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martes, 30 de enero de 2024

Manifestaciones del don de la enseñanza

 



Manifestaciones del don de la enseñanza

Tito 2.7-8

Hacemos buen uso de nuestro don espiritual cuando estamos llenos del Espíritu; confiar en nosotros mismos solo nos despistará. 
Veamos ambas manifestaciones —espiritual y carnal— en el don de la enseñanza.

Depender del razonamiento humano conduce a la autocomplacencia. En cambio, al asimilar fielmente la Palabra de Dios y aplicarla, el cristiano dotado del don de la enseñanza cosecha el fruto del dominio propio (Ga 5.23). Por medio de nuestro deseo de aprender, el Espíritu desarrolla la confianza y la diligencia del creyente, pero si no se mantiene en Cristo puede volverse irreflexivo e inconstante. El fruto de la paz y de la paciencia crece a medida que el estudio lleva a una fe más profunda.

Los creyentes que no tienen este don pueden interpretar de manera equivocada a quienes sí lo tienen; pueden pensar que son orgullosos debido a su conocimiento. Sin embargo, las características del don de la enseñanza muestran que es todo lo contrario. Estos cristianos desean tener una comprensión precisa y más completa, para poder compartirla con los demás creyentes, para beneficio de ellos. A veces, quienes no tienen el don, consideran como aburridas a las personas que sí lo tienen, por la cantidad de información que ofrecen. Hasta pueden pensar que confían más en sus conocimientos que en el Espíritu Santo. Pero es este quien les ayuda a aprender y a hablar. Es necesario comprender que esos maestros quieren que los creyentes tengan suficiente conocimiento para vivir conforme a la voluntad de Dios.

Al ejercer su don dado por Dios, ore por la dirección del Espíritu. Así es como se puede tener un mayor impacto para el reino de Dios.



jueves, 24 de diciembre de 2015

La Navidad : Un tiempo para dar

Leer | Lucas 2.1-20

La Navidad es una de las celebraciones más gozosas, ya que durante este tiempo la gente es más generosa que en cualquier otra época del año. La práctica de dar no es una tradición reciente pues comenzó en la primera Navidad, cuando nació el Señor Jesús, el regalo más maravilloso que ha existido. Todos los personajes de la historia tuvieron algo para dar.

Cuando María se sometió al plan de Dios, de ser la madre de Cristo, dio su cuerpo para ser la primera morada del Salvador encarnado (Lc 1.30-38).
También renunció a su buena reputación para cumplir con el llamado del Señor a su vida.
José dio su amor y su protección a María, y al niño que no era suyo (Mt 1.18-25).
Un ángel dio el anuncio del nacimiento del Mesías a unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños durante la noche.
Una hueste celestial de ángeles ofreció alabanza y gloria a Dios.
Los pastores dieron el primer testimonio personal acerca del Mesías.
Los reyes magos renunciaron a sus comodidades para buscar al recién nacido Rey y obsequiarle regalos dignos de un rey (Mt 2.1-11).
A primera vista, puede parecer que estos regalos pertenecen solo a la primera Navidad, pero cada uno tiene una aplicación para nosotros hoy.

Lea la lista otra vez. ¿Qué regalos podría darle usted a Cristo hoy? Tal vez necesite someterse a su voluntad, o soportar malentendidos para obedecerle. ¿Y qué de los demás? ¿Quién necesita su protección, amor, o quizás buenas nuevas de salvación en Cristo?