La manera de adquirir sabiduría
Proverbios 2.1-7
Aunque el conocimiento es un bien preciado en el mundo, la sabiduría es aun más importante (Pr 8.11). Dios quiere que veamos la vida desde su perspectiva, y que evaluemos todo de acuerdo con los principios bíblicos.
Pero para ello, debemos buscar crecer en sabiduría; pues al igual que cualquier cosa valiosa, ella debe ser buscada y aprendida cuidadosamente de sus fuentes.
La primera fuente es la Biblia. Proverbios enseña que debemos prestar atención a las palabras de Dios, y guardar sus mandamientos en nuestro corazón (4.20-22). En estos días, la información se transmite de acuerdo a los intereses de las personas que la han preparado. La única manera de conocer la perspectiva correcta —es decir, la de Dios— es leer su Palabra y poner en práctica sus preceptos (8.33).
Otra fuente de sabiduría es el consejo de personas temerosas de Dios (12.15). Algunas veces, el Señor trae hermanos en la fe a nuestras vidas para brindarnos orientación bíblica, aliento o corrección. En el libro de Proverbios, quienes ignoran las palabras de una persona temerosa de Dios son etiquetados como “insensatos”. Así que no sea usted insensato. Rodéese de otros seguidores de Cristo que también estén buscando la sabiduría divina.
Nuestro Padre celestial asegura que quienes la busquen lo encontrarán a Él (8.12, 17). Los creyentes diligentes descubrirán que poseen un tesoro abundante:
Además de una perspectiva piadosa, tendrán conocimiento, discernimiento y prudencia —riquezas poco comunes en el mundo moderno. Utilícelas bien.
Mostrando entradas con la etiqueta sabiduría de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sabiduría de Dios. Mostrar todas las entradas
jueves, 21 de noviembre de 2024
lunes, 2 de septiembre de 2024
Mantener el rumbo
Mantener el rumbo
Proverbios 3.7-12
Recibimos muchas bendiciones cuando permanecemos en el camino de la justicia. La verdad divina nos libera del camino de pecado —la vida se enriquece cuando experimentamos el favor del Señor y recibimos su ayuda. Él irá delante de nosotros y despejará los obstáculos del camino.
Revisemos nuestra brújula una vez más para asegurarnos de que estamos viajando hacia el norte.
Seguir el camino hacia la santidad requiere nuestra obediencia. Desde Génesis hasta Apocalipsis tenemos el mandamiento de obedecer al Señor, desprendernos de las filosofías humanas y aceptar la sabiduría de Dios. La Biblia nos dice que el principio de la sabiduría es el temor del Señor (Sal 111.10). La obediencia y el sometimiento a su señorío traen sanidad y renovación. Nuestro Creador no nos diseñó para vivir con ira, amargura o resentimiento. Muchas veces, acumular estas emociones llega a causarnos daño físico.
Pero si le entregamos esos sentimientos, Él nos restaurará.
Nuestra brújula también nos dirige a demostrar reverencia a Dios. Por ejemplo, cuando le honramos con nuestras finanzas, lo cual puede ser difícil pues significa permitir que Dios nos dicte cómo gastar nuestro dinero. Sin embargo, Él promete que esa renuncia dará lugar a la bendición, ya que no sólo suplirá nuestras necesidades, sino que también nos dará lo suficiente para compartir con los demás.
Cuando aceptamos la dirección de Dios, Él nos mantiene en el camino de la justicia. El Padre celestial da los pasos necesarios para corregir nuestros errores como señal de nuestra relación familiar con Él, y como demostración de su amor.
Proverbios 3.7-12
Recibimos muchas bendiciones cuando permanecemos en el camino de la justicia. La verdad divina nos libera del camino de pecado —la vida se enriquece cuando experimentamos el favor del Señor y recibimos su ayuda. Él irá delante de nosotros y despejará los obstáculos del camino.
Revisemos nuestra brújula una vez más para asegurarnos de que estamos viajando hacia el norte.
Seguir el camino hacia la santidad requiere nuestra obediencia. Desde Génesis hasta Apocalipsis tenemos el mandamiento de obedecer al Señor, desprendernos de las filosofías humanas y aceptar la sabiduría de Dios. La Biblia nos dice que el principio de la sabiduría es el temor del Señor (Sal 111.10). La obediencia y el sometimiento a su señorío traen sanidad y renovación. Nuestro Creador no nos diseñó para vivir con ira, amargura o resentimiento. Muchas veces, acumular estas emociones llega a causarnos daño físico.
Pero si le entregamos esos sentimientos, Él nos restaurará.
Nuestra brújula también nos dirige a demostrar reverencia a Dios. Por ejemplo, cuando le honramos con nuestras finanzas, lo cual puede ser difícil pues significa permitir que Dios nos dicte cómo gastar nuestro dinero. Sin embargo, Él promete que esa renuncia dará lugar a la bendición, ya que no sólo suplirá nuestras necesidades, sino que también nos dará lo suficiente para compartir con los demás.
Cuando aceptamos la dirección de Dios, Él nos mantiene en el camino de la justicia. El Padre celestial da los pasos necesarios para corregir nuestros errores como señal de nuestra relación familiar con Él, y como demostración de su amor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)