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martes, 8 de octubre de 2024

La lucha con la tentación

La lucha con la tentación
Santiago 1.12-15

Si hay algo que todo hombre, mujer y niño han experimentado, eso es la tentación. Todos hemos visto algo nuevo, atractivo o inusual, y pensamos: tiene que ser mío.

¿Qué es “eso” para usted? El objeto de la tentación puede ser casi cualquier cosa, tal vez algo material como una casa bonita, o un auto nuevo, o tal vez el placer de una comida, del alcohol o de las drogas.

Otra posibilidad es una tentación emocional que acompaña a una nueva relación, o al reconocimiento por un trabajo bien hecho.

Cualquiera que sea el objeto, la tentación exige que debemos tenerlo, ¡ahora mismo! No nos detenemos a considerar si es bueno para nosotros, beneficioso para nuestra familia, o perjudicial para alguien que amamos. La cautela y la fidelidad son echadas por la borda cuando la tentación nos domina, y puede traer destrucción absoluta a nuestra vida si se deja sin control.

En términos sencillos, la tentación es la incitación a seguir nuestros deseos más allá de los límites que Dios ha dispuesto. Por ejemplo, el Señor le ha dado a la humanidad un regalo precioso en la sexualidad, y este deseo dado por Dios a menudo se saca fuera del contexto para el cual el Creador lo concibió. El deseo sexual es bueno, pero cuando no es controlado, daña nuestro juicio y nos conduce a problemas y sufrimientos.

¿Está usted permitiendo que un deseo particular controle su vida? ¿Está yendo una y otra vez más allá de los límites de lo que sabe que Dios aprueba? Entonces, es hora de que rompa con la tentación volviéndose a Dios en arrepentimiento, sometiéndose a su autoridad sobre sus deseos, y confiando en su poder para obtener la victoria.

martes, 30 de enero de 2024

Una defensa contra la tentación

 


Una defensa contra la tentación

1 Corintios 10.1-13

Experimentar la tentación es universal e inevitable. Uno no puede esconderse, ya que no hay ningún ambiente libre de su atracción. Nunca se puede eliminar por completo la tentación, porque dondequiera que tratemos de escapar, la “carne” siempre nos acompaña.

Sin embargo, ceder a la tentación es opcional.

El Señor ha prometido dar una vía de escape o limitar la intensidad de la tentación para que uno pueda soportarla (1 Co 10.13). A veces, eso significa una eliminación literal del deseo al tomar la sabia decisión de huir de la situación. En otras ocasiones, la circunstancia se mantiene, pero Dios nos dará todo lo que sea necesario para que podamos soportarla sin ceder. Dios no es la fuente de la tentación, pero sí la permite para madurar y fortalecer a sus hijos.

Todo creyente debe aprender a resistir cuando es tentado y a desarrollar un sistema de defensa para tales situaciones. La manera de comenzar es preguntándose:

¿Cuáles son mis áreas de debilidad? El diablo no usa el mismo método con todo el mundo.
Ajusta su tentación al área de vulnerabilidad de cada persona.
¿Cuándo soy más débil? Satanás no juega limpio. Siempre ataca a la persona cuando está desanimada. Esté en guardia cuando sienta hambre, enojo, soledad o cansancio.

La mayor defensa contra la tentación es la Palabra de Dios. El Señor citó las Sagradas Escrituras para hacer callar las mentiras de Satanás (Mt 4.1-11).

Comience cada día de rodillas: pídale al Señor que haga crecer su verdad en su vida, y que le dé el conocimiento que le permita vivir en victoria.