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jueves, 8 de enero de 2026

Andar en la luz

Andar en la luz
Efesios 5. 6-16

Cuando andamos en santidad, cambiamos la dirección de nuestra vida vieja y dejamos una huella dondequiera que vamos. Consideremos ahora un aspecto más de esta nueva vida: caminar en la luz. (1 Juan 1.5-7).

En 2 Corintios 6.14, el apóstol Pablo nos desafía a considerar esta pregunta: “¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. Nos dice que, así como Cristo y Satanás no pueden tener comunión el uno con el otro, tampoco pueden tener compañerismo el bien y el mal. En otras palabras, el pecado debe convertirse en algo extraño para todos los que conocen a Cristo como Salvador. Su Espíritu Santo nos ayuda a ser sensibles a la presencia del pecado.

La Biblia dice que antes de venir a Cristo, no solo estamos en tinieblas, sino que somos tinieblas. Los impíos tienen oscurecido su entendimiento, son ignorantes de la verdad, y están encallecidos en sus corazones y endurecidos en su espíritu; se han entregado al pecado. Todo esto cambia cuando una persona pone su fe en el Señor. El creyente experimenta el perdón y la redención, y sucede algo maravilloso: la oscuridad es reemplazada con la luz y la justicia de Dios.

A todos los que eligen seguir a Dios se les da una nueva naturaleza (Efesios 5.17), pero los patrones del viejo yo permanecen. Usted puede pensar que, debido a que a veces lucha con el pecado, la vida de santidad es un objetivo inalcanzable. Pero no son sus propias fuerzas las que le hacen santo, sino el Espíritu Santo que mora en su corazón. 

Cuando usted hace de Cristo el centro de su vida y decide andar en su luz, Él le da poder para vivir en santidad.


lunes, 11 de enero de 2016

Completamente disponible

Leer | Mateo 5.13-16

Hágase esta pregunta: ¿Qué clase de luz soy? ¿Está su brillo un poco apagado, al punto tal que resulta difícil verlo, a menos que alguien esté prestando mucha atención? ¿O es usted la clase de luz que ilumina todo cuando entra en una habitación? Como cristianos, debemos “brillar” con intensidad, no importa dónde estemos. Aunque una llama sea pequeña, si es fuerte ilumina toda una habitación.

La poca visión puede opacar nuestro brillo, y eso puede hacer que perdamos bendiciones. Antes de aceptar cooperar con el Señor, podemos pensar que tenemos que saber exactamente lo que Él piensa hacer. Pero hemos sido llamados solamente a ser embajadores fieles que confían en que su Espíritu hará el resto de la obra en el corazón de las personas. Dios nos dice: “No me des una agenda; simplemente confía en mí. Observa lo que hago, a mi manera y en mi tiempo, y verás lo que sucede”.

Como creyente, usted es alguien especial. Y como miembro de la familia de Dios, en usted mora su Espíritu; su luz es el resplandor interior que hay en su vida. En cuanto al beneficio para el reino, su vida tiene un potencial inimaginable. No tiene idea de las cosas increíbles que Dios puede hacer ya sea en el lugar de trabajo, la escuela, o con la familia, vecinos o amigos, por medio de su disposición de hacer brillar la luz de su gran amor.

Si usted se pone de rodillas y ora, diciendo: “Señor, estoy disponible; haz lo que quieras con mi vida, y muéstrame lo que debo hacer”, puede tener la seguridad de que Él le indicará el siguiente paso. Dios está dispuesto y listo para actuar en la vida de cualquier persona que decida estar disponible para Él.