viernes, 9 de enero de 2026

La oración efectiva

La oración efectiva
Juan 15.7-11

Nunca he conocido a un cristiano que no desee tener una vida de oración efectiva. Todos anhelamos ver al Señor responder nuestras oraciones e intervenir en las preocupaciones y necesidades que le presentemos, pero ¿estamos dispuestos a hacer lo que se requiera? 

La promesa de Cristo está ligada a dos prerrequisitos que encontramos en el versículo 7 del pasaje de hoy.

“Si permanecéis en mí”. Permanecer significa perseverar, morar o continuar, y de acuerdo con 1 Juan 3.24, permanecer en Cristo se caracteriza por guardar sus mandamientos. Por consiguiente, si queremos orar con efectividad, debemos comprometernos a obedecer a Dios. 

Cualquier rebelión nos roba la sabiduría que necesitamos para saber cómo orar y dificulta nuestra comunión con el Padre, impidiendo que Él nos escuche y responda a nuestras peticiones.

“Y [si] mis palabras permanecen en vosotros”. Debemos preguntarnos: ¿La Palabra de Dios permanece, habita y continúa en mí? ¿Me interesa más hablar con Dios en oración, que escuchar lo que Él ha dicho en su Palabra? La Biblia es la base para la oración efectiva. Cuando leemos y meditamos en la Palabra de Dios, ella nos convence de pecado para que nos arrepintamos y seamos limpiados. 
Las Sagradas Escrituras ajustan nuestro enfoque, de las prioridades terrenales a las celestiales. También da forma a nuestros pensamientos para alinearlos con los de Dios, para que sepamos cómo orar de acuerdo con su voluntad.

No hay atajos para una vida de oración fructífera. Debe ser cultivada por medio de un estilo de vida de obediencia y dedicación a la Palabra, las cuales se cultivan durante toda la vida, y glorifican a Dios al dar frutos duraderos.


jueves, 8 de enero de 2026

Andar en la luz

Andar en la luz
Efesios 5. 6-16

Cuando andamos en santidad, cambiamos la dirección de nuestra vida vieja y dejamos una huella dondequiera que vamos. Consideremos ahora un aspecto más de esta nueva vida: caminar en la luz. (1 Juan 1.5-7).

En 2 Corintios 6.14, el apóstol Pablo nos desafía a considerar esta pregunta: “¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. Nos dice que, así como Cristo y Satanás no pueden tener comunión el uno con el otro, tampoco pueden tener compañerismo el bien y el mal. En otras palabras, el pecado debe convertirse en algo extraño para todos los que conocen a Cristo como Salvador. Su Espíritu Santo nos ayuda a ser sensibles a la presencia del pecado.

La Biblia dice que antes de venir a Cristo, no solo estamos en tinieblas, sino que somos tinieblas. Los impíos tienen oscurecido su entendimiento, son ignorantes de la verdad, y están encallecidos en sus corazones y endurecidos en su espíritu; se han entregado al pecado. Todo esto cambia cuando una persona pone su fe en el Señor. El creyente experimenta el perdón y la redención, y sucede algo maravilloso: la oscuridad es reemplazada con la luz y la justicia de Dios.

A todos los que eligen seguir a Dios se les da una nueva naturaleza (Efesios 5.17), pero los patrones del viejo yo permanecen. Usted puede pensar que, debido a que a veces lucha con el pecado, la vida de santidad es un objetivo inalcanzable. Pero no son sus propias fuerzas las que le hacen santo, sino el Espíritu Santo que mora en su corazón. 

Cuando usted hace de Cristo el centro de su vida y decide andar en su luz, Él le da poder para vivir en santidad.


Un estilo de vida de obediencia

Un estilo de vida de obediencia
Génesis 6.9-22

Un estilo de vida de obediencia requiere compromiso y perseverancia. Noé necesitaba ambas cosas mientras obedecía las instrucciones del Señor de construir una gran barca con techo, puertas y tres cubiertas. Dios explicó las medidas exactas, el tipo de madera a usar, y la manera de hacer hermética la embarcación. Era esencial que Noé obedeciera todos los detalles si el arca albergaría a todos los animales y mantenerse a flote.

Las Sagradas Escrituras no describen cómo reaccionó ante el proyecto, pero podemos imaginar la incredulidad y el rechazo que experimentó Noé. Pero él trabajó fielmente hasta el final y “Noé hizo todo exactamente como Dios se lo había ordenado." (Gn 6.22 NTV).

El Señor quiere que sigamos sus instrucciones con precisión. Pero nos gusta agregar algunos de nuestros deseos y preferencias a su plan. 

Somos como un niño cuyo padre le asigna tres tareas. La primera la hace de manera satisfactoria, la segunda la posterga hasta otro día, y la tercera la omite porque la considera innecesaria. Esto no es obediencia. En nuestro caso, sabemos que estamos llamados a mostrar compasión y bondad, perdonando a otros como el Señor nos perdonó (Col 3.13). Pero nuestra naturaleza humana quiere escoger qué partes de la Biblia obedeceremos. Como creyentes, debemos tener presente que Dios honra a aquellos que le siguen de verdad (Jn 12.26).

Muchas personas de la Biblia vieron la obediencia como su objetivo. Abraham decidió ir adonde Dios lo guiara. Moisés se sentía inadecuado, pero aun así obedeció el plan de Dios. Pablo cambió para convertirse en discípulo de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que le dé poder para obedecer la senda de la rectitud.

La prioridad de la obediencia

La prioridad de la obediencia
Lucas 6.46-49

El Creador dio a Adán y Eva dos mandamientos: primero, llenar la tierra y gobernarla; y, segundo, no comer de cierto árbol del huerto (Gn 1.28; 2.17). 

Debido a que escogieron desobedecer, su relación con Dios se rompió, y tuvieron que dejar el Edén.

La rebelión de la primera pareja no solo afectó sus vidas, sino también tuvo implicaciones mucho más amplias: todas las generaciones futuras sufrirían. En Romanos 5.12-19, el apóstol Pablo explica por qué. Por la transgresión de un hombre, Adán, el pecado hizo su entrada al mundo, y resultó la muerte para toda la humanidad. Debido a que Adán era la cabeza de la humanidad, su desobediencia afectó a todos los que nacieron después de él. Cada persona comienza con un alejamiento del Señor y un deseo de rebeldía.

En contraste, Jesucristo hizo de la conformidad con la voluntad del Padre celestial la prioridad de su vida. Obedeció a Dios tanto en palabra como en obra. (Véase Juan 8.28-29). Habiendo tenido una vida perfecta, sin pecado, cumplió con todo lo necesario para ser nuestro Salvador (2 Co 5.21). Por la muerte de un hombre, Cristo Jesús, se pudo pagar por las transgresiones de toda la humanidad. La aceptación de Dios del sacrificio del Hijo nos trajo el perdón y la libertad del poder del pecado.

La desobediencia de Adán trajo juicio y muerte, mientras que la obediencia de Cristo resultó en nueva vida para todos los que creen en Él (Ro 6.4). Nuestro Salvador nos llama a renunciar a deseos egoístas, sacrificarnos y seguirle (Mt 16.24). La vida consagrada de un creyente honrará a Cristo y guiará otros hacia Él.


Cómo expresar gratitud a Dios


Cómo expresar gratitud a Dios
Salmo 100

Si usted es cristiano, uno de los métodos mencionados con más frecuencia para dar gracias es el canto. Las canciones a menudo pueden decir lo que siente nuestro corazón pero le resulta difícil expresar. A medida que las palabras de nuestros himnos o canciones de alabanza favoritos fluyen de nuestros labios, se nos recuerda quién es Dios y la magnitud de su salvación y su amor por nosotros. Pero cantar no está reservado solo para el templo. Cuando estamos llenos de gratitud, podemos encontrarnos tarareando canciones que magnifican al Señor dondequiera que estemos.

Otra manera de expresar gratitud es servir a Dios, ya sea por medio de actos de bondad, al enseñar en la escuela dominical o en el estudio bíblico, al servir en un ministerio, al cuidar de los desamparados, al compartir el evangelio con quienes no conocen a Cristo, al ayudar a alguien en necesidad, o al dar para los necesitados. 

Cada una de estas cosas puede ofrecerse a Dios con una actitud de acción de gracias por todo lo que Él ha hecho por nosotros.

En última instancia, mostramos al Señor nuestra gratitud mediante la obediencia. Una vida de santidad fluye de un corazón lleno de agradecimiento por la gracia, la misericordia, el amor y la salvación de Dios. En vez de vivir para nosotros y para nuestros placeres, desearemos exaltar a Cristo en todo lo que hagamos, digamos y pensemos. Y al permitir que el Espíritu de Dios nos controle, nos capacitará siempre para vivir de una manera agradable y que le honre.