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jueves, 10 de octubre de 2024

Protección mediante el fortalecimiento

Protección mediante el fortalecimiento
2 Timoteo 4.16-18

Mientras escribía a Timoteo, Pablo estaba en prisión experimentando incomodidades físicas, ataques personales y deserciones. ¿Por qué permitía Dios que su fiel siervo soportara ese sufrimiento? ¿Por qué no intervenía el Señor para protegerlo?

A veces, Dios no nos evita el sufrimiento porque nos está dando algo mejor. Podemos sentir que nos ha abandonado, pero, en realidad, está protegiéndonos, no mediante la liberación, sino por medio del fortalecimiento.

Cuando las dificultades lleguen a su vida, véalas desde la perspectiva del Señor, y hágase estas preguntas:

• ¿Cuál es una mayor demostración del poder de Dios: cambiar algo que está a mi alrededor o cambiar algo dentro de mi corazón?

• ¿Cuál es el mayor creador de fe: ver la liberación del Señor en cada dificultad, o experimentar su presencia y su fortalecimiento en medio de las pruebas?

• ¿Cuál recompensa es mayor: el rápido alivio del dolor, o una fe probada y purificada que resultará en alabanza y gloria cuando Cristo regrese (
1 P 1.7)?

• ¿Cuál respuesta a la oración es más grande: que el Señor haya eliminado algo y me haya dado paz externa, o que me haya dejado en una prueba y me haya dado una paz interna, que no puede ser robada ni siquiera por las circunstancias dolorosas?

¿Tiene el Señor que arreglar algo para que usted sea feliz? Si elimina una situación difícil, usted nunca aprenderá que Él es lo único que necesita. En vez de eso, permítale que le cambie, y descubrirá un gozo genuino en cualquier circunstancia que pueda aparecer en su camino.


viernes, 6 de septiembre de 2024

Dios trabaja dentro de nosotros

Dios trabaja dentro de nosotros
Efesios 3.20-21

Que estas palabras se sumerjan lentamente en su entendimiento: “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (v. 20). ¡Qué maravillosa descripción de la capacidad de Dios para trabajar dentro de nosotros! Pero, muy a menudo, nuestra atención se centra principalmente en lo que queremos que Él haga a nuestro favor. Si Dios cambiara esta situación o arreglara ese problema, entonces mi vida sería mejor. Pero Él nos invita a pensar y a pedir algo más grande: ¡Quiere transformarnos!

El Espíritu Santo tiene poder para cambiarnos por dentro, pero hacer ese cambio interior es, por lo general, un proceso lento.

El fruto espiritual necesita tiempo para crecer y madurar. Es por eso que necesitamos paciencia y fe para creer que Él está trabajando, incluso cuando no veamos los resultados de inmediato.

Dios nunca tiene prisa, y jamás nos dejará.

El Señor tiene un propósito para nuestra vida, y Él trabaja constantemente para lograrlo. Aunque tiene un plan específico para cada uno de sus hijos, también tiene un objetivo superior: conformar a todos los creyentes a la imagen de su Hijo Jesucristo. Para lograr esto, nos hará experimentar luchas y angustias. Es posible que esto no tenga sentido para nosotros, pero Dios sabe perfectamente lo que está haciendo.

¿Qué le gustaría ver al Señor hacer dentro de usted? Al leer la Biblia, busque las cualidades que Dios considera preciosas, y pídale que las desarrolle en su vida. Confíe después en su promesa maravillosa de que Él hará más de lo que usted ha pedido o imaginado.

martes, 16 de enero de 2018

Los beneficios de la oración




Los beneficios de la oración

Al Señor Jesús le encantaba hablar con su Padre y buscar siempre la oportunidad de estar a solas con Él. A veces, hablaba con Dios delante de muchas personas, o pedía a algunos de sus discípulos que lo acompañaran a orar. Debido a que oraba con frecuencia, el Señor Jesús seguía la dirección del Padre, participaba de su trabajo, y comunicaba sus palabras.
Cuando tomamos en serio la oración, nuestra intimidad con el Señor crece. Cuanto más escuchamos y hablamos con Dios, más lo conocemos. Todo lo cual nos ayuda a ver al mundo desde una perspectiva divina. Las cosas que importan a Dios se convertirán también en nuestras preocupaciones, y nuestras oraciones reflejarán cada vez más sus intereses. Las oraciones respondidas nos animarán y aumentarán nuestra fe.
Con el tiempo, la disciplina de la oración debe comenzar a tener un efecto purificador en nosotros. El Espíritu Santo pone la verdad de Dios en nuestros corazones cuando permitimos que el estudio regular de la Biblia alimente nuestra comunión con Él. La relación consecuente con la Palabra de Dios nos revelará aspectos personales de carnalidad, y el Espíritu nos dará el poder para cambiar. Además de esto, aprenderemos a reconocer en qué quiere el Señor que nos involucremos, y cómo invertir nuestro tiempo, dinero y dones espirituales en su obra. Por medio de la oración, recibiremos también paz —incluso cuando las circunstancias empeoren o se mantengan iguales (Is 26.3).
Son muchos los beneficios de la oración, pero el más grande de todos es el gozo que proviene de pasar más tiempo con el Señor.

sábado, 6 de enero de 2018

El poder del Espíritu Santo




El poder del Espíritu Santo

Leer | Hechos 1.1-5
Días antes de morir crucificado, Jesús dijo a sus discípulos lo que vendría: Después de su resurrección, recibirían un Consejero —el Espíritu Santo— que estaría con ellos para siempre (Jn 14.16). Él moraría en cada creyente, dándole su poder para vivir en victoria. El Señor también nos investirá con su poder divino si cultivamos ciertas cualidades para que seamos más semejantes a Cristo:
• La pureza de corazón. Antes de ser salvos, el pecado nos separaba del Padre. Cuando recibimos al Señor Jesús como Salvador, Dios nos lavó y regeneró (Tit 3.5), nos vistió con la justicia de Cristo, y nos purificó para que pudiéramos convertirnos en su pueblo (2.14). Ahora, depende de nosotros buscar la santidad para que podamos ser más como el Señor. La confesión regular de nuestros pensamientos y acciones pecaminosas trae perdón y nos limpia de toda maldad (1 Jn 1.9).
• Un espíritu obediente. Antes de que fuéramos adoptados en la familia de Dios, nuestra naturaleza estaba en rebeldía contra su autoridad. Pero gracias a que hemos creído en Cristo, hemos sido liberados del poder del pecado sobre nosotros y hemos adquirido la capacidad de optar por la obediencia. Aunque nuestra vida no será perfecta, el Señor ve si nuestras mentes y nuestros corazones están dedicados a obedecerle.
Cuando hacemos de la santidad una prioridad, y demostramos obediencia al Señor, recibimos poder sobrenatural para escoger lo recto. Cada día, nos llenaremos de poder al confesar nuestros pecados (Sal 51.1, 2, 10), mantener nuestra dedicación a Dios, y obedecer la dirección del Espíritu Santo.