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martes, 29 de julio de 2025

El propósito de Dios en nuestras dificultades

El propósito de Dios en nuestras dificultades
Romanos 8.28-29

Si pudiéramos elegir el número de dificultades que quisiéramos enfrentar en la vida, la mayoría de nosotros elegiríamos el cero. Pero Dios ve que los tiempos de dificultad tienen gran valor y los utiliza para llevar a cabo sus planes.

Uno de los propósitos que tiene Dios para nosotros, es hacer que nuestra relación con Él crezca. El Señor sabe que nos es difícil ponerlo a Él primero, muchos de nosotros damos más prioridad a la familia y a los amigos. Para otros, el dinero, el trabajo e incluso los placeres, son un obstáculo. Cuando el Señor ve que nuestra atención se está desviando de Él, puede usar las dificultades para que le demos el lugar debido.

Otra razón por la que Dios permite las dificultades, es para conformarnos a la imagen de Jesús. El dolor es una herramienta que saca a la superficie nuestra carnalidad, lo utiliza también para zarandearnos, moldearnos y podarnos. El proceso de santificación —de crear un carácter como el de Cristo en nuestras vidas— comienza en el momento de la salvación y terminará con nuestro último aliento.

Un tercer propósito es revelar nuestras verdaderas convicciones. Nuestra fe es probada en los tiempos difíciles. Es fácil decir: “Dios es bueno” cuando las cosas están tranquilas. Pero cuando todo se frustra, ¿revelan nuestras palabras y acciones una actitud de confianza?

El rey David soportó el desmoronamiento de su familia, ataques personales y la traición de algunos de sus seres queridos. Pero, gracias a esas pruebas, adquirió una fe más fuerte y un carácter más piadoso. ¿Dejará que el Señor utilice su situación actual para lograr los buenos propósitos que Él tiene para usted?

sábado, 2 de marzo de 2024

A la espera de sufrimientos

 


A la espera de sufrimientos

Filipenses 1.27-30

Uno de los mejores regalos que podemos dar a los nuevos creyentes es la información de lo que pueden esperar en la vida cristiana. Después de recibir el perdón de los pecados y de haberse convertido en nuevas criaturas en Cristo, pudieran esperar que la vida se convierta en una maravilla. Y es así, porque tenemos el Espíritu Santo, y la paz y el gozo de Cristo están en nosotros. Sin embargo, también existe la posibilidad de que suframos.

Cristo nos salvó del pecado, no de las dificultades. Todo el dolor, el sufrimiento, las dificultades y los problemas del mundo se originaron en el huerto del Edén por la transgresión de Adán y Eva. Desde entonces, la humanidad ha vivido en un ambiente caído y en esclavitud personal al pecado. Cristo nos liberó de la culpa y del castigo por nuestras transgresiones, pero no nos ha eximido del dolor y del mal que es común a todos los seres humanos.

De hecho, una vez que creemos en Cristo, otro problema puede surgir: el sufrimiento por el amor al Señor. Nos gustaría pensar que todos los que nos rodean estarán tan entusiasmados como nosotros por la oferta de salvación de Jesucristo. Pero, en realidad, hay muchos enemigos del evangelio. A veces, los miembros de la familia pueden rechazarnos; y los compañeros de trabajo, burlarse de nosotros. En algunos lugares del mundo, los creyentes sufren persecución física e incluso la muerte.

Entonces, ¿qué debemos hacer, y cómo debemos comportarnos? Cuando el mundo está contra nosotros, necesitamos desesperadamente la compañía y el aliento de la iglesia. Juntos, podemos conducirnos de una manera digna del evangelio, permanecer firmes en un solo espíritu y luchar juntos por la fe.

martes, 30 de enero de 2024

El sufrimiento injusto

 


El sufrimiento injusto


1 Pedro 2.18-25

Una de las situaciones más difíciles de soportar es el sufrimiento injusto. Podemos esperar cosechar dolor y problemas si sembramos pecado, pero ¿qué tal si no hemos hecho nada malo? Incluso las pruebas que parecen venir sin ninguna razón son más fáciles de soportar que el maltrato que recibimos de otros.

Esto es lo que Pedro tenía en mente cuando escribió el pasaje de hoy. Los esclavos del Imperio romano tenían pocos derechos, por no decir ninguno, y el abuso no era infrecuente. Convertirse en cristiano no cambiaba las circunstancias, pero requería una reacción diferente. Pedro les dijo que se sometieran respetuosamente a sus amos, y que soportaran el maltrato porque tal respuesta tenía la simpatía de Dios.

Quien ha sido salvo por Cristo también está llamado a seguir sus pasos. Aunque el Señor nunca pecó, sufrió la muerte en una cruz por nosotros. Jesús no solo pagó el castigo por nuestros pecados, sino que también hizo posible que reaccionáramos ante el maltrato de la misma manera que Él lo hizo.

Es importante recordar la reacción de Cristo; primero, porque el Señor no injurió ni amenazó a quienes le hacían daño. Su silencio era sustentado por perdón en vez de ira o pensamientos de venganza. Incluso cuando estaba clavado en la cruz, oró diciendo: “Padre, perdónalos” (Lc 23.34). Segundo, Jesús se encomendó al Padre, que juzga con justicia.

A nosotros nos corresponde asegurarnos de seguir a Cristo, y vivir dentro de la voluntad de Dios. Entonces, si otros nos maltratan, simplemente podemos entregar la situación a nuestro Padre, sabiendo que Él la juzgará con justicia en su tiempo.



lunes, 16 de mayo de 2016

Lecciones que aprendemos en Getsemaní

Lecciones que aprendemos en Getsemaní

Leer | MATEO 26.36-46

Cuando usted está sufriendo, ¿acude a la Palabra de Dios? Ella es la única fuente con la que podemos contar para recibir vida, esperanza y promesa en situaciones que, de lo contrario, serían desesperantes. Los preceptos bíblicos ilustran cómo lidiar con las pruebas, y cómo no hacerlo. Cuando respondemos como el Señor quiere, la dificultad que amenazaba con causarnos daño, realmente enriquece nuestro carácter y nos permite hacer grandes cosas para Él.

Creo que el sufrimiento más intenso fue el de Jesús en el huerto de Getsemaní. Cristo sabía que, al cargar con nuestro pecado, iba a sufrir no sólo una crucifixión espantosa, sino también toda la ira de Dios. Pero más terrible aun, es que estaría separado de su Padre por primera y única vez. Eso es algo que ningún otro hijo de Dios tendrá jamás que soportar, porque la agonía de Jesús logró la redención de la humanidad. Por eso, sabemos que en cualquier prueba que enfrentemos, Dios estará a nuestro lado, apoyándonos en medio de ella.

Que la experiencia de Jesús en Getsemaní le sirva de ejemplo en tiempos de dificultad. Nuestro Salvador confió plenamente en su Padre, y aceptó su voluntad. Recuerde que Dios tiene el control, y Él le pone un límite a la duración y a la intensidad del dolor. Y, aunque al Señor le duele ver sufrir a sus hijos, nos ama lo suficiente como para permitir las dificultades.

¿Qué prueba está usted enfrentando? ¿Confía en que Dios tiene el control? Nuestro Padre celestial permite el dolor porque nos ama y sabe los cambios necesarios que el dolor producirá en nuestra vida. Y Él no escatimará ninguna experiencia, esfuerzo o dolor para conformarnos a la imagen de su Hijo.