jueves, 29 de enero de 2026

Límites a la tentación



Límites a la tentación
1 Corintios 10.1-13

A pesar de lo que podamos sentir, los cristianos no somos impotentes ante la tentación. Tampoco estamos solos en esta lucha. Incluso Cristo fue tentado, pero a diferencia de nosotros, nunca pecó (He 4.15). Puesto que el Señor entiende nuestra lucha, podemos acercarnos a Él en busca de ayuda en cada tentación.

La ayuda de Cristo viene en una variedad de formas. Primero, podemos aprender una lección de cómo usó las verdades bíblicas para refutar las mentiras de Satanás (Mt 4.1-11). Luego, podemos ser instruidos por el ejemplo negativo de los israelitas, que “codiciaron cosas malas” y sufrieron las consecuencias (1 Co 10.6). La Biblia nos advierte que no pensemos que no podríamos caer cuando seamos tentados (1 Co 10.12). Por último, es alentador saber que Dios ha puesto límites a las tentaciones que permite que experimentemos (1 Co 10.13). Considere lo que revela esta promesa en cuanto a Él:

Dios es fiel. Como nuestro Padre amoroso, Él vela por nosotros. Sabe justo a qué nos enfrentamos, y nos proporciona una manera de salir victoriosos.

Dios es poderoso. Satanás no tiene vía libre para atacarnos y tentarnos. Cada seducción que viene en nuestro camino es controlada por el Señor, quien no nos dejará ser tentados más allá de lo que seamos capaces de soportar.

Dios es todo lo que necesitamos. El Señor nos proporciona una vía de escape, por lo general a través de su Palabra, el Espíritu Santo y la oración, para que podamos soportar la tentación sin caer.

Cuando se sienta tentado y quiera darse por vencido, recuerde a quién pertenece, lo que Él ha prometido y lo que ha provisto para darle la victoria.

miércoles, 28 de enero de 2026

La lucha con la tentación


La lucha con la tentación
Santiago 1.13-15

De todas nuestras luchas,  quizás la más perturbadora y perjudicial sea la tentación. Esta puede variar, pero la presión nunca disminuye. Antes de que nos demos cuenta, una pequeña mentira sale de nuestra boca, una mirada casual se convierte con rapidez en una mirada lujuriosa, o un ansia abrumadora nos hace incapaces de resistir.

Las tentaciones pueden surgir de tres fuentes: de nuestra tendencia carnal y humana a envolvernos en el pecado incluso después de la salvación; de la mentalidad del mundo que nos rodea, con sus promesas de satisfacción y placer; y de las fuerzas demoníacas que buscan alejarnos de las decisiones correctas. 

Pero la lectura de hoy nos asegura que las tentaciones nunca provienen de Dios. 

Cuando somos tentados, y lo buscamos, Dios nos fortalecerá para que podamos resistir y seguir adelante en obediencia. 

Nuestro Padre no quiere que fracasemos. Por el contrario, desea que sus hijos salgamos aprobados después de la prueba.

Es conveniente entender cómo se origina la tentación. El primer paso en el proceso es un pensamiento. En esta etapa, el pecado aún no se ha producido, pero si comenzamos a regodearnos en el pensamiento, entonces el deseo echa raíces e imaginamos los placeres que podrían producirnos. 

Según Mateo 5.28, en este punto el pecado ya ha ocurrido. En el Sermón del monte, Jesucristo amplificó la interpretación de la ley de Dios para incluir no solo acciones sino también pensamientos, motivos y deseos pecaminosos (véase Mateo 5.17-48).

El momento para detener una tentación es el primer pensamiento. Dios quiere que lo dejemos pasar, que lo invoquemos en oración, y permanezcamos firmes en obediencia a Cristo.

martes, 27 de enero de 2026

Nuestro compañero incomparable


Nuestro compañero incomparable
Juan 14.15-17

Tener un amigo fiel es una de las mayores bendiciones de Dios. No importa lo que esté pasando en su vida, puede contar con que esa persona estará a su lado. Sin embargo, no hay garantía de que no perderá a ese amigo. 

Circunstancias inevitables como mudarse, la enfermedad o la muerte pueden llevarse a su compañero, pero si usted es cristiano, tiene un amigo que nunca le abandonará.

Ese amigo es el Espíritu Santo, a quien el Señor llamó Consolador o Ayudador. No es un amigo que entra y sale de nuestra vida cuando le conviene. Cuando Él viene a morar en nuestro ser se queda para siempre (Jn 14.16).

En la mayoría de las relaciones humanas, tratamos de evitar el uso de afirmaciones negativas como: “Siempre llegas tarde” o positivas como: “Siempre puedo contar contigo”. Sin embargo, en el caso de las positivas, son declaraciones apropiadas cuando se aplican al Espíritu Santo. 

Observe cómo lo describió el Señor Jesús:
• “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14.26).

• “Él dará testimonio acerca de mí” (Jn 15.26).

• “Él os guiará a toda la verdad” (Jn 16.13).

• “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Jn 16.15).

A lo largo de las epístolas del Nuevo Testamento, encontramos más descripciones de este maravilloso compañero. Su ministerio en nuestra vida es diverso, y sus logros en y a través de nosotros son muchos. ¡Cuán ricos somos al tener el Espíritu Santo! Él es un amigo más unido que un hermano.


Las prácticas de madurez


Las prácticas de madurez
Hebreos 5.12-14

Los creyentes estamos en un camino de crecimiento continuo.  Cada uno tiene la responsabilidad de seguir adelante hacia la madurez. 

Aunque mucha gente piensa que aquellos que saben mucho acerca de la Biblia son espiritualmente maduros, Hebreos 5.14 añade el elemento de la práctica a la ecuación del crecimiento. Esta palabra significa una costumbre o hábito. El crecer espiritualmente requiere hábitos piadosos que se llevan a cabo cada día.

La práctica más importante a cultivar es un tiempo devocional personal. Ya que Dios es la fuente de todo desarrollo espiritual, usted no puede desatender a Dios y esperar madurar. La transformación comienza con el tiempo en su Palabra y la oración.

La obediencia es otro elemento esencial para el progreso. Cuando nuestro deseo de obedecer al Señor es más fuerte que nuestra atracción por el pecado, sabremos que estamos progresando en nuestra vida espiritual.

En términos de desarrollo físico, el objetivo es ser más independientes a medida que envejecemos. 

Pero en el ámbito espiritual, debe ocurrir todo lo contrario. Quienes son maduros en Cristo reconocen su propia insuficiencia y dependen del Espíritu Santo, cuya tarea es transformar nuestro carácter y capacitarnos para realizar lo que el Señor nos llama a hacer.

A los ojos de Dios, la madurez no es lo mismo que envejecer. Al profundizar en las Sagradas Escrituras y desarrollar hábitos agradables a Dios, podemos usar nuestros años para crecer más fuertes en el Señor, en vez de perder el tiempo con pasividad. Nadie madura por accidente. El crecimiento espiritual requiere una búsqueda diligente de Dios.

viernes, 23 de enero de 2026

Un barómetro para el crecimiento espiritual


Un barómetro para el crecimiento espiritual
1 Corintios 13.11-13

Ya que nuestro Padre quiere que maduremos en la fe,  debemos examinar nuestra vida para ver si estamos progresando en este aspecto. El crecimiento físico es bastante fácil de evaluar; todo lo que se necesita es una cinta métrica. 

Pero, ¿cómo  podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? Comencemos por considerar cómo se desarrollan los niños.

Deseos. ¿Ha notado que los juguetes de su infancia ya no le interesan? El proceso de maduración también cambia nuestros deseos en el ámbito espiritual. Cuando estamos creciendo, los placeres del mundo pierden su atractivo, mientras que nuestra hambre por Dios y su Palabra aumentan. Estamos ansiosos de estar con Él y compartir con otros lo que está haciendo en nuestra vida.

Entendimiento. Cuando usted era un niño, su percepción del mundo era muy limitada. De la misma manera, nos falta entendimiento espiritual cuando somos creyentes nuevos. Pero, con el tiempo, comenzamos a ver la vida desde la perspectiva de Dios. Las pruebas y las tentaciones se convierten en oportunidades de crecimiento, y el servicio al Señor llega a ser un honor en vez de una carga.

Abnegación. La señal más evidente de la inmadurez de un niño es su egoísmo. ¡Quiere lo que quiere, y lo quiere ya! Espero que usted ya no actúe de esa manera. Un creyente maduro es sumiso al Señor y se interesa más por los demás que por sí mismo.

La mayor evidencia de madurez es el amor. Cuando el Señor y otras personas tienen el primer lugar en nuestro corazón, es entonces cuando más nos parecemos a Cristo.

miércoles, 21 de enero de 2026

La verdad le hará libre


La verdad le hará libre
Juan 8.31-36

La libertad es algo que nos encanta a todos, pero ¿de verdad sabemos lo qué es? Algunas personas piensan que significa no tener límites, restricciones o responsabilidades. Pero eso, en realidad, es a lo que Dios llama rebeldía, pues es rechazar la autoridad, ya que cada quien hace lo que bien le parece (1 S 12.14-15). 

La verdadera libertad es ser libre de la esclavitud del pecado, y eso solo es posible por medio de Jesucristo.

El primer paso hacia la libertad es reconocer donde estamos encarcelados. Las personas que no han recibido a Cristo como Salvador son esclavos del pecado y de la incredulidad. No pueden creer en Dios ni en las promesas de la Biblia, debido a que el pecado les impide ver que necesitan un Salvador.

Incluso los seguidores de Cristo pueden estar esclavizados por el pecado, a pesar de los constantes intentos por dejarlo. Pero, para algunos de nosotros, la lucha es con un tipo de esclavitud más sutil. Los sentimientos de inferioridad, inseguridad, rechazo o inutilidad pueden enturbiar nuestras respuestas ante los desafíos de la vida al alterar nuestra capacidad de pensar o actuar, mientras socavan nuestra fe y nuestra obediencia a Dios.

El Señor quiere que andemos en libertad, y por ello describe el camino. Él dice que si nos mantenemos en la Palabra de Dios, conoceremos la verdad, y ella nos hará libres (Jn 8.31-32). Antes que nada, somos liberados del pecado y de su condenación por medio de la fe en Cristo. Luego, a medida que leamos y meditemos en la Biblia, nuestra mente, voluntad y emociones cambiarán. Los pecados que una vez nos atrajeron se volverán repugnantes, y las cárceles emocionales se abrirán al descubrir nuestra identidad en Cristo.


martes, 20 de enero de 2026

El amor incondicional de nuestro Padre celestial


El amor incondicional de nuestro Padre celestial
Romanos 5.8

Muchos hemos escuchado desde la niñez que el Señor nos ama. 
Sin embargo, no es hasta que empezamos a entender la verdadera naturaleza de su amor interminable, que nuestras vidas comienzan a cambiar drásticamente; la ansiedad es sustituida por la paz, la depresión por el gozo, y el temor por la confianza.

El versículo bíblico de hoy nos dice que mientras vivíamos en rebelión contra Dios, por su amor envió a Cristo a la cruz para pagar el precio final por nuestra redención. En otras palabras, Dios no esperó nuestras disculpas, ni siquiera nuestro reconocimiento de Él. No. 

El Todopoderoso nos amó tanto que envió a su Hijo a morir en nuestro lugar mientras estábamos hundidos en el pecado.

Esto no encaja con nuestra comprensión humana del amor. Gran parte de nuestra preocupación por los demás es condicional, quizás con la excepción del cuidado de nuestros hijos y familia. A menudo proyectamos esta imagen imperfecta sobre el Señor. Es difícil imaginar que exista un amor más grande que el que podemos dar.

Por fortuna, Dios no está restringido por nuestra visión de Él. De hecho, su cuidado es tan grande que cuando confiamos en Él, ¡nos llama sus hijos y nos adopta! Y nuestro Padre promete que nada puede separarnos de Él (Ro 8.38-39).

Al leer la Biblia, enfóquese en versículos que hablan del amor del Padre celestial. Pídale que le ayude a comenzar a comprender cuán grande es su amor.

Ponga por escrito lo que aprenda, para que lo tenga a mano cuando la culpa o la duda se cuelen en su mente. ¡Qué paz tan grande hay para los cristianos en el amor infalible e incondicional del Todopoderoso!

lunes, 19 de enero de 2026

El punto de vista de Dios en cuanto a la humanidad


El punto de vista de Dios en cuanto a la humanidad
Hebreos 2.16-18

Para entender los caminos del Señor, debemos comprender su perspectiva en cuanto a la humanidad. A menudo, confiamos en nuestro punto de vista humano en vez de tratar de vernos a través de sus ojos. Consideremos tres elementos de la perspectiva de Dios acerca de la humanidad:

Creada a imagen de Dios. De toda la creación, solo el hombre y la mujer fueron hechos a imagen de Dios (Gn 1.26-27). Tenían mente, voluntad y emociones, así como un espíritu que les permitía adorar y relacionarse con Dios. Siendo sin pecado y perfectos, fueron diseñados para relacionarse de manera personal con el Creador.

Corrompida por el pecado. Pero un acto de desobediencia rompió la relación que tenían con el Señor (Is 59.2). La imagen divina fue desfigurada por el pecado, que se infiltró en la naturaleza humana y corrompió a cada persona nacida desde entonces. La humanidad estaba espiritualmente muerta, sin esperanza, y condenada ante un Dios santo.

Digna de redención. A pesar de todo, el Señor los consideró dignos de restauración. Por medio de la obra redentora de su Hijo, todos los que creen en Cristo son nacidos de nuevo espiritualmente, y la relación rota entre Dios y el hombre es reparada (Col 1.13-14).

Entre el ritmo y las pruebas de la vida, perder de vista la perspectiva divina es muy fácil. Cuando somos abrumados por la crítica, los problemas o el sufrimiento, es vital reconocer nuestro valor a los ojos del Señor. Esa conciencia puede vigorizar nuestro servicio y renovar nuestro amor por Aquel que se entregó para reconciliarnos con Dios.

viernes, 16 de enero de 2026

Lo que necesitan los discípulos


Lo que necesitan los discípulos
Colosenses 1.25-29

Todos estamos familiarizados con las últimas instrucciones del Señor a sus seguidores; Mateo 28.19 dice que hagamos discípulos y los bauticemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero el versículo que sigue contiene un segundo aspecto del mandato: 

“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Por lo general, asociamos la Gran Comisión con la evangelización, pero el bautismo y la obediencia a Cristo también son importantes porque son expresiones públicas de la fe de un discípulo.

En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo explica la razón para proclamar a Cristo y amonestar y enseñar a los creyentes: 

“A fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Colosenses 1.28). Guiar a alguien a la salvación sin enseñarle la Palabra de Dios es equivalente a dejar que un bebé recién nacido se las arregle solo. 

La salvación da inicio al proceso de aprendizaje de obediencia y crecimiento hacia la madurez espiritual, el cual dura toda la vida.

Además, no podemos limitar la tarea de enseñar a pastores y misioneros, como tampoco podemos decir que solo ellos están llamados a evangelizar. A toda la iglesia se le ha dado la tarea de hacer discípulos y enseñarles a obedecer al Señor. En vez de sentarse en los servicios de la iglesia, la escuela dominical y los estudios bíblicos para beneficiarnos del conocimiento obtenido, pasemos a los demás lo que hemos aprendido.

La enseñanza no es el rol exclusivo de aquellos que se paran en el púlpito. Es algo que puede hacerse de manera individual. Piense en todo lo que usted ha aprendido desde que fue salvo. ¿Qué puede compartir con alguien más, que ayudará a esa persona a crecer en Cristo?


jueves, 15 de enero de 2026

Esperanza en medio del sufrimiento


Esperanza en medio del sufrimiento
2 Corintios 12.7-10

Todos pasamos por momentos angustiosos en la vida. Pero, como hijos de Dios, podemos animarnos con la seguridad de que nuestro dolor no es en vano.

Algunas veces, nuestro dolor es para el beneficio eterno de otros; Dios lo usa para revelar la autenticidad de nuestra fe, para que otros puedan verla y ser atraídos a su Hijo (1 P 1.7). Según la manera en que respondemos ante la adversidad, nuestra fe en Cristo se vuelve visible para quienes nos rodean. 

Los creyentes cobrarán ánimo, y los interesados en los asuntos espirituales nos harán preguntas sobre nuestra fe.

Otras veces, Dios usa las pruebas para enseñarnos a obedecer; Hebreos 5.8 nos dice que aun nuestro Salvador aprendió la obediencia por lo que sufrió. Otro propósito de las dificultades es ampliar nuestro ministerio. El encarcelamiento del apóstol Pablo le permitió ministrar entre los guardias, lo que resultó en la salvación de muchos.

Las dificultades pueden ser la herramienta del Señor para evitar que suceda un problema, como la dolencia de Pablo no identificada que impedía que se volviera orgulloso. 

Cuando la desobediencia amenaza nuestro andar con Dios, Él tomará las medidas necesarias para que volvamos a Él. El Señor puede permitir que una necesidad permanezca insatisfecha o que perdamos algo que apreciamos. Su plan es que confesemos nuestro pecado y volvamos a Él.

Puede que no sepamos las razones para nuestros sufrimientos, pero la elección más sabia que podemos tomar es confiar en el Padre celestial. Después de todo, Aquel que nos salvó mediante el sacrificio de su Hijo, ha prometido usar nuestro sufrimiento para producir bien (Ro 8.28).

miércoles, 14 de enero de 2026

Dios usa nuestro sufrimiento


Dios usa nuestro sufrimiento
Hebreos 12.10-11

La vida de José implicó mucho sufrimiento. El joven fue traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo, encarcelado injustamente y olvidado. 
Pero cuando se reveló el plan de Dios, José declaró que era bueno (Gn 45.7-8).

La Biblia nos dice que el Señor tiene diversos propósitos para el dolor que experimentamos. Uno de ellos es desarrollar rectitud en nosotros. Por desear que caminemos en santidad delante de Él, Dios utiliza la disciplina para alejarnos del pecado y hacernos más fructíferos. Utilizará personas y circunstancias difíciles para eliminar cualquier “madera muerta” —actitudes, comportamientos y relaciones que no corresponden con un hijo de Dios (Ef 4.25, 29, 31). 

A pesar de que el sufrimiento no sea agradable, puede entrenarnos de manera efectiva para producir una vida de santidad.

Dios también usa el sufrimiento para que se manifieste la vida de Cristo en nosotros. Para que eso suceda, debemos aprender a depender de Él, tanto en palabras como en hechos. Si las circunstancias no nos presionaran, es probable que seguiríamos nuestro propio camino. Pero debemos ser como el Señor Jesús, que confió en su Padre, sin importar qué tan fácil o difícil se volviera la situación. Como embajadores de Cristo, debemos ser ejemplos vivientes de su carácter. 

Esto puede significar perdonar a nuestros enemigos, soportar nuestras cargas con paciencia o encontrar gozo en medio de la tristeza como lo hacia Él. Nuestro testimonio no será perfecto, pero debemos demostrar un creciente “parecido” con el Señor.

La vida está llena de problemas. Pero en las manos del Dios amoroso, nuestro sufrimiento es utilizado para propósitos eternos.

martes, 13 de enero de 2026

Poner la otra mejilla


Poner la otra mejilla
Mateo 5.38-42

El pasaje bíblico que habla de poner la otra mejilla puede desconcertarnos. ¿Debemos ser indiferentes mientras alguien nos golpea física o emocionalmente? Ese no es el mensaje que Cristo estaba dando. Cuando dio el Sermón del monte, expandió la obediencia externa a la Ley para incluir actitudes y motivos.

El refrán “ojo por ojo y diente por diente” viene de Éxodo 21.23-25, una ley del Antiguo Testamento que describe las penas apropiadas por lesiones. Algunos interpretaron que esto permitía tomar represalias por parte del gobierno civil. Pero Cristo estaba presentando una mejor opción: el camino del amor.

El orgullo, sin duda, provocará un deseo de venganza si un compañero de trabajo se atribuye el mérito de nuestro esfuerzo, o si un miembro de la familia nos humilla una y otra vez. Sin embargo, “ No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto. Al contrario, devuelvan bendición, (1 P 3.9 DHH).

En la práctica diaria, la reacción correcta depende de la situación. Es posible que tengamos que ignorar las acciones de la otra persona, alejarnos del abuso o enfrentarnos a nuestro enemigo. En vez de tratar de vengarnos, debemos tratar de entender a la persona y la razón de cualquier animosidad.

Dios tiene lecciones que debemos aprender en situaciones difíciles como estas. Cuando sufrimos un trato injusto, seguimos los pasos de Cristo. 
Nadie fue tratado más injustamente que el impecable Hijo de Dios. 

Sin embargo, Él “no replicaba con insultos” y “no amenazaba”, sino que seguía confiando en su Padre, sabiendo que juzga con justicia (1 P 2.20-23). Sin duda, Dios puede también manejar nuestros agravios si reaccionamos a la manera de  Cristo.


lunes, 12 de enero de 2026

Bendecir a nuestros enemigos

Bendecir a nuestros enemigos
Lucas 6.27-28

A medida que nos llegan las historias de la iglesia perseguida, sabemos de cristianos que responden con gracia y dignidad inimaginables a encarcelamientos, golpizas y acoso. Estos santos han aprendido a obedecer el mandato de Cristo de “amad a vuestros enemigos” (Lc 6.27), aun en las circunstancias más duras.

Puede que nunca enfrentemos persecución física por nuestra fe, pero nos encontraremos con personas que nos odian y nos maltratan. La reacción más natural es tenerle aversión a cambio, pero albergar mala voluntad y amargura ahoga nuestro testimonio y envenena nuestras almas. 

Por el contrario, el Señor nos dice que amemos a nuestros adversarios y los tratemos bien.

La palabra en griego para este tipo de amor es agape; no se trata de un sentimiento basado en la simpatía o el favor de la otra persona hacia nosotros, sino es un acto voluntario en el que decidimos hacer lo que es mejor para la otra persona. Es el tipo de amor que Dios tiene y, por tanto, no es algo que podamos generar. Pero mientras el Espíritu Santo produce su fruto, el amor ágape fluirá a través de nosotros, aun a nuestros enemigos.

Cuando alguien nos hace mal o nos lastima, es una oportunidad de ser testigos de Cristo. En vez de albergar animosidad o buscar venganza, se nos dice que oremos por nuestro adversario. En vez de rogarle al Padre que derrote a nuestro enemigo, podemos pedirle la fortaleza para expresar amor cristiano. Esa es la clase de oración que Dios se complace en responder. Y cuando tenemos el privilegio de satisfacer la necesidad de alguien que nos desprecia, podemos ver un cambio asombroso en la vida de esa persona.

viernes, 9 de enero de 2026

La oración efectiva

La oración efectiva
Juan 15.7-11

Nunca he conocido a un cristiano que no desee tener una vida de oración efectiva. Todos anhelamos ver al Señor responder nuestras oraciones e intervenir en las preocupaciones y necesidades que le presentemos, pero ¿estamos dispuestos a hacer lo que se requiera? 

La promesa de Cristo está ligada a dos prerrequisitos que encontramos en el versículo 7 del pasaje de hoy.

“Si permanecéis en mí”. Permanecer significa perseverar, morar o continuar, y de acuerdo con 1 Juan 3.24, permanecer en Cristo se caracteriza por guardar sus mandamientos. Por consiguiente, si queremos orar con efectividad, debemos comprometernos a obedecer a Dios. 

Cualquier rebelión nos roba la sabiduría que necesitamos para saber cómo orar y dificulta nuestra comunión con el Padre, impidiendo que Él nos escuche y responda a nuestras peticiones.

“Y [si] mis palabras permanecen en vosotros”. Debemos preguntarnos: ¿La Palabra de Dios permanece, habita y continúa en mí? ¿Me interesa más hablar con Dios en oración, que escuchar lo que Él ha dicho en su Palabra? La Biblia es la base para la oración efectiva. Cuando leemos y meditamos en la Palabra de Dios, ella nos convence de pecado para que nos arrepintamos y seamos limpiados. 
Las Sagradas Escrituras ajustan nuestro enfoque, de las prioridades terrenales a las celestiales. También da forma a nuestros pensamientos para alinearlos con los de Dios, para que sepamos cómo orar de acuerdo con su voluntad.

No hay atajos para una vida de oración fructífera. Debe ser cultivada por medio de un estilo de vida de obediencia y dedicación a la Palabra, las cuales se cultivan durante toda la vida, y glorifican a Dios al dar frutos duraderos.


jueves, 8 de enero de 2026

Andar en la luz

Andar en la luz
Efesios 5. 6-16

Cuando andamos en santidad, cambiamos la dirección de nuestra vida vieja y dejamos una huella dondequiera que vamos. Consideremos ahora un aspecto más de esta nueva vida: caminar en la luz. (1 Juan 1.5-7).

En 2 Corintios 6.14, el apóstol Pablo nos desafía a considerar esta pregunta: “¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”. Nos dice que, así como Cristo y Satanás no pueden tener comunión el uno con el otro, tampoco pueden tener compañerismo el bien y el mal. En otras palabras, el pecado debe convertirse en algo extraño para todos los que conocen a Cristo como Salvador. Su Espíritu Santo nos ayuda a ser sensibles a la presencia del pecado.

La Biblia dice que antes de venir a Cristo, no solo estamos en tinieblas, sino que somos tinieblas. Los impíos tienen oscurecido su entendimiento, son ignorantes de la verdad, y están encallecidos en sus corazones y endurecidos en su espíritu; se han entregado al pecado. Todo esto cambia cuando una persona pone su fe en el Señor. El creyente experimenta el perdón y la redención, y sucede algo maravilloso: la oscuridad es reemplazada con la luz y la justicia de Dios.

A todos los que eligen seguir a Dios se les da una nueva naturaleza (Efesios 5.17), pero los patrones del viejo yo permanecen. Usted puede pensar que, debido a que a veces lucha con el pecado, la vida de santidad es un objetivo inalcanzable. Pero no son sus propias fuerzas las que le hacen santo, sino el Espíritu Santo que mora en su corazón. 

Cuando usted hace de Cristo el centro de su vida y decide andar en su luz, Él le da poder para vivir en santidad.


Un estilo de vida de obediencia

Un estilo de vida de obediencia
Génesis 6.9-22

Un estilo de vida de obediencia requiere compromiso y perseverancia. Noé necesitaba ambas cosas mientras obedecía las instrucciones del Señor de construir una gran barca con techo, puertas y tres cubiertas. Dios explicó las medidas exactas, el tipo de madera a usar, y la manera de hacer hermética la embarcación. Era esencial que Noé obedeciera todos los detalles si el arca albergaría a todos los animales y mantenerse a flote.

Las Sagradas Escrituras no describen cómo reaccionó ante el proyecto, pero podemos imaginar la incredulidad y el rechazo que experimentó Noé. Pero él trabajó fielmente hasta el final y “Noé hizo todo exactamente como Dios se lo había ordenado." (Gn 6.22 NTV).

El Señor quiere que sigamos sus instrucciones con precisión. Pero nos gusta agregar algunos de nuestros deseos y preferencias a su plan. 

Somos como un niño cuyo padre le asigna tres tareas. La primera la hace de manera satisfactoria, la segunda la posterga hasta otro día, y la tercera la omite porque la considera innecesaria. Esto no es obediencia. En nuestro caso, sabemos que estamos llamados a mostrar compasión y bondad, perdonando a otros como el Señor nos perdonó (Col 3.13). Pero nuestra naturaleza humana quiere escoger qué partes de la Biblia obedeceremos. Como creyentes, debemos tener presente que Dios honra a aquellos que le siguen de verdad (Jn 12.26).

Muchas personas de la Biblia vieron la obediencia como su objetivo. Abraham decidió ir adonde Dios lo guiara. Moisés se sentía inadecuado, pero aun así obedeció el plan de Dios. Pablo cambió para convertirse en discípulo de Cristo. Pídale al Espíritu Santo que le dé poder para obedecer la senda de la rectitud.

La prioridad de la obediencia

La prioridad de la obediencia
Lucas 6.46-49

El Creador dio a Adán y Eva dos mandamientos: primero, llenar la tierra y gobernarla; y, segundo, no comer de cierto árbol del huerto (Gn 1.28; 2.17). 

Debido a que escogieron desobedecer, su relación con Dios se rompió, y tuvieron que dejar el Edén.

La rebelión de la primera pareja no solo afectó sus vidas, sino también tuvo implicaciones mucho más amplias: todas las generaciones futuras sufrirían. En Romanos 5.12-19, el apóstol Pablo explica por qué. Por la transgresión de un hombre, Adán, el pecado hizo su entrada al mundo, y resultó la muerte para toda la humanidad. Debido a que Adán era la cabeza de la humanidad, su desobediencia afectó a todos los que nacieron después de él. Cada persona comienza con un alejamiento del Señor y un deseo de rebeldía.

En contraste, Jesucristo hizo de la conformidad con la voluntad del Padre celestial la prioridad de su vida. Obedeció a Dios tanto en palabra como en obra. (Véase Juan 8.28-29). Habiendo tenido una vida perfecta, sin pecado, cumplió con todo lo necesario para ser nuestro Salvador (2 Co 5.21). Por la muerte de un hombre, Cristo Jesús, se pudo pagar por las transgresiones de toda la humanidad. La aceptación de Dios del sacrificio del Hijo nos trajo el perdón y la libertad del poder del pecado.

La desobediencia de Adán trajo juicio y muerte, mientras que la obediencia de Cristo resultó en nueva vida para todos los que creen en Él (Ro 6.4). Nuestro Salvador nos llama a renunciar a deseos egoístas, sacrificarnos y seguirle (Mt 16.24). La vida consagrada de un creyente honrará a Cristo y guiará otros hacia Él.


Cómo expresar gratitud a Dios


Cómo expresar gratitud a Dios
Salmo 100

Si usted es cristiano, uno de los métodos mencionados con más frecuencia para dar gracias es el canto. Las canciones a menudo pueden decir lo que siente nuestro corazón pero le resulta difícil expresar. A medida que las palabras de nuestros himnos o canciones de alabanza favoritos fluyen de nuestros labios, se nos recuerda quién es Dios y la magnitud de su salvación y su amor por nosotros. Pero cantar no está reservado solo para el templo. Cuando estamos llenos de gratitud, podemos encontrarnos tarareando canciones que magnifican al Señor dondequiera que estemos.

Otra manera de expresar gratitud es servir a Dios, ya sea por medio de actos de bondad, al enseñar en la escuela dominical o en el estudio bíblico, al servir en un ministerio, al cuidar de los desamparados, al compartir el evangelio con quienes no conocen a Cristo, al ayudar a alguien en necesidad, o al dar para los necesitados. 

Cada una de estas cosas puede ofrecerse a Dios con una actitud de acción de gracias por todo lo que Él ha hecho por nosotros.

En última instancia, mostramos al Señor nuestra gratitud mediante la obediencia. Una vida de santidad fluye de un corazón lleno de agradecimiento por la gracia, la misericordia, el amor y la salvación de Dios. En vez de vivir para nosotros y para nuestros placeres, desearemos exaltar a Cristo en todo lo que hagamos, digamos y pensemos. Y al permitir que el Espíritu de Dios nos controle, nos capacitará siempre para vivir de una manera agradable y que le honre.