.12
Si usted no tiene a alguien a quien rendirle cuentas de sus acciones, entonces se está perdiendo de uno de los mejores regalos de la vida. La Biblia nos dice que el Señor Jesús rendía cuentas al Padre celestial (Jn 8.28, 29); la iglesia está sujeta a Cristo (Ef 5.24); y Pablo se sentía responsable ante la iglesia de Antioquía (Hch 14.27).
Cuando tenemos a alguien con quien compartir nuestros fracasos, debilidades, aciertos y anhelos, nos beneficiamos de muchas maneras.
Con nuestra rendición de cuentas a un hermano en la fe, desarrollamos un sentido de responsabilidad que conduce a un mejor desempeño en todo lo que hacemos. Dar cuentas a nivel personal fomenta la integridad y nos protege del mal uso de nuestra libertad.
Además, aprender a examinarnos a nosotros mismos y a evaluar a otros nos protege de relaciones insanas y nos mantiene tomados de la mano de Dios, lo cual nos ayuda a madurar.
Puesto que un confidente puede ver nuestros puntos ciegos y debilidades, está en una buena posición para aconsejarnos, alentarnos o reprocharnos con amor. Para escoger la persona adecuada, hay que buscar un creyente lleno del Espíritu Santo dispuesto a dar dirección santa basada en la Palabra de Dios. Asimismo, necesitamos rendir cuentas a una persona que nos acepte y nos ame tal como somos, pero que también tenga la valentía de encararnos cuando estemos equivocados. Es importante encontrar a alguien que realmente vele por lo que más nos conviene.
Entonces, ¿dónde encontrar una persona así? En el banco, en la iglesia o entre sus amigos. Comience a orar hoy por alguien a quien rendir cuentas, y pídale a Dios que le muestre claramente a la persona correcta.
lunes, 23 de septiembre de 2024
Busque al Señor con fervor
Salmo 27.4-8
Sacando cuentas llevó mis primeros cuarenta años en el Evangelio y en cierta manera mi vida fue influenciada por gente que buscaban apasionadamente al Señor. Yo quería tener esa misma clase de relación con Dios, y sabía que la única manera de que fuera así, era si yo le buscaba con fervor.
Después de todos estos años, puedo decir sinceramente que lo más emocionante de mi vida es humillar mi rostro delante de Dios en una comunión íntima.
Pero esta clase de relación no sucederá por casualidad.
Requiere la decisión deliberada de volver a poner en orden nuestras prioridades, para hacer espacio a la búsqueda de Dios.
La intimidad con Él no es algo que uno puede adquirir en una inspiradora conferencia de un fin de semana, no se logra leyendo un capítulo o dos de la Biblia, ni orando durante diez minutos cada día. Buscar a Dios con fervor es un compromiso tenaz que dura toda una existencia, día tras día, y año tras año.
Demasiados creyentes están satisfechos con tener una relación superficial con el Señor. Buscan respuestas a la oración en momentos de sufrimiento, pero no están dispuestos a sentarse tranquilamente por un buen tiempo, solo para llegar a conocer a Dios mediante la oración y su Palabra.
Cuando en realidad, la ocupación más importante en la vida de un creyente en Jesucristo es cimentar su relación con Dios. Renunciar a esta gran bendición es una tragedia.
Dios no necesita nada de usted, pero desea tener su amorosa devoción y su comunión. ¿Es eso lo que usted quiere, también? Buscar al Señor no es algo que se puede hacer apresuradamente. Le costará tiempo y esfuerzo, pero las recompensas valdrán cualquier sacrificio.
viernes, 20 de septiembre de 2024
El ajetreo del domingo
Para muchos creyentes, la mañana del domingo comienza apagando la alarma del reloj, para luego seguir durmiendo, porque la diversión de la noche del sábado parecía más emocionante que las responsabilidades de las primeras horas del domingo. Luego saltan apurados de la cama. Despiertan a sus hijos a gritos. Corren por toda la casa, sacan a las mascotas, toman dos o tres mates apurados y hacen planes para el almuerzo con algún familiar. Escoltan a los hijos (medios dormidos aún) mientras intentan responder a la pregunta: “¿Por qué siempre estamos retrasados?” Tratan de encontrar un lugar en la iglesia. Entran corriendo al santuario. Se desploman en un banco. Empiezan a cantar las alabanzas por la mitad porque llegaron tarde.
Escuchan la predicación. Salen de la iglesia para encontrarse con los parientes.
Vuelven a casa y toman una siesta.
¿Le suena familiar? Obviamente, algo no está bien en este escenario: ¿Dónde está la adoración? Sí, claro; esta familia fue a la iglesia, pero el tiempo apartado para la alabanza y el estudio de la Palabra fue simplemente algo más en su lista de actividades. Fue algo que hicieron porque sintieron que tenían que hacerlo. No hubo espacio para un encuentro con Dios, ya que el tiempo de adoración parecía ser una interrupción de su domingo, no el eje del mismo.
El Salmo 100.1-5 nos dice: “Entrad . . . por sus atrios con alabanza”. ¿Caracteriza esta admonición su entrada a la adoración cada semana? No deje que el “ajetreo del domingo” se convierta en un problema para su familia. Recuerde que la adoración no es algo que usted tiene que hacer; es algo que usted quiere hacer.
Por tanto, planifique con anticipación y prepare su corazón, mente, y familia para encontrase con el Rey.
miércoles, 11 de septiembre de 2024
La escuela de la obediencia
Proverbios 3.5-6
Bienvenido a la Escuela de la Obediencia a Dios. Hoy y mañana estudiaremos una lección llamada “Introducción a la obediencia”. Para algunos, será un material nuevo; para otros, un buen repaso. Trataremos de profundizar en cuanto a los elementos fundamentales para tener una vida obediente y que honre a Dios.
Confiar. Este es un requisito fundamental que el Señor espera de nosotros (Pr 3.5). Él sabe que la respuesta obediente es el resultado de la fe, mientras que la mayoría de las rebeliones se derivan de la falta de ella. Por tanto, para tener vidas obedientes debemos creer que Dios es quién ha dicho ser.
También debemos aceptar sus planes, métodos y tiempo. Podemos sentir más confianza obedeciendo y estando atentos a la respuesta del Señor. Recuerde que Dios se goza en bendecir a aquellos que hacen lo que Él dice.
Esperar. La paciencia es la que parece desafiarnos más. Muchas veces, cuando no sabemos qué hacer, actuamos confiando en nuestro juicio, esperando que Dios apruebe y bendiga nuestras acciones, lo cual no es bíblico. Dios está muy dispuesto a mostrarnos la manera en que debemos actuar. Nos ha dado su Espíritu como nuestro maestro, porque quiere que sepamos cómo proceder. Debemos esperar con una actitud de confianza hasta que estemos seguros de su voluntad.
Dios se hace totalmente responsable de dirigirnos. El Señor desea indicarnos el siguiente paso que debemos dar, pero tenemos que venir a Él con un corazón confiado y con la disposición de esperar antes de que nos indique lo que debemos hacer.
sábado, 20 de enero de 2024
Pies y corazón limpios
Puede que Israel sea una tierra polvorienta, y los pies calzados con sandalias se ensucian yendo de un lado a otro. En la antigüedad, la persona que entraba en una casa se quitaba las sandalias y se lavaba los pies. O si los dueños de casa eran ricos, los sirvientes eran quienes se los lavaban. Esta desagradable pero necesaria tarea le tocaba al sirviente que tenía la jerarquía más baja en la casa. Imagínese la sorpresa de los discípulos cuando el Hijo de Dios tomó el papel de un humilde sirviente para arrodillarse a lavar sus pies. La necesidad de este servicio era enorme, ya que habían estado viajando por un tiempo. Pero nadie se había ofrecido para hacerlo.
En realidad, la acción en sí no es el punto principal; la actitud es lo que cuenta. Cristo desea que estemos dispuestos a humillarnos para servir a los demás. Él está buscando hombres y mujeres que dejen de lado el orgullo, la posición y el poder para hacer lo que sea necesario, dondequiera que haga falta, y en favor de quienes necesiten ayuda.
El modelo de servicio
Según la manera de pensar del mundo, los hombres importantes son lo que tienen autoridad, prominencia y poder. Sin embargo, aunque Jesucristo tenía todo eso, lo dejó para convertirse en siervo (Is 42.1; Fil 2.7).
El acto supremo de servicio del Señor Jesús fue dar su vida en rescate por muchos (Mt 20.28). La palabra rescate se refiere al precio pagado para liberar a alguien —Cristo compró voluntariamente nuestra libertad. Había solo una manera de que Dios pudiera quitar nuestra culpa y permanecer fiel a su propia ley: que alguien sin pecado pagara nuestra deuda de pecado.
martes, 24 de enero de 2023
Cómo demostrar amor ágape
Cómo demostrar amor ágape
1 Corintios 13
El amor divino nos capacita para reaccionar con calma ante las dificultades, demostrar paciencia y sacrificarnos sin quejarnos. Demostramos el amor de Dios cuando podemos:
Perdonar a los demás. En Lucas 15.13-14, el hijo pródigo desperdició su dinero viviendo de manera desenfrenada, lo que hizo que descubriera la naturaleza destructiva del pecado. Cuando regresó, su padre lo perdonó por completo. El amor hizo posible borrar el pasado (Sal 103.12).
Actuar con generosidad. El hijo, que había estado alimentando cerdos, llegó a la casa del padre con pocas esperanzas. El padre lo recibió con calidez y lo vistió con las mejores ropas. El amor divino, que no guarda registro de errores, le permitió al padre demostrar gracia al hijo.
Servir con alegría. ¡Qué celebración hizo el padre por el regreso del hijo pródigo! Su alegría por el regreso a casa de su hijo perdido se desbordó a otros. El amor se expresa con el servicio jubiloso a los demás.
Restaurar a quienes caen. El que había abandonado a su padre y despilfarrado su herencia, recibió de nuevo todos sus derechos como hijo.
Cuando nos complicamos la vida, nuestro Padre celestial espera con paciencia que volvamos a Él. Dios acepta nuestro arrepentimiento, se regocija por nuestro regreso y restablece nuestra relación con Él. El hermano mayor de esta parábola no entendió la situación por su actitud legalista (1 Jn 1.8).
No reconoció sus errores, ni las muchas veces que su padre le había mostrado amor y perdón.
Dios nos llama a tener un estilo de vida de amor ágape. ¿A quién pudiera ofrecer el amor que perdona, restaura y sirve con generosidad y alegría?
miércoles, 11 de noviembre de 2020
martes, 10 de noviembre de 2020
Mensaje en Audio: "Como reconocer un verdadero siervo de Dios en estos días"
viernes, 19 de enero de 2018
Equipado para servir
Equipado para servir
viernes, 12 de enero de 2018
Un pueblo especial para Dios
Un pueblo especial para Dios
sábado, 6 de enero de 2018
El poder del Espíritu Santo
El poder del Espíritu Santo
miércoles, 3 de enero de 2018
La pasión por conocer a Dios
La pasión por conocer a Dios
lunes, 9 de octubre de 2017
El riesgo de obedecer a Dios
El riesgo de obedecer a Dios
Leer | Lucas 5.1-11
Nadie podría haber sido más sorprendido por la orden del Maestro que Pedro. Después de trabajar arduamente toda la noche, ni él ni los otros pescadores tenían el fruto de sus esfuerzos. Estaban cansados y desanimados; la última cosa que querían hacer era lanzar otra vez las redes en otro intento inútil por atrapar unos pocos peces. ¿Qué podía estar pensando Jesús? ¿Qué propósito podía haber tenido al pedirles que salieran a pescar otra vez?
Poco tiempo después, cuando las abultadas redes eran arrastradas a la playa, estos hombres comenzaron a entender un principio eterno del que muchas personas no se han dado cuenta todavía: Dios nunca nos pedirá que hagamos algo, a menos que tenga un propósito específico y soberano para ello (Jer 29.11). La orden de Jesús debió haberles parecido innecesaria, por no decir disparatada. Después de todo, estos hombres eran expertos en la pesca; sin embargo, todavía les faltaba aprender que sin la intervención sobrenatural de Dios todopoderoso, nuestro esfuerzo es en vano.
Pedro y sus hombres nunca podrían haber imaginado qué clase de recompensa les esperaba por su obediencia. Lo que buscaban y deseaban más que nada era precisamente lo que Dios le dio: redes repletas de peces. La diferencia era que la segunda salida a pescar fue hecha a la manera de Dios y en el tiempo de Dios.
Por tanto, confíe en los planes de Dios para usted. Nunca conocerá la recompensa hasta que esté dispuesto a correr el riesgo —cuanto mayor es el riesgo, mayor es la recompensa.
Enviado desde el Templo Cristiano Pasos de Fe










