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jueves, 31 de julio de 2025

Razones para las tormentas de la vida

Razones para las tormentas de la vida
2 Corintios 1.3-6

Al Señor nunca se le toma por sorpresa. Él sabe por todo lo que estamos pasando y está dirigiendo todas nuestras circunstancias tanto para nuestro bien como para su gloria, conforme a su buena voluntad.

Uno de los propósitos de las dificultades es limpiarnos. Por nuestra naturaleza “carnal”, y el mundo egocéntrico en que vivimos, es fácil desarrollar actitudes centradas en uno mismo, prioridades confusas y costumbres impías. Por tanto, las presiones que nos sobrevienen en situaciones tormentosas tienen el propósito de llevarnos al arrepentimiento. Nuestras pruebas no son para hundirnos, sino más bien para purificarnos y llevarnos de vuelta a la senda del temor a Dios.

Otra razón para la adversidad es enseñarnos cómo consolar a otros. La obra de Dios en nuestras vidas no es solamente para nosotros. Está diseñada para que alcancemos a un mundo que no conoce al Señor. Él usa las presiones que enfrentamos para prepararnos en cuanto al servicio a los demás. Cuando padecemos sufrimientos, descubrimos la suficiencia de Dios, su presencia consoladora y su provisión de fortaleza para ayudarnos a soportar. Nuestro testimonio durante los tiempos de dificultad será auténtico; aquellos a quienes ministramos reconocerán que conocemos y comprendemos su dolor.

Reflexionar en el propósito divino que hay detrás de nuestras dificultades, puede ayudarnos a responder a ellas de una manera que honre a Dios. Las lecciones del Señor normalmente se ponen en claro gradualmente, pero Él estará caminando al lado suyo a lo largo de todo el camino.

sábado, 10 de febrero de 2018

La guía de Dios para las tormentas de la vida


La guía de Dios para las tormentas de la vida

Las tormentas de la vida pueden hacernos sentir que hemos quedado a la deriva, e inseguros en cuanto a hacia dónde nos dirigimos. Los discípulos sabían que estaban en el Mar de Galilea, que se dirigían a Genesaret, pero en medio del violento vendaval no podían determinar su dirección o la distancia de la costa. La tormenta oscurecía las luces del cielo que les servían de guía, y al mismo tiempo atacaba sus sentidos. ¿Alguna vez se ha sentido usted así?
La soberanía de Jesús. El Señor demostró que controlaba totalmente la naturaleza y la vida de sus seguidores. No hay un solo momento en que no tenga el control absoluto de nuestras tormentas. Jesús sabe exactamente dónde estamos, hacia dónde nos dirigimos, y qué tan fiera es la tormenta. Recuerde que Aquel que murió en nuestro lugar por amor, es Aquel que tiene al futuro en sus manos —y que también nos tiene a nosotros.
El poder protector de Jesús. El poder de Cristo para proteger fue evidente en esa tempestad. Estuvo pendiente de los discípulos que estaban en la barca, y cuidó también de Pedro sobre las aguas. Pero preste atención a una lección de vital importancia: Él permitió que Pedro se hundiera lo suficiente para que reconociera su propia impotencia, de modo que se volviera al Señor para que lo salvara. Nos beneficia recordar que estamos absolutamente indefensos sin Jesús, y que debemos acudir a Él rápidamente.
La soberanía y la presencia protectora de Jesús llevaron a los discípulos a adorarle como el Hijo de Dios. ¿Están sus labios desbordando alabanza al Señor por su protección y su presencia?

miércoles, 7 de febrero de 2018

Vivir por encima de las circunstancias


Vivir por encima de las circunstancias

Pablo escribió su carta a los Filipenses durante un largo e injusto encarcelamiento. Sin embargo, esta corta epístola está llena de gozo. Nunca se queja o culpa a nadie de su situación, porque había aprendido a vivir por encima de sus circunstancias.
La mayoría de las personas reaccionan de otra manera a las dificultades. Primero, en un intento por sentirse mejor, tratan de culpar a otros por el problema. Luego, se quejan para inspirar compasión, y por último, buscan una salida a la situación, y eso, por lo general, agrava las cosas.
Pablo sabía que había una estrategia para vivir por encima de sus circunstancias, que consistía en un cambio de enfoque. En vez de examinar su problema y quejarse del mismo, buscó fortaleza en Dios. De sus labios brotó la alabanza: “Estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Fil 3.8).
Dios quiere escuchar nuestras aflicciones e incluso la ira o confusión que sentimos por nuestras pruebas, pero también quiere que confiemos en que Él nos sacará adelante. Enfocarse en el Señor y alabarlo no significa fingir que nos agrada pasar por tiempos difíciles —porque eso no sería sincero. Pero podemos reconocer honestamente que Él está en control de la situación, y que guiará cada uno de nuestros pasos, tal como lo prometió (Pr 3.5, 6).
Los creyentes tenemos dos opciones: Podemos regodearnos en la autocompasión, o podemos mirar a Jesucristo y aprender a vivir por encima de nuestras circunstancias. ¿Cuál de las dos elegirá usted?

domingo, 22 de mayo de 2016

La compañía de Dios en las pruebas

La compañía de Dios en las pruebas

Leer | GÉNESIS 39.1-23

La vida de José enseña principios importantes en cuanto a los tiempos difíciles. He aquí tres que podemos aprender:

1. Las dificultades continuarán hasta que el propósito de Dios se cumpla. En el caso de José, el plan de Dios era prepararlo para que salvara a su familia y también a Egipto de la hambruna. Con el fin de preparar a José para una posición de autoridad y responsabilidad, Dios lo puso en una casa importante de Egipto como esclavo. Allí, en circunstancias difíciles, José pudo aprender lecciones que necesitaría para el futuro. No solo adquirió capacidades valiosas, sino que también su fe y su relación con el Señor se fortalecieron. Dios sigue actuando de la misma manera, de modo que estemos preparados para realizar el trabajo que Él ha previsto para nosotros (Ef 2.10).

2. Aprendemos más en la oscuridad que en la luz. Además de descubrir la fidelidad del Señor, José aprendió a discernir la presencia de Dios, rechazar la tentación y aceptar cualquier posición, ya fuera distinguida o humilde. Las lecciones y los preceptos bíblicos se vuelven “nuestros” solo después de que se hacen reales en nuestras vidas.

3. Lo que aprendemos en la oscuridad debemos compartirlo en la luz. José compartió abiertamente su fe y su conocimiento de Dios cuando interpretó los sueños de Faraón (Gn 41.15, 16). No dejó que su encarcelamiento le impidiera ayudar a los demás (40.1-23). Lo que aprendemos en nuestras pruebas, debemos ofrecerlo a quienes estén sufriendo.

Nadie está buscando adversidades, pero los tiempos difíciles parecen encontrarnos con bastante frecuencia. En vez de temer a las circunstancias difíciles, podemos confiar en Dios y adoptar su plan, sabiendo que Él usa las pruebas para su gloria y nuestro beneficio.

La presencia de Dios en las pruebas

La presencia de Dios en las pruebas

Leer | GÉNESIS 37.12-36

Hay circunstancias en la vida que están claramente fuera de nuestro control y por tanto, no podemos detectar ni un destello de alivio para el futuro. En momentos así, ¿de qué podemos estar seguros?

• De que Dios está con nosotros en las tribulaciones. Nuestro Padre celestial nos consuela por medio del Espíritu Santo. El Señor quiere que estemos conscientes de su presencia constante para que la conciencia de su amor y su poder nos ayude a sentirnos seguros. Dios entiende lo que es sufrir, ser rechazado, o perder a un ser querido. Comprende las tentaciones y los obstáculos que enfrentamos. Él se ha asignado a sí mismo la tarea de llevar las cargas de sus hijos (Sal 68.1-9), y brindar paz a nuestros corazones afligidos. El Dios que camina con nosotros no puede ser obstaculizado o limitado por nada, y por eso no tenemos razones para temer (Mt 19.26).

• Dios tiene un propósito al permitir las pruebas. Esto se ve claramente en la historia de José, cuyos hermanos lo vendieron como esclavo. Dios había previsto que esos años prepararan al joven para que se convirtiera en primer ministro de Egipto. José no podía ver el propósito de Dios -al igual que nosotros la mayoría de las veces-, pero conocía el carácter del Señor y confiaba en Él. La fe de José fue recompensada cuando fue capaz de salvar a su familia (Gn 45.1-8).

Estamos llamados a vivir una vida de fe. Eso significa que debemos creer las promesas de Dios, aun cuando nuestras circunstancias nos desconcierten. Cuando los problemas le rodeen, recuerde esta verdad: Dios nunca le desamparará ni le dejará (He 13.5), y los buenos propósitos de Él siempre se cumplirán (Pr 19.21).

lunes, 16 de mayo de 2016

Lecciones que aprendemos en Getsemaní

Lecciones que aprendemos en Getsemaní

Leer | MATEO 26.36-46

Cuando usted está sufriendo, ¿acude a la Palabra de Dios? Ella es la única fuente con la que podemos contar para recibir vida, esperanza y promesa en situaciones que, de lo contrario, serían desesperantes. Los preceptos bíblicos ilustran cómo lidiar con las pruebas, y cómo no hacerlo. Cuando respondemos como el Señor quiere, la dificultad que amenazaba con causarnos daño, realmente enriquece nuestro carácter y nos permite hacer grandes cosas para Él.

Creo que el sufrimiento más intenso fue el de Jesús en el huerto de Getsemaní. Cristo sabía que, al cargar con nuestro pecado, iba a sufrir no sólo una crucifixión espantosa, sino también toda la ira de Dios. Pero más terrible aun, es que estaría separado de su Padre por primera y única vez. Eso es algo que ningún otro hijo de Dios tendrá jamás que soportar, porque la agonía de Jesús logró la redención de la humanidad. Por eso, sabemos que en cualquier prueba que enfrentemos, Dios estará a nuestro lado, apoyándonos en medio de ella.

Que la experiencia de Jesús en Getsemaní le sirva de ejemplo en tiempos de dificultad. Nuestro Salvador confió plenamente en su Padre, y aceptó su voluntad. Recuerde que Dios tiene el control, y Él le pone un límite a la duración y a la intensidad del dolor. Y, aunque al Señor le duele ver sufrir a sus hijos, nos ama lo suficiente como para permitir las dificultades.

¿Qué prueba está usted enfrentando? ¿Confía en que Dios tiene el control? Nuestro Padre celestial permite el dolor porque nos ama y sabe los cambios necesarios que el dolor producirá en nuestra vida. Y Él no escatimará ninguna experiencia, esfuerzo o dolor para conformarnos a la imagen de su Hijo.

domingo, 24 de enero de 2016

Con alas como las águilas



Leer | Isaías 40.28-31
La primera vez que vi a un águila volar entendí por qué Dios usó a esta ave para animarnos. El águila, que simplemente abre sus alas y se remonta, depende totalmente de las corrientes de aire para mantenerse arriba.
En cambio, nosotros batimos las alas tratando de ser mejores cristianos. Decidimos leer más la Biblia o mejorar en el control de nuestro carácter. Nos esforzamos por escapar de los viejos hábitos y tentaciones. Pero en vez de volar hacia las cumbres, nos mantenemos en el fondo del valle con las alas cansadas. Esto se debe a que a veces confundimos lo que hace que una persona sea madura espiritualmente. Un buen creyente no es aquel que trata y trata de hacerlo todo bien. He sido creyente el tiempo suficiente para saber que no soy mejor hoy de lo que fui el día en que me convertí.
Madurez espiritual significa reconocer que somos incapaces de cambiarnos a nosotros mismos. La carne es corrupta, y no puede ser extirpada por ningún medio humano. Pero nuestro Padre omnipotente vence nuestros impulsos imperfectos por medio de su Espíritu. Por ejemplo, el Espíritu del Señor que habita en nosotros tiene la capacidad de aplacar la ira y ejercer su poder para ayudarnos a no caer en tentaciones. Mientras que otros se fatigan tratando de ser buenos, el creyente maduro confía en el Señor y “levantar[á] alas como las águilas” (Is 40.31).
Isaías nos recuerda que hasta los jóvenes se debilitan y caen. Dios no hizo estos cuerpos, estas mentes y estos espíritus humanos para que volemos sin ayuda. Él nos creó para que nos remontemos con su poder.

martes, 15 de septiembre de 2015

El propósito de nuestras pruebas

Leer | 1 Pedro 4.12

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese,

1 Pedro 4:12 [RV60]

A algunos creyentes les gusta aparentar que tienen una vida perfecta y libre de preocupaciones, especialmente en las redes sociales. Pero, en realidad, ser cristiano no siempre es fácil. De hecho, a veces enfrentaremos circunstancias que pondrán a prueba nuestra fe y capacidad de confiar en Dios.

En el pasaje que leemos hoy, Pedro se refiere a los tiempos de prueba como “fuego de prueba”. Dice que no debemos sorprendernos cuando se nos presente la adversidad. Es importante recordar que Dios tiene un propósito para nuestras pruebas, y que Él nos ayudará en cada paso del camino. Pero la pregunta es: ¿Cuál es ese propósito?

Primero, en algunas ocasiones el Padre celestial utilizará las experiencias dolorosas para limpiar y purificar las vidas de sus hijos. Las pruebas nos llevan al Señor y nos hacen más capaces de ver las cosas desde su perspectiva y más conscientes de nuestro pecado.

Segundo, en otras ocasiones el Señor las permitirá como una forma de probar nuestra fe, paciencia o devoción a Él. Utilizará estas experiencias para revelar algo sobre nuestro desarrollo espiritual y para fortalecer nuestra fe.

Tercero, es posible que Dios use el sufrimiento para demostrar el poder que tiene para sostenernos. Esto anima a otros que han sido testigos del poder sustentador de Dios en nuestra vida.

Finalmente, las dificultades fortalecen nuestro testimonio. En medio de nuestras luchas, podemos sentirnos abrumados y desanimados. Pero una vez que la tormenta ha pasado, podemos mirar atrás y ver la providencial mano del Señor llevándonos a través del camino.

miércoles, 15 de julio de 2015

El origen de la adversidad

El origen de nuestra adversidad

Leer | Isaías 45.5-10
5  Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste,
6  para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo,
7  que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.    Jehová el Creador
8  Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado.
9  ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?;(A) o tu obra: ¿No tiene manos?
10  ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué diste a luz?

Cuando pasamos por tiempos de adversidades, algunas veces nos preguntamos por qué un Dios bueno y todopoderoso permite situaciones dolorosas. Y para encontrar la respuesta, necesitamos considerar las posibles fuentes de nuestra adversidad:

Un mundo caído. Cuando el pecado se introdujo en el mundo, el sufrimiento vino con él. Dios pudo habernos protegido de sus efectos dañinos convirtiéndonos en títeres incapaces de elegir el pecado, pero eso significaría también que seríamos incapaces de elegir amarlo. Porque el amor, por su misma naturaleza, es voluntario.

Nuestras decisiones. A veces, nos metemos en problemas al tomar decisiones insensatas o pecaminosas. Si el Señor interviniera y nos salvara de cada consecuencia negativa, nunca nos convertiríamos en creyentes maduros.

Los ataques de Satanás. El diablo es nuestro enemigo, y por tanto entorpece cualquier cosa que el Señor quiera hacer en los creyentes y por medio de ellos. Su propósito es destruir nuestra vida y nuestro testimonio, debilitándonos y haciéndonos inútiles para los propósitos de Dios.

La soberanía de Dios. Finalmente, el Señor tiene el control de todas las adversidades que se nos presenten. Negar su actividad contradice su poder y su soberanía sobre la creación.

Para poder aceptar que Dios permite —o incluso envía— las aflicciones, debemos ver la adversidad desde la perspectiva de Él. ¿Tiene usted puesta su mirada en el dolor o en el Señor y su fidelidad? Como creyentes, tenemos la seguridad de que Dios no permitirá que nos vengan adversidades, a menos que sean para nuestro beneficio y con el buen propósito que Él tiene.

domingo, 19 de mayo de 2013

Como un billete de cien


Un reconocido conferencista dio inicio a su seminario sosteniendo un billete de $100 dólares. Entonces preguntó a las 200 personas que lo escuchaban, "¿A quién le gustaría este billete de $100 dólares?" Las manos comenzaron a levantarse. 

El dijo: "Voy a dar este billete a uno de ustedes, pero primero, déjenme hacer esto..." y arrugó el billete. Entonces preguntó: "¿Quién aún lo quiere?" Todavía las manos estaban en el aire. "Bien, replicó, ¿qué tal si hago esto?" Y lo arrojó al suelo y comenzó a resfregarlo contra el piso con su zapato. Después lo levantó, ya arrugado y sucio. "Ahora, ¿Quién todavía lo quiere?" Las manos permanecían levantadas.

"Amigos míos, todos ustedes han aprendido una lección muy valiosa. No importa lo que hice con el dinero, ustedes todavía lo querían porque su valor no disminuyó. El billete todavía valía $100 dólares.

Cuántas veces a lo largo de la vida somos tirados por los problemas, arrugados por los insultos, pisoteados por otros; en esos momentos sentimos que hemos perdido el valor, sin embargo, valemos exactamente lo mismo pues Dios mira nuestro verdadero valor, no las cosas por las que hayamos pasado a lo largo de nuestas vidas.

Tú vales por lo que eres, no por las cosas que hayas pasado.

RECUERDALO!!!! SIEMPRE VALES LO MISMO PARA DIOS.

“…vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra”. Éxodo 19:5